“Chilezuela” fue el lema que popularizó la derecha en la última elección presidencial. Se suponía que Piñera llegaba nuevamente a la moneda para alejar la sombra de la crisis económica que representaba la continuidad de la ex-nueva mayoría y con ello evitar el miedo de la elite de tener que “escapar” a lo venezuela.
Pero el 2019 marcó un punto de inflexión en los planes de las principales fortunas del país, el estallido social le mostró a quienes administraron el saqueo de los últimos 30 años de que la clase trabajadora y los sectores populares no seguirán soportando este modelo heredado de la dictadura.
La pandemia no mejoró las cosas, la economía se hundió y el costo lo vienen pagando los mismos de siempre. Mientras las principales fortunas del país aumentaron sus ganancias, la clase trabajadora se empobreció como nunca y los escenarios económicos se comparan con la crisis de los 80.
Aquí, cuando el gobierno dice que el esfuerzo lo debemos hacer entre todos, una pequeña entrevista realizada por “El Mercurio” a Patrick Dwyer, este señala cómo alguna de las mayores fortunas del país se encuentran buscando asesorías legales para cambiar el domicilio de sus inversiones.
Según Dwyer, de la agencia Boston Private Wealth Management & Trust, lo que estas familias están buscando no es solo mudar sus empresas, sino también conseguir la “ciudadanía estadounidense para ellos y sus familias.”
Dwyer comenta que desde fines del 2019 al menos el 20% de sus clientes son precisamente familias chilenas e incluso tendría dentro de su cartera dos de las familias más ricas del país.
¿Razón? El supuesto “miedo” que tienen hoy los ricos por lo que ocurre en el país. El mismo miedo que mostró Cecilia Morel cuando habló de la “invasión alienígena” en medio de las protestas de octubre.
Frente a la crisis social, los ricos muestran lo que son en realidad, ellos son el ejemplo del egoísmo, la hipocresía e individualismo de esta sociedad. Esa élite que no tuvo ningún tapujo en usar un helicóptero para huir del encierro al comienzo de la pandemia o los hijos de estos millonarios haciendo fiestas con total impunidad en Cachagua.
El miedo no es a que al país le vaya mal, sino a perder sus privilegios, a perder las riendas del país que construyeron a puntas de fusiles junto a los militares en los 80 y luego junto a la Concertación en los 90.
Pero la clase trabajadora, las mujeres, la juventud y los pueblos originarios rayaron la cancha y ahora buscarán terminar con el Chile de los últimos 30 años. |