Este jueves La Plata cumplió 138 años y, como es tradición a nivel gubernamental y de los sectores poderosos y conservadores de la capital bonaerense, el Arzobispado de la ciudad tiene a su cargo la puesta en escena del tedeum en la Catedral. Comúnmente el arzobispo de turno hace una homilía donde aborda temas de la coyuntura. Y esta vez no fue la excepción.
Monseñor Víctor “Tucho” Fernández, reconocido encubridor de sacerdotes acusados de múltiples abusos sexuales y, a la vez, vocero en Argentina del papa Francisco, abordó de lleno el tema del próximo debate en el Congreso sobre la legalización del aborto. Y lo hizo buscando plantar una bandera que a la Iglesia católica no solo le es ajena sino que siempre se ubicó “del otro lado”: la defensa de los derechos humanos.
“Nunca se defenderán hasta el fondo los derechos humanos si se los negamos a los niños por nacer”, fue la definición más contundente de Fernández en el tedeum.
Lo escuchaba con atención un selecto grupo de “personalidades” locales como el intendente de Juntos por el Cambio Julio Garro (y buena parte de su Gabinete), la presidenta del Concejo Deliberante Ileana Cid (también del macrismo), el ministro de Justicia y Derechos Humanos bonaerense y reconocido chupacirios Julio Alak (Frente de Todos) y la diputada bonaerense Florencia Saintout (Frente de Todos).
Sólo faltó que los concurrentes aplaudieran la homilía, cosa que no sucedió sólo por cuestión de formas. Sin embargo, a la salida de la misa todas y todos esperaban con ansias fotografiarse con él saludándolo y, así, demostrar que fueron parte del selecto grupo de invitades.
El discurso de la Iglesia
Fiel a la retórica eclesiástica, cargada de palabras que apelan a la sensibilización, el arzobispo dijo que el papa Francisco “propone la apertura universal del amor, que no es tanto la relación con otros países, sino la actitud de abrirse a todos, incluyendo a los diferentes, a los últimos, a los olvidados, a los abandonados”.
A renglón seguido agregó: “pero en el trasfondo último, todo esto no se entiende si no se reconoce la inmensa dignidad de cada persona humana, la inviolable dignidad de toda persona humana más allá de cualquier circunstancia. Es la dignidad de su ser que no desaparece si esa persona se enferma, si se debilita, si envejece, si es pobre, si es discapacitado o incluso si ha cometido un crimen”.
Y entonces fue al grano, en su intención al aprovechar el tedeum para su arenga política: “entre los descartados de una sociedad que discrimina, excluye y olvida están los niños por nacer (...) La circunstancia de que todavía no se hayan desarrollado plenamente no les quita nada de su dignidad humana. Por eso, nunca se defenderán hasta el fondo los derechos humanos si se los negamos a los niños por nacer”.
Dicho eso, volvió a la perorata “progre” que últimamente barniza a la Iglesia católica desde el Vaticano: “que Dios nos ayude a que en esta ciudad construyamos cada vez más una sociedad inclusiva, donde todos puedan vivir dignamente, donde todos tengan la posibilidad de trabajar, ganar el pan para sus hijos y desarrollarse en plenitud”.
Para Tucho hay derechos y derechos
Como se ha dicho en otras oportunidades acá, Tucho Fernández es uno de los máximos exponentes del encubrimiento de la curia a sacerdotes y demás miembros de la Iglesia acusados por múltiples víctimas de abusos sexuales y demás maltratos.
El caso del capellán del Servicio Penitenciario Bonaerense Eduardo Lorenzo es emblemático, ya que Fernández no solo lo encubrió denodadamente sino que hasta le organizó una misa de homenaje cuando éste apareció muerto en Cáritas de un tiro en el pecho a horas de ser detenido por sus graves delitos.
Pero también están los casos de Rubén Marchioni (su mano derecha en la Pastorial Social local) y de Raúl Sidders (capellán de Gendarmería en Puerto Iguazú hoy imputado penalmente por sus crímenes sexuales en el colegio San Vicente de Paul platense). En todos esos casos (y en otros) el arzobispo sigue la misma línea cómplice y encubridora de Héctor Aguer, como no podía ser de otra manera.
Pero además de eso, este jueves Tucho Fernández decidió “mojarle la oreja” a los organismos de derechos humanos y los sobrevivientes del genocidio al buscar equiparar la interrupción voluntaria de un embarazo con una tortura, una privación ilegal de a libertad e incluso una desaparición forzada de persona. Demasiado, viniendo de un alto representante de una de las instituciones más cómplices y más beneficiadas del genocidio de los años 70 en Argentina.
No sorprende que un arzobispo argentino busque amalgamar conceptos y términos buscando “torcer” la historia (aún a riesgo de caer en el ridículo) solo para dejar bien parada a su institución oscurantista y reaccionaria.
Lo que tal vez llame la atención es que, frente a sus bravuconadas y provocaciones, quienes se autodenominan “progresistas” y hasta calzan pañuelo verde para las fotos se callen la boca ante la cerrada defensa que se hace desde el púlpito de la muerte y el sufrimiento humanos de miles de mujeres producto del aborto clandestino. |