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La Izquierda Diario
20 de diciembre de 2020 Twitter Faceboock

Editorial
El virus, el sistema y la guerra por las vacunas
Fernando Rosso | @RossoFer

Cerramos el año presenciando el espectáculo de una disputa que deja al desnudo la naturaleza del sistema: primero el lucro, segundo la ganancia y por último la salud. Editorial de “El Círculo Rojo”, programa de La Izquierda Diario que se emite por Radio Con Vos, 89.9.

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  •  Las ideas y vueltas que tuvo el Gobierno alrededor de la llegada de las vacunas contra el coronavirus expresó cuestiones más profundas que un mero “problema de comunicación”, que es cómo se lo presentó el tema.
  •  Repasemos dos hechos o dos versiones que, de mínima, son bastante verosímiles. El contrato con el laboratorio de origen norteamericano Pfizer se frustró porque los abogados de la empresa elevaron tres pedidos: cesión de jurisdicción —que el laboratorio elija los tribunales y el país para resolver eventuales problemas contractuales—, que el Estado se haga cargo de indemnizaciones producidas por incidentes que surjan y, por último, confidencialidad. Con los puntos uno y tres al parecer no había problemas. Dicen que el problema fue el punto dos: porque el Congreso argentino incorporó un ítem referido a que en caso de fallas por negligencia se debía hacer cargo el laboratorio. Ese es uno de los puntos que no se aceptó.
  •  El segundo hecho para mí ilustrativo es el contrato que se firmó con el Fondo Ruso de Inversión Directa para la Sputnik V que contempla la entrega de trescientas mil dosis en diciembre y veinte millones en enero y febrero. Tiene cuatro mil fojas, muchas de ellas en ruso, es confidencial y está contenido en un pendrive encriptado que impide que se copie, duplique o reenvíe (Pablo Ibañez en ElDiarioAr del 20/12/2020)
  •  Esto refleja varios aspectos de la naturaleza de la industria farmacéutica: el beneficio como motor exclusivo, el secretismo como blindaje y el privilegio de las potencias.
  •  Veamos algunas prácticas que lo demuestran. Durante años, sino ya décadas, se ignoraron las advertencias sobre la eventual irrupción de múltiples virus. Algunas de ellas incluso advirtieron sobre los coronavirus como una categoría virus bastante estable y que, por tanto, no sería difícil encontrar tratamientos válidos para combatirlos. El costo de la investigación era relativamente alto y, por lo tanto, no consiguieron la financiación.
  •  ¿Qué sucede con esto? La investigación está guiada por el lucro y por la búsqueda de medicamentos que son más rentables. En el caso de la industria farmacéutica tienen que ver con medicamentos para el corazón, ansiolíticos o tranquilizantes. No así las drogas para la defensa contra otro tipo de enfermedades. En un artículo publicado en el portal Sin Permiso en marzo de este año, el economista británico Michael Roberts aseguraba que: “La gran industria farmacéutica realiza poca investigación y desarrollo de nuevos antibióticos y antivirales. De las 18 compañías farmacéuticas más grandes de EEUU, 15 han abandonado totalmente el campo. Los medicamentos cardiológicos, los tranquilizantes adictivos y los tratamientos para la impotencia masculina son los que generan mayores beneficios, no los tratamientos contra las infecciones hospitalarias o enfermedades emergentes”. Algunos especialistas aseguran que una vacuna universal contrala gripe, contra las partes invariantes de los virus se podría haber desarrollado hace tiempo, pero no era rentable.
  •  La industria farmacéutica —como toda industria— se ordena por la búsqueda del beneficio que está por encima del valor de uso (en este caso, de una mercancía que es útil para cuestiones elementales de la salud). En la competencia, muchas producen básicamente lo mismo y se derrochan recursos de una manera irracional. Además, en general, prima el corto plazo y la ganancia inmediata y no la investigación a mediano y largo plazo con resultados más duraderos.
  •  El desarrollo mismo de la investigación se lleva adelante con fondos públicos y las empresas aparecen recién cuando los resultados de la investigación científica se transformaron en una mercancía más fácil de comercializar.
  •  Es su momento, Diego Sacchi destacó en su columna sobre las vacunas que uno de los grandes problemas, entre los varios que estamos detallando, es que cada laboratorio investiga por su lado y en completo secreto, sin coordinar ni compartir resultados. También acá se despilfarran recursos en investigaciones duplicadas o triplicadas. En este mismo sentido, uno de los objetivos de los laboratorios es instalar la marca, para después vender más.
  •  Por último, está la cuestión del acceso y la distribución. El acceso a las vacunas está reservado por ahora a las grandes potencias, mientras que el resto de los países dependientes, semicoloniales o pobres –la mitad de la población mundial- tendrá que esperar. El 50 por ciento de las vacunas están reservados para los países que tienen el 14 por ciento de la población. Escuchen este dato: Estados Unidos, Canadá y varios países de la Unión Europea ya adquirieron las dosis para vacunar en promedio al menos tres veces a toda su población durante 2021. Las estimaciones son que el 82% de la producción de Pfizer y el 78% de la de Moderna ya están vendidos a los países avanzados, por lo que los países más pobres tendrían que esperar hasta… 2024 para inmunizar a su población.
  •  Y en muchos casos, esto no sucede porque falte capacidad productiva para la producción de vacunas, sino porque están los derechos de propiedad intelectual y las patentes. El último “argumento” para defender ese secretismo ante una cuestión de salud pública mundial es que la competencia “ayuda a la innovación”.
  •  Ahora, en este terreno se expresa con toda crudeza la irracionalidad sistémica, pero pensemos un segundo y traslademos este razonamiento a otras ramas: la industria alimenticia, la industria energética y el privilegio de métodos que arruinan el medioambiente, las distintas variantes de servicios (la organización de transporte, por ejemplo), el desarrollo urbano y su anarquía en función de la ganancia o hasta la industria cultural. No es muy distinto, quizá menos impactante, pero no menos irracional.
  •  Si algo dejó claro este 2020 es que el problema no es esencialmente del virus, sino del sistema que le da de comer.
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