Es un hecho que la pandemia ha afectado a todos los sectores de la población, a unos más que otros, como es el caso de la mujer: madre, trabajadora, empleada doméstica, cocinera, maestra.
Es decir, el Covid-19 sólo ha evidenciado los problemas más perjudiciales del sistema: el capitalismo y el patriarcado, probablemente, ambos, los verdaderos virus.
Los roles de género son síntomas de un sistema patriarcal. Sobre las mujeres ha recaído hacer la comida y atender a los hijos, los lleva a la escuela y ayuda en las tareas. Pero, en esta cuarentena en donde los niños no asisten a clases, es la madre la que debe apoyar en las labores académicas de los hijos, ejerce la función de maestra. Y no se diga a las que trabajan en la docencia, ellas, a la vez que dedican su tiempo a la enseñanza de los alumnos en línea, también cuidan, educan y atienden a sus hijos.
Las y los abuelos, gente mayor y propensa a que el Covid-19 complique su estado de salud, ya no puede cuidar a los nietos, hijos de madres solteras y trabajadoras. Muchas de ellas no dejaron de laborar en la cuarentena, debido a la necesidad económica, aún en condiciones precarias. Los niños no pueden acudir a la escuela por los brotes de contagio, pero las madres sí deben arriesgar la salud de la familia yendo a trabajar, exponiéndose en el transporte público y en condiciones laborales miserables, donde la empresa no invierte lo más mínimo para la seguridad de sus empleadas.
La jefa de gobierno de la ciudad de México, Claudia Sheinbaum, publicó en su cuenta de twitter el ocho de octubre del 2020 “Hoy tenemos una disminución de 9% en camas ocupadas respecto a hace 20 días. Sin embargo, aun no nos ubica @SSalud_mx en amarillo”. Pero, ¿en realidad importa el semáforo epidemiológico? El capitalismo no ha frenado por la pandemia. Las plazas y centros comerciales abren de forma normal; las medidas de salud son un juego para las tiendas. Es así como el estado permite el crecimiento del capitalismo, a la vez que abandona a aquellas mujeres que resisten condiciones de explotación exagerada, llegando a rastras a la quincena para sobrevivir y tener con qué alimentar a quienes dependen de ella.
En circunstancias tan precarias, el programa “Aprende en casa” del gobierno de México, es sólo una forma de explotación extra para las mujeres, un eslabón más en la cadena del sistema patriarcal. Por eso el “semáforo verde” es tan anhelado, aunque en los hechos no signifique una ruptura de esas dobles cadenas de explotación que pesan sobre las mujeres. |