A inicios del mes de octubre el sindicato CGT anunciaba la convocatoria de una huelga general en Madrid como respuesta a la grave situación social y sanitaria que se vivía en esta Comunidad. La cuestión de la necesidad de una huelga y como llevarla a cabo se puso a debate, tanto en la propia CGT como en diversos sindicatos, colectivos sociales y políticos.
Finalmente se estableció la convocatoria para el día 11 de este mes. Aunque inicialmente contó con el apoyo de algunas organizaciones políticas y sociales, la CGT convocó esta huelga en soledad y sin el apoyo de ningún otro sindicato, debido en gran medida a la manera unilateral en que se anunció y a la falta de un programa y objetivos claros.
En los hechos el día 11 no hubo ninguna huelga. Lo que hubo fue una movilización simbólica en el marco de una convocatoria hecha tímidamente que no afectó efectivamente a ningún sector estratégico, que se hizo sin contar con ningún apoyo significativo por parte de sectores de trabajadores o trabajadoras -ni siquiera de la afiliación de CGT-, que se llevó a cabo sin haber lanzado ningún tipo de exhortación o crítica a los grandes sindicatos que les obligara, si no a mover ficha, al menos a que sus dirigentes fueran desenmascarados como una burocracia conservadora y corrupta alejada de los intereses de la clase trabajadora.
La propia CGT hizo una campaña de la huelga que dejó mucho que desear. La escasa difusión se combinó con una preparación poco clara. La convocatoria llegó a algunos sectores a tan sólo días de la fecha convocada y en la mayoría pasó absolutamente desapercibida. Muchos trabajadores y trabajadoras, que podrían haberse sumado a la manifestación y haber apoyado los paros, no lo hicieron por la ausencia de asambleas, piquetes informativos o acciones que legitimaran el día como lo que pretendía ser: una huelga.
Es de destacar que algunos sindicatos enrolados en CGT, como el de Zona Sur, hicieron esfuerzos por que la huelga tuviera repercusión, impulsando piquetes informativos y acciones de agitación en los días previos a la jornada, pero su sola actividad no podía cambiar la dinámica de conjunto.
Esta situación, evidente desde antes del día 11, no resultó un problema para los líderes de la CGT en Madrid. Al contrario, en una rueda de prensa antes de la fecha, Irene de la Cuerda, en representación de CGT, sostuvo que esta no sería “una huelga al uso”, que sería una huelga “sindical y social”, un “aviso”, y en el cual además no tenía ninguna importancia “el seguimiento” porque iban a poner “unos servicios mínimos de entre el 90-100% en algunas áreas”, pero lo importante “es el toque de atención”. La realidad, sin embargo, es que no fue una huelga ni sindical, ni social ni de ningún tipo. Y no por los servicios mínimos, sino porque la capacidad de convocatoria y el planteo de la CGT se reveló como un fracaso rotundo.
Abrir una reflexión clara y honesta de los motivos por los que esta convocatoria fue un fiasco, y cómo efectivamente podemos avanzar hacia una huelga general -no solo en Madrid contra las medidas del PP sino en todo el Estado español para denunciar todas las medidas contra la clase trabajadora del gobierno del PSOE-Unidas Podemos-, no es un ejercicio que busque “hacer leña del árbol caído”. Es una necesidad imperiosa en momentos de fuerte ataque a las condiciones de vida de nuestra clase.
Para la afiliación de CGT, entre la cual una parte importante pero minoritaria se movilizó el día 11 -a pesar del clima de poco entusiasmo reinante-, es fundamental que se haga un balance serio y para sacar las conclusiones necesarias.
Una convocatoria que no logró aglutinar el descontento existente
La convocatoria se anunció en medio de un fuerte descontento generalizado, que en Madrid se focalizó en contra de las medidas y el discurso de Ayuso. Al mismo tiempo este malestar comenzó a expresarse en distintas movilizaciones, como la de los sanitarios o las que se convocaron en los barrios en contra de los confinamientos de clase. En este marco, combinado con la enorme parálisis de los sindicatos llamados “mayoritarios”, -cómplices históricos de las medidas antiobreras de los gobiernos de turno y hoy del PSOE-Unidas Podemos-, la CGT planteó la convocatoria de huelga. Sin embargo, sus acciones no se concentraron en intentar por todos los medios ser un catalizador y una referencia para estos sectores, y de esta manera poder articular un polo superior a la CGT que se volcase a la construcción de una huelga general por abajo.
Convocar una jornada de lucha que permitiese empezar a tejer esa unidad con otros sindicatos y colectivos, -una de las propuestas que distintas organizaciones, entre ellas CRT, lanzaron en las distintas reuniones previas que se organizaron para debatir la iniciativa de la CGT-, era una vía para avanzar en este objetivo. Pero la CGT ya tenía definida su agenda. Y es así que prosiguió con una convocatoria unilateral casi sin ningún apoyo. Esa soledad se apreció de manera rotunda en el nulo seguimiento de la huelga y en la manifestación de la tarde.
Pero, ¿acaso este no era el destino inevitable de la convocatoria? Tal cual se hicieron las cosas, lamentablemente, sí. Para un sindicato como CGT, que es minoritario en relación no solo a la clase trabajadora en general, sino a CCOO y UGT en particular, el poder aglutinar a un sector más amplio era condición indispensable para tener la fuerza necesaria que permitiese plantear realmente en la posibilidad de avanzar hacia una huelga general.
La mayoría de sindicatos alternativos, organizaciones sociales y políticas se escudaron en las formas en que convocó la CGT y en la falta de preparación, para no secundar ni la huelga ni la movilización. En muchos casos, esta posición escondía el sectarismo y la lógica abstencionista de estas organizaciones. Y otros casos, la negativa a plantear siquiera la cuestión expresaba un apoyo velado, o no tan velado, a la dinámica pasivizadora que quiere imponer el gobierno central. Pero también hubo cuestionamientos que plantearon seriamente la cuestión, sin sectarismo ni subordinación oportunista al “Gobierno progresista”, y cuestionaron los límites de una convocatoria formal que no podía terminar sino en un fracaso.
Desde la Red de Precarixs planteamos que efectivamente sobran motivos para convocar una huelga general, aunque llevarla a cabo no pasa simplemente por anunciarla y esperar a que las y los trabajadores por su propia iniciativa se jueguen sus sueldos y puestos de trabajo sin un apoyo de la amplia mayoría de sindicatos y organizaciones. Por eso participamos de la manifestación de la tarde el día 11, para mostrar que es necesaria una huelga, pero que esta debe ser construida desde abajo y con el apoyo de la mayoría de la clase obrera, con unas consignas que puedan acoger a los inmigrantes, a las mujeres, a los trabajadores más precarizados y a las organizaciones y sindicatos en torno a las cuales se organizan.
Los precarixs como factor fundamental para la reorganización del movimiento obrero
Entre los sectores precarizados el hartazgo es generalizado, pero también es donde sin el apoyo efectivo y amplio de otros trabajadores y organizaciones es más difícil hacer huelga debido a los niveles de despotismo patronal y a las condiciones que imponen a sus plantillas.
Sin embargo, son precisamente estos sectores los que protagonizaron las movilizaciones en los barrios y quienes están dando muestras de un fuerte rechazo a las medidas que le imponen los gobiernos y la patronal. La inmensa mayoría de estos trabajadores no forman parte de ningún sindicato y sienten un fuerte rechazo hacia la burocracia sindical, ya que son conscientes que han sido totalmente abandonados y olvidados por estos.
Si realmente la CGT y el resto de la izquierda sindical pretenden jugarse a ser una alternativa a las burocracias de CCOO y UGT con toda probabilidad deben apostar decididamente a organizar a aquellos trabajadores que forman parte de esos sectores más explotados. Y para ello es necesario hacer una profunda autocrítica a los métodos y a la falta de iniciativa en ese sentido.
En concreto la CGT, como principal sindicato alternativo, tiene la mayor responsabilidad de emprender esta tarea. La valoración por parte de algunos de sus representantes de la jornada del 11, excusando el fracaso de la convocatoria en el bloqueo de los medios de comunicación, desde luego no ayuda a esta perspectiva.
Quienes impulsamos la Red de Precarixs queremos aportar en la tarea fundamental de organizar ampliamente a todos esos sectores que no le deben nada a este sistema, que están hartos de ver como el único futuro que les espera es de miseria y precariedad, y que mayoritariamente están fuera de los sindicatos porque no ven en ellos ningún tipo de representación.
Para ello es necesario desplegar un programa que genere ilusión, que combata las medidas de todos los gobiernos, por muy progresistas que digan ser. Que apueste por la autoorganización de los trabajadores y trabajadoras en sus propios centros de trabajo, en sus barrios y sus lugares de estudio. Que se disponga a construir una alternativa capaz de desplegar todo el peso social de nuestra clase para que esta recomponga toda su capacidad defensiva y ofensiva en un sentido revolucionario. |