Cristina Sol, estudiante de Derecho Internacional por la Universidad Autónoma del Estado de México.
"Me uní al contingente de Pan y Rosas desde primeras horas de la tarde, conforme a la cita acordada. Descendí desde la periferia hasta la Ciudad de México llegando por la secretaría de gobernación y avancé sobre Reforma, hasta incorporarme a la avenida Juárez. En este breve trayecto me percaté que las calles estaban llenas de policías. Logré avanzar sobre Av. Juárez, casi hasta llegar a metro Hidalgo, y no pude avanzar más porque una gruesa muralla de policías lo impedía. Tuve que llegar por las calles aledañas, y como lo fue desde calles atrás, todo alrededor estaba lleno de policías a pie y conforme avancé camiones con más elementos represivos llegaban a las inmediaciones.
Cuando logré incorporarme al contingente de Pan y Rosas estábamos en el Hemiciclo a Juárez y apenas logramos avanzar en marcha unos cuantos metros hasta el templete, ubicado en la esquina con el eje central.
La convocatoria contemplaba el mitin y final de la marcha en el zócalo capitalino, sin embargo no pudimos avanzar mucho antes de que nos encapsularan. El mitin se movió porque el FRENAA aguardaba en la plancha del zócalo y no querían enfrentamientos entre los manifestantes.
A partir de entonces, estuvimos horas atrapadas y rodeadas por completo. Nos encapsularon en una ratonera de la que nadie podía salir o entrar. Miles de policías y elementos del cuerpo de granaderos (supuestamente extinto) abordaron y fueron engrosando la muralla represiva.
Desde el templete compañeras de la Coordinación 8M les pedían a las autoridades que rompieran todos los encapsulamientos, pues no éramos sólo nosotrxs: a la altura de Reforma y en Revolución también estaban reprimiendo a otras feministas, al tiempo en que pretendían amedrentarnos en Av. Juárez.
Después, una delegación de compañeras intentó cruzar el cerco policiaco, sin embargo, no las dejaron salir. Minutos después comenzaron a lanzar contra nosotrxs gases lacrimógenos (en color verde y morado) que disparaban con furia mediante extintores contra las compañeras, principalmente.
Luego del enfrentamiento y de la resistencia, rompieron uno de los acordonamientos policiales y pudimos avanzar sobre el eje central con dirección hacia Garibaldi. En realidad jamás estuvimos tranquilas. Durante toda la jornada nos acosaron y marchamos hasta metro Hidalgo con policías a los lados.
Considero que fue la del 28 de septiembre fue una jornada muy importante en ambos sentidos: tanto para las autoridades, como para el movimiento feminista. Previo a que se declara pandemia y contingencia sanitaria producto del covid-19, vimos a millones de mujeres en las calles el 8 y 9 de marzo y eso, no quieren que se replique nuevamente.
Las autoridades quieren impedir a toda costa que las mujeres nos organicemos. No quieren que rompamos la cuarentena, no quieren que nos manifestemos y les provoca un miedo atroz que en pleno semáforo naranja, nos decidamos a luchar por lo que nos corresponde.
Los agentes del capital y el patriarcado hacen lectura de nuestros avances organizativos y el salto en nuestra consciencia. Ellos saben que somos fuertes, saben que cuando las mujeres se sienten asqueadas del mundo que las rodea y toman en sus manos el rumbo de sus vidas, todo puede cambiar.
Por eso nos reprimen, por eso nos gasean: porque no quieren que avancemos, no quieren que nos organicemos y porque nos tienen miedo.
Sin embargo, ante todo obstáculo, salimos victoriosas de la batalla del 28 de septiembre. Salimos más fortalecidas, más convencidas y más unidas que nunca. Jamás lograron doblegaros, no pudieron hacernos retroceder y no pudieron sembrar el miedo en nosotras. Por el contrario, peleamos hasta el último minuto con toda la rabia y toda la fuerza de nuestras ideas, con la convicción de que del otro lado nos espera una vida que merezca ser vivida para nosotras, nuestras hijas y las futuras generaciones. "
Eric López, fotógrafo independiente,
@colorful_erc
"Marché con Pan y Rosas el 28 de septiembre. Estuve y participé de la batalla que enfrentamos contra los casi 2 mil policías y granaderos que el gobierno de Claudia Sheinbaum desplegó contra una manifestación de mujeres.
En el momento más álgido de la resistencia de manifestantes contra la policía, junto a otras compañeras y compañeros traté de evitar que los uniformados avanzaran. Puse el cuerpo contra sus escudos, cuando a toda luz tenían intenciones de acorralarnos aún más.
Entendí que el gobierno de la 4T replica el protocolo de represión que ya vimos en administraciones anteriores. Específicamente con el uso de extintores de camuflaje para el gas pimienta/lacrimógeno que lanzaron contra nosotrxs. Pero no podemos decir que el operativo que orquestaron para disuadir la protesta es igual que con el PRI-PAN-PRD; esta vez el protocolo represivo fue más cuidadoso: en el sentido de que la policía no ejerció violencia de manera directa y explícita (como lo vimos con Mancera o EPN), ya que hay pocas fotos que evidencien a la policía golpeando manifestantes. Quisiera señalar que la táctica de encapsulamiento la utilizaron para evitar que los contingentes se unan y se formen masas importantes.
Mi reflexión descansa en pensar que tendremos que replantearnos las formas, métodos y estrategias de lucha. Me pregunto ¿Cómo vamos a llegar y de qué manera vamos a impactar por izquierda a la banda que sólo sigue las
manifestaciones a través de una pantalla? ¿De qué manera les vamos a decir que los extintores en realidad tenían gases que lanzaron contra nosotros? ¿Cómo les decimos que usaron en los gases los colores del movimiento feminista, para que los televidentes creyeran que fueron lxs manifestantes quienes iniciamos la violencia? ¿Cómo pelear contra la etiqueta de “provocadorxs” y cómo vamos a evadir sus estrategias de encapsulamiento?
La realidad es que nos están reprimiendo como antes, la 4T es represiva, pero busca tener más pudor para que no haya videos de policías golpeando manifestantes. No quieren que se viralice que el gobierno de AMLO es más de lo mismo, con un discurso progresivo.
|