Nada que no hayamos visto antes. Esta campaña de vacunación ha dejado claros cuáles son los verdaderos intereses de la Administración. Aunque, como hemos estado viendo, el negocio con nuestra salud está siendo un patrón común en todo el territorio estatal.
El propio plan de vacunación de Ayuso se ha sustentado en gran parte sobre un contrato asignado a dedo a Cruz Roja, así como también se le ha adjudicado a una empresa privada el almacenamiento y la distribución de las vacunas en la Comunidad. Se ha terminado favoreciendo a la sanidad privada para que sea ésta quien aporte recursos materiales y humanos, en lugar de invertir en la contratación de personal público.
Nada nuevo si atendemos a la larga cadena de intereses privados durante la pandemia en la que han primado las ganancias sobre la salud pública. Algo que ya vimos en la construcción del hospital Isabel Zendal, que contó con una financiación de 100 millones de euros en contratos con empresas privadas y que estuvo plagada de irregularidades. Por otra parte, esta situación ha estado presente desde el inicio de esta crisis, como ejemplifica la carrera por la vacuna en la que las grandes farmacéuticas y laboratorios, beneficiándose de las patentes, han dirigido su producción a una mayor competitividad, ignorando las necesidades de las grandes mayorías. Los Estados y Administraciones europeas, mediante contratos, compras y subvenciones, han sido cómplices de ello.
Esta cuestión no se queda sólo aquí, ya que la gestión entera de la campaña de vacunación de Madrid está siendo un auténtico despropósito si pensamos en el poco margen de maniobra de los centros para hacer frente a los cientos de bajas de personal de Infantil, Primaria y Secundaria que se han producido en los últimos días debido a los efectos secundarios de la vacuna. Al realizarse los avisos de citas de vacunación prácticamente de un día para el otro, al no ser estos escalonados y al no haber existido una adecuada planificación por parte de la Administración, colegios e institutos se han encontrado con una situación que los ha desbordado.
Por si no fuera poco, en los últimos días se ha conocido que la vacunación a diferentes grupos de edad, tanto en Madrid como en otros territorios, ha quedado paralizada por falta de dosis. La irracionalidad capitalista y sus contradicciones muestran su clara más explícita en la gestión de la crisis actual, demostrando que los mecanismos de mercado se hallan dirigidos siempre al máximo beneficio. |