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11 de octubre de 2020 Twitter Faceboock

Actualidad
De Costa Salguero a Guernica: donde hay una necesidad nace un negocio
Fernando Rosso | @RossoFer

Los lujosos emprendimientos inmobiliarios en Costa Salguero en la ciudad de Buenos Aires y el (mal) trato a quienes buscan un lugar para vivir en Guernica: dos polos de la misma realidad. Editorial de “El Círculo Rojo”, programa de La Izquierda Diario que se emite los domingos de 21 a 23 h por Radio Con Vos, 89.9.

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  •  En estos días coincidieron dos polos de una misma realidad que mostraron el carácter clasista de todo un régimen social en torno a un derecho elemental: el acceso a la vivienda o a la tierra.
  •  Costa Salguero y Guernica. Tuvieron dos tratamientos políticos absolutamente diferentes, dos abordajes judiciales opuestos, dos procedimientos policiales distintos y dos enfoques mediáticos totalmente contrapuestos.
  •  Recordemos: en Costa Salguero (y Punta Carrasco) se aprobó un proyecto del Gobierno de la Ciudad que contempla la privatización definitiva de un sector del predio para construir torres lujosas, actividades comerciales en la costa del río, un helipuerto y hasta un espacio para amarrar barcos. Mientras que en Guernica, unas 2500 familias, en general pertenecientes a los sectores más bajos e informalizados de las clases trabajadoras, ocuparon unos terrenos para tener un lugar donde vivir.
  •  A unos (a quienes ocupan tierras en Guernica) se los inculpó y se coaccionó políticamente contra ellos, se los acusó judicialmente, se los amedrentó policialmente y se los estigmatizó mediáticamente. A otros (quienes lucran con los terrenos públicos de Costa Salguero) se los ayudó políticamente, ni se los cuestionó judicialmente, se los blindó policialmente y -de máxima- se los respaldó mediáticamente o -de mínima- se los encubrió con una de las mejores mercancías que sabe comprar Horacio Rodríguez Larreta: el silencio.
  •  La venta o el remate de estos terrenos por parte de Larreta profundiza el déficit habitacional, la política expulsiva hacia los sectores populares, agranda el déficit de espacios verdes y privatiza del acceso al río. Literariamente, es cautivante esa idea de que Buenos Aires es una ciudad creció dándole la espalda al río, pero social y económicamente tiene que ver con una forma de desarrollo urbano que, con este tipo de cosas, impide el acceso a la ribera o lo convierte en un negocio. Con esa medida se violentó hasta la misma Constitución de la Ciudad, que en su artículo 8 establece que “los espacios que forman parte del contorno ribereño son públicos y de libre acceso y circulación”. Dicen los especialistas que este tipo de construcciones suntuosas explican más de la mitad de lo que se construyó en la ciudad en los últimos años y no están en línea con la demanda de vivienda de las familias porteñas.
  •  Pero acá no hubo patotas que vayan a amedrentar a las “minorías violentas” de desarrolladores inmobiliarios y sus representantes políticos para que dejen de cometer esta ilegalidad. Es más, hubo escasas voces que dijeran que es una ilegalidad. No hubo funcionarios como Sergio Berni o Andrés Larroque que agitaran contra estos sectores politizados que ocupan terrenos que son de todos, que violan hasta la misma Constitución porteña. No hubo fiscales como Juan Cruz Condomí Alcorta (el que actúa en la toma de Guernica) que largasen espuma por la boca como hace cada vez que habla o escribe sus sentencias sobre las personas que toman tierras. No hubo (o hubo pocos) periodistas indignados (como los que se ven en Crónica TV por Guernica) contra los okupas de Costa Salguero.
  •  Nadie o muy pocos condenaron e hicieron visible esa violencia que implica que en un país con un déficit habitacional evidente, en plena pandemia y con una crisis económica histórica, mientras unos reclaman por una necesidad (un hogar), otros imponen un negocio. Pero incluso, no es un negocio, pongamos “normal”, sino un negocio suntuoso y de un lujo soberbio. Dos polos de una misma realidad.

    ***

  •  En estos días me pasaron un video en la que se observa debatir a la socióloga francesa Monique Pinçon-Charlot, experta en las élites económicas y políticas cuando participaba de un programa televisivo en los tiempos de la irrupción de los “chalecos amarillos”. Decía algo interesante sobre la “violencia de los ricos” a partir de un estudio académico que estaba realizando. Habla de los trabajadores franceses, pero cambien por “ocupantes de tierras” (que además, también son trabajadores y trabajadoras) y van a ver cómo funciona perfectamente para la realidad Argentina: “Lo que intentaré evidenciar –decía esta académica francesa– es que los trabajadores hoy son tratados como costes, gastos, recursos, materias primas, recursos productivos, pero a partir de un momento esa violencia de los ricos deja de ser visible. Eso es interesante: esa violencia de aquellos que quieren suprimir el salario mínimo, que piensan que los trabajadores cuestan demasiado caros, es una violencia generada a puerta cerrada, en los salones de los barrios ricos, una violencia que no es visible. Veo una relación de fuerzas efectivamente violenta, pero al mismo tiempo, como especialista en la violencia de los ricos, digo … que el que siembra la miseria, muy probablemente cosechará la ira.
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