Siglos después encontramos al Opus Dei de la línea conservadora y la congregación “Legionarios de Cristo” (Marcial Maciel, fundador de esta fue encubierto por la Iglesia y Juan Pablo II por sus delitos de pedofilia), y en 1968 nace en Latinoamérica La Teología de la Liberación, que enarbolaba un compromiso por los pobres; sin embargo, lo sacerdotes que apoyaron luchas populares fueron excomulgados o castigados por la Iglesia, la que posteriormente uso y capitalizo su trabajo para continuar al servicio de los intereses de los poderosos.
Para invitar al Papa a Bolivia, el gobierno habla de una Iglesia supuestamente renovada que trabaja por la pobreza. Ese discurso y el peso que tiene el personaje del Papa, como supuesto representante de Dios en esta tierra de mortales, hace que muchas personas lo vean como un “Jesucristo Súper Star”, al que moros y cristianos tienen algo que pedir, suplicar o denunciar.
En principio el gobierno solicitaría a Francisco interceder para una salida al Mar, esta idea desechada, visibilizó cómo con esta visita el gobierno podía matar tres pájaros de un tiro y usar la vieja trilogía “Dios, Patria y familia”, que oficializa el casamiento del gobierno con la iglesia y el régimen gubernamental burgués y pro capitalista.
Sabemos que miembros de los movimientos sociales se reunirán con el Papa, con seguridad estos “elegidos” mezclan Jehová, Pachamama, Buda y capitalismo andino, así que no deberá sorprendernos si llegaran a decir a su Santidad, que la carretera por el Tipnis se la hace porque Dios y la Pachamama lo quieren.
Internos de Palmasola esperan que Francisco sea el “vocero de sus demandas por la violación de sus derechos humanos”. Esta población, como amplio sectores de la sociedad, desconoce o se niega a creer que la Iglesia tuvo grandes relaciones con regímenes fascistas y dictatoriales; y que particularmente este Papa fue cómplice de la dictadura en Argentina, habiendo sido incluso interrogado por crímenes de desaparición forzada en esta época negra para la historia latinoamericana.
Del mismo modo, las mujeres internas de Palmazola, quienes ahora le tejen un manto, también ignoran o minimizan los escándalos por el manejo del dinero en el Vaticano y sus acciones armamentistas; y puede parecerles cuento que la Iglesia fue la primera en consumar feminicidios masivos, al torturar y quemar a millones de mujeres que acusaba de brujas. Y debe quedar claro que no importa si un Papá pidió una flaca disculpa por ello, porque hasta hoy las mujeres más pobres mueren por abortos clandestinos, y niñas y adultas deben parir hijos de sus violadores, que en muchos casos son sus propios padres.
Para hacer “justicia” a tantos niños violados por cientos de sacerdotes, Francisco decidió sacar su “mano dura”, la que había consistido en juzgar Josef Wesolowski, acusado de pedofilia con una corte a puerta cerrada del Vaticano, cuya sentencia máxima sería de 7 años. Mientras tanto Wesolowski, espera su juicio en una casa de retiro eclesial: ojalá esto no termine como el cura Eduardo Revich en Chuquisaca, quien vivió una situación semejante, ahorcándose en una casa eclesiástica al saber que su Santa protectora no pudo evitar la sentencia que le dieron de 15 años por violar a 18 niños en la localidad en Icla.
Se sabe que el gobierno Boliviano continua manejando el Estado con el mismo enredo de hace siglos, donde Dios, Estado y religión eran lo mismo, y ahora ha decidido lavarle la cara y los pies a la Iglesia, con propagandas, himnos, rezos y prendedores alusivos a la llegada del Papa. Pero por su parte y con el afán de hacer borrón y cuenta nueva, la Santísima saco de un empujón al “Papa malo Ratzinger”, y puso a Francisco el reformista de origen Latinoamericano, ese que dicen es “Papa del Pueblo” en suma un “Papa bueno”.
Por eso, el asunto de “La Iglesia buena y Mala”, es una de las estrategias que permite a esta institución: “estar bien con Dios y con el Diablo”. La religión que profesa es colonial, patriarcal y burguesa, y no ha dejado de legitimar la situación de pobreza, la miseria de muchísimos y el privilegio de pocos. Esta visita y este “papa progre” representan, como señalaron agrupaciones y colectivos feministas “La misma Iglesia con otra sotana”, por eso jamás daremos la bienvenida a ningún inquisidor de nuestros úteros, cómplice del capitalismo, de la explotación de millones, y de la brutal opresión que ejerce el patriarcado.
A las personas que lanzan maldiciones de sus bocas bendecidas, a quienes no reverenciamos a ninguna iglesia ni dios, sería fundamental que revisen la historia, lo que por lo menos podría llevarles a sospechar de que en el supuesto que tienen de que existe un o dioses, estos nada tendrían que ver con instituciones religiosas como la iglesia Católica y otras, que desde los siglos de los siglos se destilan de sus páginas inquisiciones, complicidad imperialista, machismo, misoginia y sangre. |