Foto de Télam: José Alfredo Martínez de Hoz y Jorge Rafael Videla.
En 1993, un año después del quinto centenario de la sangrienta conquista de América, Divididos publicó su tercer álbum: La era de la boludez. El doceavo tema, una chacarera rockeada, se tituló Huelga de amores. Allí se escucha: “Patriotas importados, nativos sin oreja. La muerte grita, tierra! Y el canto chacarera. Y nos dijeron ‘Tiempo es dinero y en esta tierra sos extranjero’”. En 1524, el conquistador Francisco Hernández de Córdoba comenzó el tráfico de indígenas desde Nicaragua a Perú para trabajar en la minería. La despoblación rebeló a una veintena de caciques que fueron derrotados y arrojados a los perros hambrientos. Entonces las mujeres originarias nicaragüenses también se rebelaron: iniciaron la huelga de amores. Por años no durmieron con los hombres para no parir esclavos de españoles. La actitud valiente no terminó con la opresión, pero morigeró los malos tratos del conquistador.
En esta tierra sos extranjero
Karl Marx explicaba que el capitalismo llegó al mundo arrojando sangre y lodo. La acumulación originaria capitalista comprende la separación del productor de sus medios de producción, de vida. “Esta acumulación originaria desempeña en la economía política aproximadamente el mismo papel que el pecado original en la teología”, señalaba el revolucionario alemán.
En estas pampas, con sus especificidades distintivas, el proceso histórico de separación, de escisión, de los pueblos originarios, de sus medios de vida comienza con los conquistadores españoles, continúa en distintos episodios como la masacre del militar prusiano Federico Rauch a los indios ranqueles, la campaña de Juan Manuel de Rosas, hasta “el crimen más tremendo de nuestra historia”, como definió Osvaldo Bayer a la Campaña del Desierto de Julio Argentino Roca.
Ese robo originario sobrevive en el latifundio terrateniente del presente.
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