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La Izquierda Diario
9 de noviembre de 2020 Twitter Faceboock

CÓRDOBA/MUNICIPALES
Delegada municipal: "Hoy todavía no puedo ver y no sé cómo va a quedar mi ojo"
Redacción Córdoba

Ante una nueva jornada de lucha de los trabajadores y trabajadoras municipales, compartimos el terrible relato de una delegada municipal que recibió un perdigón en el ojo por parte de gendarmería mientras se encontraba en su puesto de trabajo.

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Los trabajadores y trabajadoras municipales vienen llevando adelante una gran lucha por recomposición salarial y contra los ataques y la represión del gobierno del Intendente Martín Llaryora. Quien hasta ahora solo les ha ofrecido un 20 % no remunerativo en cuotas para un período donde la inflación no bajará del 35 %. Esto sin contar que vienen de un recorte del salario de un 13 % con la reducción de la jornada laboral. lo que conllevaría otro ajuste indirecto, frente a la pérdida del salario con la inflación, de otro 15 %.

Una miseria para aquellos que están en blanco y sindicalizados, pero sobre todo para las y los precarizados que trabajan por un sueldo de entre 15 y 20 mil pesos, sin obra social ni aportes de ningún tipo.

Al mismo tiempo, siguen los beneficios y subsidios para los grandes empresarios y los sectores económicos que desde hace décadas siguen siendo los únicos ganadores en la provincia.

Mientras se preparan para movilizar nuevamente en el día de hoy, te contamos el terrible relato en primera persona de una delegada municipal que casi pierde un ojo en manos de gendarmería. Que sigue la línea de un gobierno que hasta ahora, al pedido salarial de los y las municipales, solo ha respondido con represión, persecución y detenciones:

Yo me encontraba trabajando en mi repartición, alumbrado público, ubicada en la calle Paraguay 780. Como todos los días estamos cumpliendo tareas comunes. De repente 10 y cuarto ingresa un gendarme a pedirles el baño a mis compañeros varones que estaban en el patio. Ingresó al baño salió y yo salgo al portón de entrada, justo donde se encuentra el cantero y el portón.
De ahí se ve la repartición de automotores. Ya se había anunciado que iban a haber marchas, pero nosotros no estábamos ni manifestando ni haciendo marchas.

En la esquina de Paraguay y Laprida estaba estacionada una camioneta 4x4 y cinco gendarmes. Los cuales sin mediar palabras, sin avisar y sin que hubiera ningún problema comenzaron a tirar balas de gomas.

De hecho, a un compañero que cierra uno de los pliegos del portón le pega en la cabeza y a mí, al cerrar el otro pliego, me pega automáticamente en el ojo.

Siento un zumbido en mi cabeza y algo hirviendo en la cara, y no podía ver. Me mareé. Al no llegar la ambulancia mis compañeros me auxiliaron a las corridas. Lo único que yo sentía era un silbido en mi oído y me salía sangre del ojo, de la cara. No sabía qué pasaba.

Me llevan a urgencias rapidísimo, donde cuando ingreso me desvanezco del dolor. Soy atendida y me hacen una tomografía computada. Los compañeros se asustan mucho y el policía que se encuentra en la entrada se tomó todo el tiempo para poder saber de dónde venía yo y quién me había pegado en el ojo. A todo esto seguía perdiendo sangre.

Me ponen calmantes y me vendan. El dolor era insoportable. El calor. Era una quemadura terrible.

Me envían al sanatorio Vélez Sársfield por ser accidente de ART. Allí me hacen otra tomografía computada y me ponen gotas. Revisan mi oído. De vuelta tengo problemas con el policía que se encuentra en la entrada, porque según él tiene que anotar y saber de dónde vengo con un perdigón en el ojo.

Nosotros, los compañeros municipales, estamos sufriendo no sólo la pandemia, el desgarro laboral y de sueldo; sino también años de desgaste. Ya que cada vez que pueden nos descuentan, nos humillan, nos degradan laboralmente. No somos personas inconscientes, somos personas cabeza de familia. Somos vecinos que pagamos impuestos. No nos merecemos que nos acorralen a tiros y que nos destruyan nuestras vidas.

No solamente el hecho de la forma, la manera. Si uno no quiere tener violencia no tiene que dar violencia. Este gendarme que me disparó a mí no tiene autorización para tirar. Porque como se dice, un funcionario público se debe a su función. Ahora, este tipo salió a matar.

La bala yo la tengo en el ojo izquierdo sobre el párpado, ¿dónde se ha visto qué para llamar la atención de un ser tenés que dispararle directamente a la cabeza directamente? ¿De esa manera las personas van a hacer caso? O sea, ¿van a dispararle a todo el mundo a la cabeza para que hagan caso? No es la forma, no es la sociedad en la que tenemos que vivir.

La raíz de la lucha que estamos llevando a cabo es porque más allá de que todos estamos ajustados económicamente, nuestro sueldo ha sido puntapié inicial de descuentos reiterados. Donde una mesa de diálogo no puede solucionar diferencias entre los empleados y el ejecutivo.

Desde mi lugar le pido total coherencia a las autoridades, porque cuando uno se encuentra tan desprotegido de quienes teóricamente nos tienen que proteger uno, sufre todo tipo de aberraciones. Yo hoy todavía no puedo ver y no sé cómo va a quedar mi ojo.

Sin haber participado. Sin haber gritado. Sin haber tirado. Sin haber peleado. Solo estando trabajando.

¡Basta de violencia en todas sus formas!

 
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