Miles de seguidores del presidente saliente de EE. UU., Donald Trump, se concentraron ante el Capitolio en Washington y derribaron varias vallas de seguridad, lo que generó choques con la Policía y caóticas escenas a las puertas del Congreso, donde los legisladores celebran la validación formal de la victoria electoral de Joe Biden.
Como consecuencia, la Policía ordenó la evacuación de dos edificios aledaños y el cierre de emergencia del Capitolio.
Esto hizo que se suspendiera la sesión en el Senado donde se contaban los votos del Colegio Electoral para dar el triunfo formal a Biden.
Las imágenes muestran cómo los seguidores del mandatario saliente se encaran con los agentes que conforman la barrera policial de seguridad y son repelidos con gases lacrimógenos por la Policía que custodia el Congreso.
Algunos de ellos aprovecharon las estructuras desplegadas para la toma de posesión del presidente electo, el demócrata Joe Biden, para escalar y acercarse a la escalinata del Congreso. Incluso un grupo llegó a entrar al edificio.
La marcha, bajo el nombre de "Salvar a EEUU", había sido apoyada por el propio Trump para rechazar el triunfo de Biden e insistir con su denuncia de fraude.
Al mediodía, Trump se dirigió a las manifestantes para prometer que "nunca" concedería la derrota y urgió a sus seguidores a marchar hacia el Congreso.
Ante los disturbios, los legisladores pidieron un receso en sus debates.
La alcaldesa de Washington, Muriel Bowser, ordenó este miércoles un toque de queda desde las 6:00 pm hasta las 6:00 am del jueves.
La movilización e irrupción en el Congreso se da en el marco de las elecciones en Georgia que definen quién se queda con el control del Senado y en el que están ganando los demócratas, lo que implica una importante derrota para los republicanos.
En la víspera de la marcha había sido detenido el principal líder del grupo de extrema derecha Proud Boys, acusado de quemar una bandera con el lema de Black Lives Matter (las vidas negras importan) y de estar en posesión de cargadores de armas de alto calibre.
Trump había planeado una acción conjunta fuera y dentro del Capitolio, mientras que afuera llamó a sus seguidores a manifestarse en las calles (y en el propio edificio del Congreso), dentro del mismo buscaba montar un show con el apoyo de una docena de senadores y más de 100 diputados para denunciar fraude en varios estados e impugnar los votos del colegio electoral a favor de Biden. Si bien era difícil que la operación prospere en la realidad e iba a ser algo testimonial, se convirtió en lo suficientemente serio como para habilitar la irrupción de sus seguidores en el Capitolio y abrir una profunda crisis dentro del Partido Republicano.
Una de esas crisis es la propia derrota de este miércoles en Georgia lo que le daría a los demócratas la mayoría parlamentaria junto a la presidencia, en una década.
Otra de las crisis se expresó en relación al propio establishment republicano y a los legisladores que no apoyaban la deriva de Trump. En los días previos Trump había llamado a los republicanos que no lo apoyaban como el "caucus (grupo parlamentario) de la rendición", y había dicho que caerían "en la infamia como “guardianes” débiles e ineficaces de nuestra Nación, que estaban dispuestos a aceptar la certificación de números presidenciales fraudulentos!"
Pero la crisis más importante se dio este mismo miércoles con su propio vicepresidente, Mike Pence, al que le había exigido que sea el encargado de sabotear los votos del colegio electoral a favor de Biden, para que deje sin efecto la elección presidencial.
Ya dentro del recinto Pence se negó a llevar adelante la política de Trump y en un tuit el presidente dijo "Mike Pence no tuvo el coraje de hacer lo que debería haberse hecho para proteger nuestro país y nuestra Constitución, dando a los estados la oportunidad de certificar un conjunto de hechos correctos, no los fraudulentos o inexactos que se les pidió que certificaran previamente. ¡Estados Unidos exige la verdad!"
Es posible que la de este miércoles sea la última cruzada de Trump como presidente, pero muestra la crisis que ha generado al interior del Partido Republicano y el enorme peso que tiene el trumpismo como base social y política de una ala ultraconservadora del partido. Esto será al mismo tiempo una crisis de legitimidad para Biden, que inicia su mandato cuestionado (77% de los votantes de Trump creen que hubo fraude) y deberá gobernar en medio de una fuerte polarización política, además de tener que responder a las enormes expectativas que ha generado en millones de votantes del partido demócrata que esperan un giro profundo en la política y mayor ayuda ante la pandemia y la crisis económica. Expectativas que Biden no parece estar en condiciones de satisfacer.
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