Iniciando este año las noticias en el mundo de los commodities del cobre, siguen mostrando un crecimiento del precio de la libra del metal rojo, no vistos desde hace casi ocho años.
Finalizando el 2020 hasta ahora, el precio del cobre superó las barreras de los US$3,6 la libra, algo que no se veía desde el año 2013. Es más, terminando el 2020 los contratos a futuro [1] cerró en UU$3,5 la libra, y ya esta primera semana del nuevo año en lugares como Chicago, se cotizó en US$3,7 la libra del metal para contratos futuros.
Por el lado de las exportaciones a nivel nacional, el cobre jugó un rol central en el aumento de estas el 2020, y es que en el alza anual del 2,6% que acumuló US$71.728 millones, el metal rojo ocupó más de la mitad de la canasta de exportación, lo que se tradujo en US$ 36.337 millones en medio de la pandemia, lo que es un 8,3% más que el año 2019.
El factor chino ha sido el principal por el cual los números azules del cobre están siendo por ahora grito y plata para los grandes empresarios nacional y transnacionales, que saquean el principal recurso natural del país, como producto de la reactivación industrial del gigante asiático.
Esto bien lo saben las grandes firmas transnacionales, como la firma imperialista BHP, la cual a costa de la exposición de las familias trabajadoras -como se ha dado en Minera Escondida con cientos de contagios que no se informan más allá de las circulares internas de la minera- aumentó su producción a septiembre del 2020 un 2,39%, con más de 890 mil toneladas de cobre, de las que casi un 80% corresponde al concentrado de cobre, lo que se tradujo en US$ 5.198 millones por concepto de ingreso ordinario por ventas.
O las firmas privadas pertenecientes al grupo Luksic, quienes conforman el monopolio del transporte de cobre y ácido sulfúrico, así como la propiedad del puerto ATI (Antofagasta Terminal Internacional) y las mineras de Antofagasta Minerals, las que aportaron a que su fortuna creciera un 84,2% llegando a los US$19.800 millones. Este mismo grupo económico dueño del Banco de Chile, que durante la semana, a pesar de aumentar estratosféricamente su patrimonio, dejó en la calle a 500 trabajadores y trabajadoras.
Mientras el cobre llena los bolsillos de los saqueadores, la pandemia sigue golpeando fuerte a la población trabajadora
Y es así que mientras los grandes empresarios celebran las ganancias que obtiene con el saqueo del cobre, las familias trabajadoras siguen siendo las más afectadas por la pandemia del COVID-19.
Esto se ha reflejado en que sólo en una semana el Hospital Regional de Antofagasta, colapsó por el rebrote, si es que podemos hablar de rebrote, ya que nunca se ha controlado la pandemia. La región minera muestra parte de la cara brutal y más cruda del capitalismo, donde es posible que mientras miles de millones de dólares llenan los bolsillos de unos pocos grupos económicos, el hospital ubicado en la región del cobre se queda sin camas de urgencia para los casos de COVID-19.
No es coincidencia que al momento de subir nuevamente la curva de contagio en la región, el 40% tuviese relación con sectores de la minería y el puerto, es decir que a costa de la vida y salud de las familias trabajadoras las arcas de los empresarios sigue aumentando, mientras son los propios trabajadores quienes reciben los golpes de una salud pública en crisis.
Por lo mismo es que Daniel Vargas, candidato a constituyente por el distrito de Antofagasta y parte del Partido de Trabajadores Revolucionarios, denunció que el ex Intendente Edgar Blanco, quien ahora asume en la cartera de minería, fue premiado por Piñera por haber mantenido funcionando las mineras hasta el día de hoy despreciando la vida de las y los trabajadores.
Estos son los hechos que muestran la importancia de cuestionar en manos de quiénes se encuentran nuestros recursos estratégicos como el cobre. En medio del actual proceso constituyente, el debate respecto a los recursos naturales y para que son utilizadas las sobras de las ganancias de los capitalistas de la gran minería es una cuestión central. Pero, no podemos pensar que en medio de una Convención Constituyente lograremos recuperar nuestros recursos y que los empresarios por obra de la voluntad de los convencionales entregarán las riquezas como el cobre, sin mencionar las trampas en medio del proceso que permite poder de veto a una minoría que defenderá los intereses de los Luksic, Piñera y compañía. En este sentido, es necesario que en este ciclo electoral abierto, las y los trabajadores podamos conquistar nuestra propia voz, constituyentes que expresen las verdaderas necesidades del pueblo trabajador y pobre, usando la tribuna de la constituyente para fortalecer la organización y la movilización de las masas, porque será en las calles.
Porque para conseguir cada una de las demandas que millones exigimos durante la rebelión de octubre, necesitamos fortalecer el único camino en el cual podremos derrotar a los capitalistas que no renunciarán a sus privilegios: el camino de la movilización permanente, hacia un plan de lucha que culmine en la huelga general para echar a Piñera y todo este régimen, y así forjar la alianza obrera y popular para conquistar todas nuestras demandas. Sin este camino, la nueva constitución redactada por los viejos dinosaurios empresariales mantendrá todo lo fundamental de la vieja constitución de Pinochet. |