Tras conocerse el fallo absolutorio (por prescripción) del cura Carlos Eduardo José respecto de sus crímenes sexuales contra menores de edad, el Obispado de San Martín aprovechó para demostrar, una vez más, el nivel de desprecio hacia las víctimas de los abusos y de cinismo hacia la sociedad con el que siempre se manejó la jerarquía de la Iglesia católica.
A través de un comunicado la jerarquía católica de esa localidad del norte del Gran Buenos Aires, que desde diciembre conduce Martín Fassi, dijo enviar su “solidaridad” a las víctimas del excura que, pardójicamente, durante años abusó de niñas y niños de un colegio del Obispado con el amparo de las autoridades de la misma diócesis.
El texto afirma que “la diócesis de San Martín, con la firme voluntad de colaborar siempre con la verdad, se solidariza con el sufrimiento de quienes han sido afectados y heridos durante todo este doloroso proceso, en particular con las víctimas, quienes esperaban un accionar claro de parte de la Justicia, sintiéndose de esta manera vulneradas en sus reclamos y dejando incertidumbre en muchas personas acerca de la verdad de los hechos”.
Y agrega que, “siguiendo el espíritu y las expresiones del magisterio del papa Francisco esta Iglesia diocesana se compromete firmemente ‘para que ningún abuso sea jamás encubierto ni infravalorado y para erradicar este flagelo no solo del cuerpo de la Iglesia sino también de la sociedad’”.
Lo curioso del asunto (o no tanto) es que el Obispado realiza estas afirmaciones luego de que la propia querella demostrara durante el juicio, ante el Tribunal Oral Criminal N° 2, las mil y una maniobras de la curia de San Martín para encubrir al sacerdote y a sus cómplices.
En ese sentido, en declaraciones a la agencia estatal Télam el abogado de una de las víctimas, Héctor Silveira, dijo que “la diócesis de San Martín debería recordar el octavo mandamiento (no levantar falso testimonio ni mentir) porque su papel en este proceso fue penoso, lamentable y bochornoso”.
El letrado afirmó que “lo único que hace la Iglesia en esta causa es entorpecer y encubrir enviando a sus laicos más fanáticos como testigos a decir mentiras y también operar sobre el poder judicial”. Algo que, lógicamente, el obispo Fassi no puede desconocer y hasta de lo que seguramente es promotor.
El accionar del Obispado de San Martín es un claro ejemplo del modus operandi habitual con el que actúa la jerarquía católica, en todo el mundo, ante casos de abusos y demás crímenes (contra menores y mayores) protagonizados por curas, obispos y laicos de estrecha relación con la curia que llegan a hacerse públicos y avanzan judicialmente.
Vale recordar que un factor clave que garantiza que la jerarquía eclesiástica se maneje con total hipocresía sin pagar un solo costo por ello, es el encarnado vínculo que mantiene la Iglesia católica con el Estado, tanto nacional como de las provincias y municipios. Un vínculo formalizado en leyes, decretos (especialmente firmados en dictadura) y hasta en el artículo 2 de la Constitución Nacional.
Pero la lucha de las víctimas sobrevivientes de los abusos y demás crímenes a manos de curas y obispos no se detendrá. Hoy Carlos Eduardo José puede dormir tranquilo en su casa. Y aunque desde 2017 no sea más cura, seguro estará brindando con sus viejos compañeros de sotana. Pero posiblemente no sea por mucho tiempo. |