La escasez de vacunas en América latina es una de las causas del desarrollo de la segunda ola de Covid-19.
El control de las patentes y del mercado de las vacunas es hoy una de las aristas de la competencia entre los distintos imperialismos y potencias económicas, de la cual el subcontinente es un campo de batalla. Su importancia es tal que en estos días asistimos a la visita de dos figuras claves de la política norteamericana en nuestro país: Craig Faller, jefe del Comando Sur y Juan Gonzalez, asesor especial de Joe Biden para América Latina.
Ambos vinieron a plantear su preocupación por las vacunas Sputnik y Sinopharm como formas de la penetración de China y Rusia, en lo que denominan como "diplomacia de las vacunas". El hombre de la Casa Blanca sostuvo que "como dijo el secretario de Estado (Anthony) Blinken, seremos líder global. Latinoamérica es prioridad alta, dados los casos y porque son nuestros vecinos. Aplaudimos los esfuerzos de México y Argentina de buscar formas de producir las vacunas en la región y buscamos formas de poder apoyarlos. No puedo decir qué vamos a anunciar y cómo. (Será) lo antes posible. No queremos replicar el mercantilismo de vacunas de Rusia y China, sino que queremos basarnos en las necedades de salud". Es decir que el imperialismo se propone utilizar el acceso a las vacunas como una herramienta de disciplinamiento y reforzamiento de su dominación sobre América Latina, en el marco de sus conflictos geopolíticos.
Frente a esto, si queremos encontrar en Alberto Fernández y sus funcionarios una exigencia para que se liberen las patentes, nos toparemos con una ausencia preocupante.
En Argentina el grupo Insud produce el principio activo de la vacuna de Astrazeneca, pero se envasa en México y la patente es propiedad de la empresa británica. A su vez, la distribución es decidida desde la casa matriz, por lo cual argentina no tiene acceso directo a la misma, aunque se haya reconocido la existencia de casi 40 millones de dosis en nuestro país.
Esta situación es una muestra de que las patentes es la forma jurídica de la propiedad privada de las vacunas por parte de monopolios imperialistas, que impone la voluntad sobre los países cuya condición es la opresión nacional por parte del imperialismo y sus monopolios.
La vacuna cubana y el bloqueo imperialista
Cuba es hasta ahora el único país del continente que logró desarrollar una vacuna propia, la vacuna Soberana 2, que tiene la particularidad de no necesitar de la cadena de frio, lo que es una ventaja para los países pobres y un abaratamiento de la costosa logística del traslado y embasamiento de las mismas.
Según el presidente cubano Miguel Diaz Canel, el país estaría en condiciones de producir 100 millones de dosis al año, pero esta posibilidad se encuentra limitada por el criminal bloqueo económico que los EEUU mantienen contra la Isla desde hace casi 60 años.
El bloqueo fue la respuesta del imperialismo norteamericano contra la revolución cubana, que debe sus avances científicos, educativos y sociales a la expropiación de la burguesía y los terratenientes y la ruptura con el imperialismo.
Según el último informe conocido sobre los efectos del bloqueo imperialista sobre Cuba (midiendo el periodo marzo 2019 a marzo 2020) el bloqueo causó daños en la economía cubana calculados en 5570 millones de dólares. Recordemos que el gobierno de Donald Trump dio por tierra con la política negociadora de su antecesor, Barak Obama, quien, más allá de los gestos, nunca puso fin al bloqueo sobre cuba.
El endurecimiento trumpista buscó volver a una línea dura para quebrar a la revolución y incentivar a las tendencias restauracionistas, que la propia burocracia gobernante de la isla alienta: a tener una actitud más ofensiva para liquidar las conquistas de la revolución de 1959.
El bloqueo y la política dictada por Trump, que continúa en vigencia, impiden que Cuba tenga acceso a tecnologías médicas de procedencia estadounidense o con más de un 10 % de componentes provenientes de ese país, ni para diagnóstico ni para tratamientos. Este podría ser un factor que retrase o limite el desarrollo de la vacuna cubana que, de existir, sería una fuente de provisión para América Latina.
El mismo bloqueo impido el acceso a los insumos para combatir el Covid-19: la compañía china Alibaba fue obligada a cancelar un envío a territorio cubano con un donativo de ventiladores pulmonares mecánicos, kits de diagnóstico, mascarillas y otros insumos.
Abajo el bloqueo criminal
A pesar del bloqueo criminal y del avance de las tendencias restauracionistas que la política de la burocracia gobernante en Cuba sostiene, el desarrollo de la vacuna Soberana 2 es una conquista que sólo se puede entender a partir de la liquidación de la propiedad privada y terminar con el sometimiento al imperialismo. Eso permitió un desarrollo de los recursos humanos y científicos extraordinario, además de haber puesto punto final al hambre, el analfabetismo y la falta de techo.
La cooperación continental para el desarrollo y producción de la vacuna Soberana, junto a la expropiación de los laboratorios que la producen para los monopolios imperialistas, permitirían a América Latina avanzar rápidamente en la vacunación del conjunto de la población.
Para hacerlo lo primero es luchar por poner fin al bloqueo criminal del imperialismo y exigir el retiro de la base militar imperialista en Guantánamo que es una amenaza contra la independencia de Cuba. Una exigencia de esta naturaleza estuvo naturalmente ausente en las reuniones entre el gobierno argentino y los representantes imperiales.
Evidentemente las burguesías criollas, que como decía el Che Guevara, son furgones de cola del imperialismo, incapaces de llevar adelante esta política. Sólo la movilización independiente de los trabajadores y el pueblo pobre la impondrá, sentando la perspectiva para luchar por la Federación de Repúblicas Socialistas de América Latina. |