En este terreno, Altamira ha creado una enorme confusión entre el significado del Frente Único para la organización y la lucha de la clase obrera, a lo que PO históricamente siempre se ha opuesto (y que sería muy sano que cambiaran ahora), y un supuesto “Frente Único” en el terreno electoral, que ha sido la fundamentación histórica de los acuerdos frentepopulistas que liquidaron la independencia política de los trabajadores (como el Frente del Pueblo primero e Izquierda Unida luego entre el viejo MAS y el PC en los ’80).
Altamira ya había afirmado en un reportaje que concedió al periódico de Izquierda Socialista (El Socialista N°292) que “La defensa del Frente Único es la gran delimitación estratégica y de principios al interior del Frente de Izquierda”. Pretende justificar así la conformación de listas hacia las PASO, lo cual es ridículo ¿cómo una diferencia “estratégica y de principios” se puede resolver en una elección primaria burguesa?
Tratemos primero de aclarar las confusiones, ya que el objetivo de armar “faccionalmente” a sus militantes contra el supuesto “sectarismo” del PTS, ha llevado al PO a sostener afirmaciones que nada tienen que ver con las lecciones tácticas y estratégicas de los primeros congresos de la Internacional Comunista que reivindicamos los marxistas.
El marxismo revolucionario siempre planteó que, en el terreno electoral, no se trata de “Frente Único” sino de agitación político programática hacia las masas. El Frente Único obrero es para la acción (como dijo el propio Altamira, pero refiriéndose a la “acción electoral”). El frente electoral es para la difusión de ideas y de un programa. Aunque en la historia de las organizaciones obreras revolucionarias han sido lícitas tácticas específicas como el voto a partidos obreros de masas reformistas, aun en esos casos la clave es la agitación política independiente de los reformistas.
El Frente Único obrero, para la acción, no exige un programa político acabado más que el programa para la propia acción progresiva de la clase obrera, ya sea defensiva (como las que impulsó el Tercer Congreso de la Internacional Comunista, contra los diversos ataques del capital sobre los trabajadores y sus organizaciones) u ofensiva (con la creación de los concejos obreros o soviets, como plantea Trotsky en la Historia de la Revolución Rusa). Trotsky señaló que en esta forma el Frente Único obrero permitía organizar a las más amplias masas explotadas y oprimidas, donde se desarrolla la democracia obrera mediante la libertad de tendencias, en la perspectiva de la toma del poder. Esto lo planteó Altamira en el acto, lo cual plantea dos problemas importantes.
Por un lado, el PO históricamente siempre se opuso a las organizaciones de coordinación entre sectores en lucha, experiencias embrionarias “consejistas”, como la Coordinadora del Alto Valle que impulsaron los obreros de Zanon junto a organizaciones de desocupados. Siempre nos acusó de “fetichistas soviéticos” como si despreciáramos la construcción de partido por el énfasis que siempre dimos a la autoorganización de las masas (obreras, estudiantiles y populares) y de su vanguardia. Incluso el año pasado PO se opuso al Encuentro Sindical Combativo de Atlanta que impulsamos junto a Sobrero e IS y el Perro Santillán, y boicoteó los encuentros regionales posteriores donde participaron miles de trabajadores (en particular de la Zona Norte, donde se prepararon los conflictos de Gestamp, Lear y Donnelley, los más duros del 2014). Por otro lado, Altamira presentó al “Frente Único”, incluyendo el desarrollo de la democracia obrera en su interior, y al gobierno de los trabajadores como “máxima expresión”. Pero lo que no dijo, es que la democracia obrera (o soviética) es el medio por el cual el partido revolucionario debe derrotar todas las tendencias centristas y reformistas al interior de los “soviets”, porque si no se transformarán en organizaciones conciliadoras con el régimen burgués (como ocurrió en la propia Revolución Rusa entre febrero y octubre de 1917, y en la Revolución Alemana del 18-19, por ejemplo).
Por todo esto, el FIT no es un “Frente Único” si no un polo político-programático basado en la independencia de clase entre corrientes que nos consideramos obreras y socialistas, altamente progresivo en un país donde la clase obrera ha sido llevada a duras derrotas por la dirección burguesa del peronismo y la burocracia sindical, que en gran medida se mantienen. En la tradición del marxismo revolucionario del siglo XX no se puede encontrar ejemplos de importantes partidos revolucionarios que hayan planteado como “Frente Único” alianzas electorales con reformistas, pequeñoburgueses y/o populistas. Por el contrario, este tipo de “experiencias” electorales comunes siempre fueron duramente denunciadas por Trotsky y otros marxistas como frentes populares o sus “embriones”. Es decir, organizaciones para “anestesiar” y engañar a la clase obrera y su vanguardia.
El discurso de Altamira viene a desarrollar un giro que viene dando PO: del sectarismo hacia los frentes únicos reales, hacia la apología de los frentes únicos electorales. Recordemos que Solano, en Prensa Obrera del 21/5, ya había planteado que “No dejamos en ningún momento de lado la defensa y propaganda de nuestro programa, pero la subordinamos y complementamos al desarrollo del Frente Único”.
Es decir, que “subordinan” la “defensa” del programa, a un acuerdo con corrientes frentepopulistas como si se tratara de un Frente Único obrero, que (reiteramos) siempre es para la lucha, para “golpear juntos y marchar separados”.
Parte de los ataques del PO al PTS es decir que para nosotros el FIT es un “terreno de disputa”, queriendo dar a entender que no nos interesa su progreso como coalición política de independencia de clase, cuestión absolutamente desmentida por las campañas electorales adelantadas donde asumimos la responsabilidad central en Mendoza, Santa Fe y Neuquén, y militando a la par en CABA o Córdoba.
Otra cuestión es que aún sin ser un “Frente Único” sino un polo de independencia de clase, en la medida que no somos un partido común, habrá lógicas tensiones, debates y disputas en defensa de las posiciones de cada partido. El próximo ascenso obrero permitirá confirmar en la experiencia viva de la lucha de clases la corrección de la orientación táctica y estratégica de cada organización, y abrirá el camino a rupturas y fusiones que tiendan a construir un gran partido revolucionario común.
Las diferencias teóricas sobre el Frente Único y los frentes electorales que hemos señalado, no constituyen al día de hoy diferencias en el terreno político de una magnitud tal que justifiquen la ruptura del frente por cuestiones programáticas. Las diferencias sobre cómo incorporar a corrientes que se acercan al FIT que aún no comparten su programa y principios constitutivos, no tiene nada que ver con las PASO, pues en ellas solo se dirimirán las principales candidaturas que aspira a retener el PO, acompañado por IS, que es la verdadera explicación de su negativa a acordar una fórmula y una lista común de las tres corrientes del FIT. El peso que dio Altamira a la cuestión del “Frente Único” en el acto de Ferro no tiene otro objetivo que desoír nuestros llamados unitarios y darle alguna base a su militancia para atacar al “sectarismo” del PTS. |