El plus de antigüedad es un plus salarial que consistía en que cada x años (bienio, trienios, cuatrienios o quinquenios se iba incrementando el salario en una proporción determinada. En los trabajos en los que el sueldo base es muy bajo, este plus era y es muy importante. Además, protege al trabajador cuantos más años trabaje, ya que sus posibilidades de encontrar otro trabajo son menores.
Para la patronal era "el plus no productivo por excelencia" y su intención era eliminarlo con esa excusa. Obviamente no decía de solo quitarlo, sino que se cambiarían por clausulas de acuerdo al rendimiento, una cláusula modelo de la flexibilización neoliberal. La tendencia más bien es a la desaparición del plus sin compensación y subyace la indefensión para los y las trabajadoras cuyo rendimiento baja según van dando toda la vida a su empresa. En vez de cobrar más, cobraran menos comparativamente si solo hay esos pluses de rendimiento (donde los hay). Como ya hemos dicho también sirve para proteger a los trabajadores más mayores haciendo más difícil su despido.
La patronal consiguió que se eliminara la obligatoriedad de este plus (estaba en el estatuto de los trabajadores) en 1994. Gobernando el PSOE de González se da esta reforma que, para el diario El País, nada sospechoso de izquierdista radical, fue "la reforma más intensa del mercado laboral español”. En esta reforma no solo se eliminó la obligatoriedad del plus de antigüedad, sino que se legalizaban las ETT, el cálculo de la jornada laboral se hacía anual en vez de semanal, se añaden nuevas causas de despido y se crea el conocido como contrato basura. Esto es pequeño resumen por dar una idea de lo que sigue significando esa reforma.
Hace ya 17 años, en 2003, el 46% de los convenios habían suprimido o congelado el plus de antigüedad. Esta tendencia, aunque es difícil encontrar datos generales, se ha seguido profundizando. Sirva como ejemplo esta noticia de UGT, en la que informa que para el 1 de julio de este año las cajas de ahorro querían eliminar los trienios.
El PSOE obviamente nunca ha planteado derogar esta reforma, pero tampoco lo ha hecho Unidas Podemos en su propio programa electoral. Solo planteaba terminar con las de Rajoy y Zapatero. Es decir, en el plan máximo de los que venían a “asaltar los cielos”, no se proponía siquiera la tarea elemental de recuperar todos los derechos que la clase trabajadora tuvo en su momento entraba. Ahora ya ni se plantean derogar la última reforma laboral y de hecho amenazan con nuevos ataques
Por desgracia tampoco los sindicatos están planteando una lucha hasta el final contra la reforma laboral que viene; mucho menos para derogar las antiguas. Hace más de 8 años que no hay una huelga general a nivel estatal y ya van más de 8 meses de una pandemia cuyos costos recaen principalmente en la clase trabajadoras. A pesar de ello, el silencio de la burocracia sindical ya es ensordecedor.
Esto tiene que ser revertido y para ello es necesario hacer un balance serio del rol de las burocracias al frente de CCOO y UGT, pero también de la izquierda sindical, especialmente después de haber visto en el último tiempo verdaderos fiascos como la "huelga general” de CGT en Madrid.
Desde el principio cada sucesiva reforma no es más que un nuevo ataque contra los y las trabajadoras, a veces consigue imponer todo su ataque y otras veces solo parcialmente. Lo que está claro es que reforma a reforma van laminando nuestros derechos. La desaparición del plus de antigüedad es solo un ejemplo de los múltiples recortes que estamos sufriendo continuamente. Pero esto no es una realidad rígida con la que hay que conformarse, hay otras opciones.
Recientemente una huelga general en India movilizo 200 millones de trabajadores. Esto puede parecer un caso muy lejano, pero, aunque en una escala menor, también vimos el año pasado la huelga de Telepizza, aquí en el Estado Español, o más recientemente la lucha de Alestis que tras 160 días de lucha sin cuartel logró la reincorporación de todos los despedidos. Pequeños ejemplos que muestran no solo la capacidad de lucha de la clase trabajadora, sino en concreto la de sus sectores más precarios.
Hay que recuperar los sindicatos de manos de las burocracias sindicales, que los condena a ser -en el mejor de los casos- instituciones vaciadas de militancia obrera para negociar algunas migajas en la mesa de “diálogo social” con la CEOE promovidas por la ministra de trabajo “comunista”; dicho de otro modo, una correa de transmisión de los intereses de os capitalistas en el seno de las organizaciones obreras.
Terminar con las burocracias sindicales es una condición inevitable para resistir los ataques que vienen y preparar una contraofensiva por los derechos de la clase trabajadora. Por ello apostamos desde la CRT. |