Se hizo público el día de ayer -27 de octubre- que la jefa de gobierno Claudia Sheinbaum dio positivo en su prueba quincenal de COVID. Gracias a las pruebas que la jefa de gobierno de la CDMX se realiza quincenalmente, pudo detectarse el virus aunque fuera asintomática y aislarse para evitar la propagación.
Las pruebas para COVID, un privilegio al que pocas podemos acceder
Para miles de mujeres trabajadoras, comerciantes, pobres, aunque tengan síntomas (incluso graves), las pruebas están negadas. En instituciones públicas como el ISSSTE o el IMSS, en muchas ocasiones se limitan a personas ya hospitalizadas, es decir cuando se encuentran ya en una situación crítica.
Por otro lado, millones de trabajadoras y trabajadores fueron obligados a trabajar aún cuando las actividades no esenciales estaban prohibidas. El mejor ejemplo es Grupo Salinas, aunque lamentablemente no es el único caso. Las pruebas por parte de los patrones, prácticamente no existieron, exponiendo así de manera criminal a las y los trabajadores.
Después del 1 de junio, con la “nueva normalidad”, millones de trabajadores volvieron a las fábricas (aún cuando nos encontrábamos en el peor momento de la pandemia en ese entonces y la misma iba en ascenso). Sin equipo de protección, ni pruebas periódicas -como las que se hace Claudia y su gabinete-, elementos indispensables para evitar los contagios en los centros de trabajo.
México es uno de los países que menos pruebas realiza en el mundo, lo que vuelve imposible detectar focos de infección para mitigarlos. O detectar de manera oportuna la enfermedad para atender y salvar la vida. Las pruebas se han convertido en privilegios a los que acceden los altos funcionarios o quienes pueden pagar entre 2 mil y 4 mil pesos por una prueba.
El aislamiento y el reposo, una realidad lejana para las trabajadoras
Apenas dio positivo, Sheinbaum pudo aislarse inmediatamente. Se hizo público además que parte de su gabinete y los funcionarios cercanos a ella también fueron aislados de manera inmediata, esto para evitar la propagación.
Para las trabajadoras, la realidad es distinta. Aún cuando informamos que amigos o familiares son portadores del virus, o incluso que tenemos síntomas, los patrones obligan a seguir asistiendo al trabajo, provocando un deterioro acelerado, pues el reposo es clave para superar esta enfermedad. Generan además un riesgo para el resto de nuestras compañeras y compañeros.
La salud: un derecho básico negado
Claudia fue atendida de manera inmediata en uno de los mejores hospitales del país, el Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición Salvador Zubirán. Mientras nosotras tenemos que esperar entre 3 y 6 horas para ser atendidas, eso si alcanzamos ficha del turno.
Para quienes carecen de seguridad social o viven en zonas marginadas, la situación es aún más complicada pues el acceso a la salud es un derecho prácticamente negado.
Después de la larga espera, lo que hay para las mujeres pobres es un servicio deficiente, en clínicas u hospitales saturados, con trabajadores de la salud desbordados y sin equipo suficiente de protección. El tratamiento se limita a lo que tienen en farmacia y no necesariamente con lo que necesitamos para sanar pronto; eso si hay medicamentos en farmacia.
Todos los servicios desbordados: consultorios, laboratorio, rayos x, etc. Para acceder a cada uno hay que esperar horas, con suerte sentadas en alguna banca, otras paradas incluso en la calle.
Por supuesto, en lo que respecta a la salud pública, los hombres del pueblo pobre y trabajador que deben acudir a ella enfrentan las mismas situaciones.
No somos gente de segunda
Nosotras, las que somos tratadas como mujeres de segunda, junto a nuestros compañeros trabajadores lo movemos absolutamente todo en este mundo…TODO. Ni las fábricas, ni las oficinas, ni las escuelas pueden funcionar sin el trabajo de las mujeres trabajadoras.
Ni hablar de las casas, en las que las tareas de reproducción (aseo, compra y preparación de alimentos, lavado de ropa, el cuidado de niñas, niños, personas enfermas, personas ancianas, etc) son garantizadas por nosotras de manera gratuita. Ahorrándole millones de pesos a los patrones que reciben todos los días a un ejército de trabajadores aseados y alimentados.
De ser conscientes de la enorme fuerza que tenemos las mujeres, ¿no podemos proponernos, junto a nuestros compañeros, derrumbar la pirámide en la lucha por una sociedad igualitaria?
En los últimos años las mujeres hemos tomado las calles para denunciar la violencia que enfrentamos en el país y luchar para erradicarla. Somos incómodas, peligrosas para esta administración, por eso la saña de su policía contra nosotras.
Desde la agrupación de mujeres Pan y Rosas te invitamos a conocer nuestras propuestas y a hacerte parte de los comités en los que nos organizamos. Conquistemos acceso pleno a la salud y todos nuestros derechos. Por las compañeras que nos ha arrebatado el feminicidio, las redes de trata, la sed de ganancias de los patrones y su Estado que nos niegan derechos tan elementales como la salud, por nosotras y las que vienen…¡seamos miles organizadas!
En memoria de todas las trabajadoras que la pandemia y la pobreza nos arrebató.
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