“y mientras exista el modo de producción capitalista, será absurdo querer resolver aisladamente la cuestión de la vivienda o cualquier otra cuestión social que afecte la suerte del obrero. La solución reside únicamente en la abolición del modo de producción capitalista, en la apropiación por la clase obrera misma de todos los medios de subsistencia y de trabajo.”
Federico Engels, Contribución al problema de la vivienda (1873)
El mundo está en crisis. Uno de los aspectos de esta es la renombrada crisis habitacional. Este primero de julio, fue puesta en vigencia la nueva Ley de Alquileres que parece paliar algunos de los históricos reclamos de las problemáticas que vienen socavando al sector de quienes deben alquilar para tener un techo. De todos modos, pese a la aplicación de esta normativa (¿o en consecuencia?) desde ZonaProp se registró un incremento de enero a agosto del 29,3% en los precios de los alquileres de C.A.B.A., que casi duplicó la inflación de ese mismo tramo temporal, que el INDEC indicó fue del 16,3%. En paralelo, este mismo Instituto esclareció que la variación salarial total del índice de salarios de enero a julio fue tan solo del 15,4%. Finalmente, para rematar a la clase trabajadora asalariada, el gobierno ajustó el Salario Mínimo Vital y Móvil con un aumento que llegará en tres tramos al 28% en marzo del 2021, siendo ahora en octubre tan solo del 10,71%, o sea, de $18.900. Éste, más allá de que probablemente la mayoría de los salarios registrados lo superen, tiene un rol de ancla para negociaciones salariales tanto en el sector público como en el privado y más aún en el informal. Para esclarecer un tanto estos porcentajes, podemos ver los promedios de los precios de los alquileres en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, donde un departamento de dos ambientes de 50 metros cuadrados cuesta $24.549 por mes. Automáticamente surge la pregunta: ¿cómo espera la clase dirigente que los y las trabajadores puedan satisfacer su derecho básico a la vivienda digna si ni siquiera tienen un sueldo que alcance para pagar un alquiler? Sin dudas la situación es insostenible, pero no es la primera vez que surge en nuestro país. En este sistema las crisis parecen, efectivamente, ser cíclicas y aunque no se repitan de manera exactamente idéntica, resurgen problemas estructurales que remiten a hechos pasados. Hechos como la conocida “Huelga de las Escobas”.
La histórica crisis habitacional
A principios del siglo XX, Buenos Aires se ve afectada por una reestructuración del entramado urbano. Estaba transitando su auge de acumulación capitalista. Argentina en este momento se convierte en uno de los principales exportadores agrícola ganaderos y, en consecuencia, desarrolla actividades que desembocan de este mismo sistema, como la industria, el transporte y el comercio. Los sectores dominantes estaban embebidos en intereses de los latifundistas y la estructuración del país se orientaba a satisfacerlos, desde las medidas económicas hasta las nulas medidas sociales, donde trabajadoras y trabajadores eran simplemente una pieza más del engranaje explotador oligárquico. Hubo oleadas inmigratorias procedentes mayormente de Europa, donde no solo inmigraron miles de trabajadores y trabajadoras atraídos por el prometedor crecimiento económico argentino, sino que también lo hicieron sus ideales socialistas y anarquistas. Una de las consecuencias de la presencia de estas posiciones políticas, fue la creación de la Liga de Lucha Contra los Altos Alquileres e Impuestos impulsada por la Federación Obrera Regional Argentina (FORA) en el año 1906 [1]. El costo de mantener una habitación implicaba el 25% del salario [2]. Al año siguiente se produjo un incremento significativo de los impuestos y aquellos obreros y obreras que compartían el patio del conventillo, que comprendieron que cobraban el mismo salario y que sufrían la misma opresión, entendieron que debían unirse para luchar contra el hostigamiento de los usureros arrendatarios. Los inquilinos, al grito de “¡Abajo los alquileres!”, decidieron dejar de pagarlos. Las consignas fueron claras: la rebaja del alquiler del 30%, eliminar los tres meses de depósito que solicitaban los dueños, higiene de las piezas, suprimir la figura del cobrador y que se otorgue mayor flexibilidad a la hora del vencimiento de pagos [3]. El reclamo surgió en La Boca y San Telmo pero se propagó rápidamente por toda la Capital Federal, donde se organizaron comités de huelgas por barrios. Con el inicio de las huelgas, algunos propietarios cedieron ante los reclamos de los manifestantes, pero otros optaron por pedir el desalojo de los mismos. Frente a la acumulación incesante de pedidos de desalojo, la justicia no pudo responder de manera efectiva y muchos rentistas cedieron ante los reclamos de los inquilinos por el temor a no poder cobrar por un tiempo indeterminado.
Como era de esperarse, hubo graves enfrentamientos con la policía, que cumplió el rol de la mano armada del Estado y de los arrendatarios usureros que amenazaban con echar a miles de familias obreras a la calle. La clase dirigente no vio la crisis habitacional como un problema a remediar, sino que vieron la organización obrera como una amenaza a sus intereses que debía ser disuelta. En esta instancia, las mujeres tuvieron un papel imprescindible en la lucha obrera. Como la policía atacaba los conventillos cuando los hombres iban a trabajar, y como la mayoría de las trabajadoras realizaban tareas de costura y planchado en los inquilinatos, ellas pasaron a estar en la primera línea de batalla, donde no solo defendían sus propios hogares y familias, sino también sus lugares de trabajo. La huelga recibe su denominación debido a estas luchadoras, que echaban a escobazos literalmente a la policía y a los cobradores, los esperaban con agua hirviendo y piedras y diseñaban estrategias de lucha.
A medida que los desalojos se fueron llevando a cabo y la represión policial incrementó llevándose, incluso, la vida del joven Miguel Pepe [4], la revuelta se fue aplacando. Se terminó consensuando con los propietarios o mismo se acataron las órdenes de desalojo dejando a muchísimas familias en la calle. Con respecto a la dirigencia y organización de la huelga, esta recibió un fuerte apoyo por parte de la FORA, de clara impronta anarquista, y la UGT, de tinte socialista sindicalista, que no solo participaron activamente en las manifestaciones, también llamaron a una huelga general contra la Ley de Residencia a fines de 1907. Ésta fue sancionada en el año 1902 y expresaba la impronta oligárquica de “limpiar” a quienes tuvieran ideales de izquierda. Finalmente, muchos huelguistas fueron deportados en el año 1908. Paralelamente, los socialistas y sindicalistas, que en un principio parecían acompañar los reclamos por la rebaja de precios de alquileres, no apoyaron la huelga hasta las últimas consecuencias. Sostenían que el problema no se solucionaría solo con la baja de alquileres, sino con la construcción de nuevas viviendas, apostando a una pelea parlamentaria, retirándose de la lucha y disminuyendo las fuerzas de aquellos obreros y obreras que lucharon por sus derechos. De todos modos, más allá de la derrota en una batalla, esta huelga marcó significativamente la unión de la clase obrera urbana, mostrando la fuerza que poseían en su unidad y marcando un precedente histórico para todas las luchas que la precedieron.
Migajas para el proletariado
Cuando se relata este hecho me es imposible no hacer un paralelismo en varios aspectos de la realidad actual que parece avasallarnos. Uno de estos asuntos es el más evidente, que conlleva a pensar en lo que se habló previamente con respecto a los elevadísimos precios de los alquileres que deben enfrentar los inquilinos en la actualidad, donde, por un lado, se encuentra el bloque de Juntos por el Cambio que decide no presentarse a la votación de la Ley de Alquileres y, por el otro, el oficialismo que decide aprobar una ley que tan solo ofrece migajas a quienes deben procurarse una vivienda con sueldos de miseria, avalados por el mismo gobierno. Si comparamos los reclamos que se hicieron en la Huelga de los Inquilinos, éstos pedían suprimir los tres meses de depósito y abolir los pagos por adelantado, y la nueva Ley de Alquileres habla de que éste no debe superar el precio de un mes por adelantado. Ellos pedían rebajas del 30%, nosotros debemos conformarnos con la suba y el endeudamiento. Ellos hablaban de eliminar la figura de los cobradores intermediarios, nosotros debemos sufrir presiones por parte de las inmobiliarias. La asociación de Inquilinos Agrupados realizó varias encuestas sobre la población de 9 millones de personas en situación de alquiler y determinó que, en junio, el 33% de los encuestados sufrió algún tipo de agresión por parte de las inmobiliarias y el 67% dijo estar endeudado o recibiendo algún tipo de ayuda familiar. Esto sin mencionar que el 50% de los ingresos de millones de familias que alquilan se destina a pagar estos alquileres. Como se ha visto a lo largo del transcurso de la pandemia, miles de familias no pudieron sostener esta situación desesperante y debieron recurrir a la toma de terrenos, como es el caso de los barrios San Martín, La Lucha, La Unión y Barrio 20 de Julio en Guernica. El hostigamiento por parte de las inmobiliarias y arrendatarios, las fuerzas represivas policiales hostigando a familias sin techo remiten directamente a la situación que se vivió hace más de cien años.
Ni una menos sin vivienda
A su vez, se puede observar la similitud en la resistencia que ofrecieron aquellos inquilinos de Capital Federal en 1907 con la lucha de miles de familias a lo largo y ancho del país que decidieron no quedarse de brazos cruzados frente a la indiferencia del poder político y decidieron hacerse de una tierra para no caer en la calle, como de la lucha que ofrecen ahora mismo las mujeres del Hotelito en la Villa 31, que sostienen que “violencia de género es también no tener una vivienda digna, ni el acceso a una niñes [sic] con plenos derechos” en su carta al Ministerio de la Mujer, reivindicando la lucha de aquellas mujeres que en Guernica han escapado de situaciones de violencia de género y no quisieron resignarse, mientras su cruda realidad intenta atropellarlas de la mano de Larreta, Berni y Kicillof. Esta es la misma fuerza que enfervorizó a las mujeres de la huelga de las escobas que condujeron la lucha obrera a la par de los hombres. Como las sufragistas de principios del siglo XX, las mujeres de ahora lo hacen enfrentándose a la represión policial, pidiendo por tierra para vivir, que sus hijos e hijas no pasen por la misma situación que ellas, poniendo el cuerpo para cambiar esta realidad que viene arrastrando como un ancla esta crisis habitacional y el machismo patriarcal capitalista que hace que la pobreza tenga rostro de mujer.
¿Por qué la asociación de Inquilinos Agrupados no ha propuesto un plan de lucha junto a todas estas familias desamparadas que ellos dicen defender? ¿Acaso la situación de no poder pagar un techo no es razón suficiente para organizarse en contra del capital explotador que pisa una vez más a millones de personas en todo el país? ¿Por qué estos inquilinos que la Ley de Alquileres en teoria protege deben sufrir ahora las consecuencias de un mercado traicionero que alza los precios para boicotear esta tímida tentativa de ganar derechos? ¿Por qué miles de mujeres deben salir a enfrentar una represión brutal junto a sus hijas e hijos solo porque decidieron salir a buscar un pedazo de tierra donde vivir porque el sistema las estaba arrojando a la calle? Mientras se intentan ganar temerosamente algunos beneficios para quienes tengan contratos formales, aquellas personas que han sido empujadas hacia la marginalidad y alquilan en barrios populares y villas siguen sin ninguna respuesta. Ningún centro de estudiantes o sindicato se pronunció a favor de la lucha de estas personas que comparten su condición de clase, los medios hegemónicos decidieron meter bajo la alfombra estas luchas y cuando deciden sacarlas a flote lo hacen con una mirada despectiva y estigmatizante, pero al mismo tiempo con una cautela extraordinaria de no herir susceptibilidades políticas. Parece que no les quedó ninguna lección de la unidad de lucha de aquellos inquilinos que decidieron agruparse y comprendieron que si tocan a uno tocan a todos.
¿Intereses de quiénes?
Por otro lado, los negocios inmobiliarios por parte de los políticos no cesan, como es el claro ejemplo del millonario negociado que plantea el Gobierno de la Ciudad con las tierras de Costal Salguero. Se estima que la cantidad de viviendas “ociosas” o deshabitadas en la Capital Federal llega al 9,2% de las viviendas, es decir 138.328 casas vacías, y en el país este número asciende a 2 millones. A esto se le suman todas las propiedades que posee la Iglesia Católica, que tan solo en Salta, por ejemplo, son al menos 212 e incluyen 400 hectáreas rurales, entre las muchas incalculables debido a su diversificación de entidades o instituciones controladas, que podrían ponerse a disposición de todas estas familias desamparadas. Todos estos números confrontados a las 3.500.000 viviendas con déficit habitacional en la Argentina. ¿No es hora de hacer una huelga de las escobas, como mínimo? ¿Hasta dónde se debe ahondar en el dolor y la opresión del pueblo para que éste se disponga a luchar? ¿Qué bota está pisando las cabezas de los y las trabajadores?
Mientras se redacta este texto, el gobierno decide enroscar al cuello de los trabajadores el Presupuesto 2021. Pablo Anino comenta que según el CIPPEC, la integración urbana de las 4.500 villas requiere de U$S 26 mil millones, pero en el presupuesto se resuelve destinar tan solo U$S 145 millones. Para pagar la deuda con el FMI, el próximo año se destinarán U$S 1.339 millones. Nueve veces más que para vivienda. Sí, leyeron bien, nueve veces más. Paralelamente, en marzo el Frente de Izquierda presentó un proyecto de impuesto a las grandes fortunas, proponiendo afectar a las 15.000 personas más ricas de todo el país, ganancias empresariales, la gran propiedad de la tierra y gravar un 20% de las ganancias de los bancos, recaudando así entre U$S 15 mil y U$S 20 mil millones que se destinarían, en parte, a la construcción de 100.000 viviendas. No es de sorprender que tanto el oficialismo como el bloque de Cambiemos se negaron a tratarlo. Pero no les bastó con intentar meter el proyecto bajo la alfombra, el Frente de Todos con Máximo Kirchner a la cabeza presentó otro proyecto a 7 meses de pandemia que, para no enojar a sus patrones, nombraron“aporte solidario y extraordinario a las grandes fortunas”. En este paupérrimo manotazo de ahogado donde intentan compensar su indiscutible “giro a la derecha”, no dejan de girar para el mismo lado, sin tocar ni a empresas ni a bancos y tan solo agravando a las personas físicas que poseen un patrimonio mayor a $200 millones, recaudando tan solo U$S 2.000 y destinando el 45% de lo recaudado a fomentar el fracking y a financiar Pymes. Estos gobernantes no parecen ser los mismos oligarcas que oprimían a los trabajadores a principios del siglo XX, ¿o sí? ¿Acaso no siguen tomando medidas de explotación burlándose de los y las trabajadores, intentando disfrazar sus medidas de ajuste con nombres amigables tanto para quienes oprimen como para quienes benefician? Parecen tener demasiados puntos en común.
Con índices de pobreza del 40%, de indigencia del 12% y de desocupación real del 25% la historia debería servirnos como precedente de los reclamos que por derecho se deben garantizar. Que el SMVM haya pasado a ser solo un símbolo para la pelea carroñera de un sueldo cuando debería asegurar (como dice en laLey de Contrato de Trabajo) “la menor remuneración que debe percibir en efectivo el trabajador sin cargas de familia, en su jornada legal de trabajo, de modo que le asegure alimentación adecuada, vivienda digna, educación, vestuario, asistencia sanitaria, transporte y esparcimiento, vacaciones y previsión” es la demostración de la situación alarmante en la que estamos. Pero como la historia se repite, debemos entender que aquellos derechos que no se entregan por parte del poder político, deben ser arrancados de sus garras con la lucha popular y clasista. |