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La Izquierda Diario
26 de junio de 2015 Twitter Faceboock

OPINIÓN
Cristina, Scioli y el diablo en los detalles
Fernando Rosso | @RossoFer

La cadena nacional de Cristina en La Pampa y los mensajes para la interna del peronismo. Una disputa embrionaria y en suspenso que promete platos picantes. El liderazgo del peronismo, el kirchnerismo parlamentario, el rol de Zannini y La Cámpora.

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Según sentencia el refrán, el diablo está en los detalles. El discurso de Cristina Kirchner del pasado jueves por cadena nacional desde la provincia de La Pampa estuvo cargado de gestos y sutilezas endiabladas.

Fue la segunda presentación pública después de la designación de la fórmula única integrada por Daniel Scioli y Carlos Zannini para encabezar las listas del Frente para la Victoria.

La primera había sido en Rosario, en un acto por el Día de la Bandera. Pero allí todavía rondaba la mosca en la sopa sciolista que significaba la presencia ofuscada de Florencio Randazzo; el soldado “puro” que no fue. El mismo que huyó y dejó muchas dudas de que “sirva para otra batalla”.

En La Pampa, la fórmula Scioli-Zannini tuvo un protagonismo exclusivo, junto a otros candidatos como Julián Domínguez y Aníbal Fernández, quienes disputan la interna por la gobernación de Buenos Aires.

La presidenta hizo las críticas de rigor contra la oposición y especialmente contra Mauricio Macri. "No se gobierna el país con chamuyo y globitos, sino con números y gestión", afirmó levantando el tono y a la hinchada.

Sin embargo, lo llamativo de este tramo de su discurso fue la referencia al conflicto con las patronales del campo de hace siete años. "Los compatriotas saben qué fue lo que pasó en 2008 con la 125, y cómo casi nos hacen volcar por haber calculado mal los números", explicó cuando hablaba elípticamente del debate de los candidatos en la Ciudad y en una clara referencia a Martín Lousteau.

El desahucio político-ideológico de los militantes kirchneristas debe ser dramático por estas horas. En menos de una semana se enteraron de que “el candidato de Clarín y las corporaciones” era el heredero genuino del “proyecto” y merecedor de la fórmula única. Ahora, Cristina les informó que la “guerra contra la oligarquía” fue en realidad un tropezón matemático de Lousteau. La patria sojera es del otro y la épica, un error de cálculo.

Terminaron descubriendo que el kirchnerismo puro y rabioso del aparato de batalladores culturales no era más que un oportunismo sciolista que se temía a sí mismo.

Mensajes

Pero los verdaderos mensajes fueron para la interna que anida en la coalición oficial y en el seno del peronismo.

A Scioli le dedicó un protocolar saludo de agradecimiento por su presencia y a Zannini, en cambio, lo elevó a la categoría de mejor intérprete de sus sentimientos profundos.

“Todas las iniciativas políticas deben pasar por la discusión parlamentaria”, afirmó, tomando como excusa un proyecto actual, pero alertando que pretende mantener su fuerza en el Congreso, en base al bloque legislativo que busca conquistar en octubre.

Cuando hizo referencia al necesario recambio generacional y a la “energía positiva” que sintió al llegar al predio donde se realizaba el acto, dijo que estaba confesando un secreto político íntimo que sólo podía entender un hombre: Carlos Zannini, no Scioli. El flamante precandidato a vice fue nombrado a escasos segundos de Máximo Kirchner, que no sólo es candidato a diputado por Santa Cruz, sino postulante a liderar el bloque kirchnerista.

“La política debe ser recambio, nuevos cuadros nacionales, populares y democráticos”, dijo Cristina y reivindicó a Oscar Jorge, actual gobernador de La Pampa que “baja” a pelear por la intendencia de Santa Rosa, acto que presuntamente ayuda a la "renovación dirigencial”.

"La política no puede ser una calesita donde siempre giran los mismos caballitos", graficó para explicar su intención renovadora que nace, casualmente, cuando ya no tiene posibilidad de reelección.

El kirchnerismo venía sciolizándose, pero aspiraba a encarnar un sciolismo sin Scioli.

La aceptación del gobernador de la provincia de Buenos Aires, que hace 20 años gira en la calesita de la casta política argentina, fue una resignación. Nació a la vida política en 1997 para enfrentar al duhaldismo desde el núcleo duro del menemismo resistente. Estuvo entre los pocos hombres que acompañó a Menem hasta en los días de su prisión domiciliaria. También estuvo en San Luis, entre los escasísimos que escucharon la cadena nacional en la que Rodríguez Saa presentó su renuncia a una semana de asumir, en el convulsivo diciembre del 2001. Luego se acomodó con Duhalde hasta llegar a la vicepresidencia de la mano de Néstor Kirchner. En su prehistoria política, hubo una persona de su ambiente y entorno que lo alentó a que se anime a hacer política “porque se necesita gente nueva”: Mauricio Macri, un amigo.

“Internas abiertas”

Faltan poco más de 40 días para las PASO y la presidenta no puede reivindicar sin culpa a la fórmula que terminó postulando. Es consciente de que paga un alto costo ante un amplio sector de su base de apoyos políticos y electorales. En la vida hay que elegir.

Pese a que hay un acuerdo para que el eventual próximo gobierno de Scioli tenga el apoyo del conjunto del bloque parlamentario en sus inicios (algunos hablan del “pacto del helicóptero”), la realidad es que se abre un período de lucha interna por el liderazgo del peronismo.

Esto sucedió en otros momentos (Duhalde contra Menem, Kirchner contra Duhalde), pero en esta etapa tiene la particularidad de que la presidenta se retira con más poder que sus antecesores, que estaban depreciados por las crisis. Tiene un poder que no alcanzó para colocar un candidato “propio”, pero es suficiente para desatar una interna de magnitud. Un avatar endiablado.

Además, hay que tener en cuenta que en el centro de gravedad -la provincia de Buenos Aires-, también existe una franja del peronismo aliada a Sergio Massa.

Scioli tampoco se priva de enviar sus propias señales y mensajes. Juan Manuel Urtubey parece ser su temprano alfil para poner en pie un armado nacional para contrapesar al kirchnerismo. El primer acto del recientemente reelegido gobernador de Salta fue apoyar públicamente a Martin Insaurralde en su campaña para retener la intendencia de Lomas de Zamora. Sí, en la vida hay que elegir.

En el acto realizado hace dos días en el predio de Forja en Córdoba, Scioli elogió las “cualidades intelectuales” de su compañero de fórmula. En boca del hombre que desprecia la vida intelectual (no tiene libros en su biblioteca de Villa La Ñata, excepto los de moda que pertenecen a Karina Rabollini), esta reivindicación sonó casi como una chicana. Una señal de que el pragmatismo sciolista tratará de que ocupe un lugar decorativo menor al de Carta Abierta, lo que no es poco.

Estas manifestaciones embrionarias de una interna del peronismo, atenuadas hoy por la batalla electoral frente al “enemigo común”, son la expresión política de una crisis histórica del peronismo con sus bases sociales. Cada vez más convertido (como el conjunto de los partidos burgueses) en una federación de aparatos que viven del Estado y por supuesto de la financiación empresaria, pero no despiertan pasión en ninguna multitud.

Para los trabajadores y el Frente de Izquierda que viene consolidando su espacio político a nivel nacional, esta crisis no es para nada una mala noticia, sino que puede ser una oportunidad para empezar a superar al partido que alterna entre la contención y el orden con el objetivo de garantizar la dominación y los negocios capitalistas.

Puede ser una oportunidad para -parafraseando a Antonio Gramsci-, tomar “la cola del diablo” y ponerlo de nuestro lado.

 
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