Según el informe oficial del Ministerio de Salud, las internaciones se duplicaron en una semana. Lo que no se duplican en la provincia de Tierra del Fuego son las vacunas y las políticas por parte del gobierno de Gustavo Melella ante el avance de la segunda ola.
La situación epidemiológica de la provincia alarma a la clase trabajadora. En todos los medios de comunicación Tierra del Fuego aparece en color rojo. Esto se debe al aumento exponencial de casos positivos al que ahora se le suma la ocupación de camas en UTI (Unidad de Terapia Intensiva).
El sistema público y privado de salud pasó de tener 14 a 28 internados en terapia, lo que representa el 70% de ocupación de las camas disponibles.
Con un GPS que apunta a favorecer al empresariado y señala al pueblo trabajador de irresponsable ante la suba de contagios. Tal cómo lo manifestó la Jefa del Servicio de Infectología del Hospital Regional de Ushuaia, Luciana Bellone, quien destacó que en el sistema educativo no hubo contagios intra escolares. Tal como lo planteó el presidente Alberto Fernández en conferencia de prensa: “en las fábricas no hay contagios”, hechos que fueron desmentidos por las y los trabajadores tanto de las fábricas como del sector educativo.
Con más de 60.000 muertos por COVID-19 en Argentina, con un 42% de desocupación, con una inflación que superará el 29% anual y la suba de precios descontrolados, la línea política del estado es echar rienda suelta a la responsabilidad individual. Mientras tanto, ¿cuáles son las medidas de emergencia para la clase trabajadora?. A esta catástrofe, se le suman las promesas del gobierno durante el 2020 para vacunar a la población.
Como venimos demostrando en LID (La Izquierda Diario) hay un sector que se ve claramente favorecido con la pandemia. Queda claro que aun en una emergencia de características históricas sigue primando la lógica de las ganancias capitalistas por sobre la vida.
En 1955, la vacuna contra la poliomielitis descubierta por Jonas Salk fue oficialmente declarada libre de patente por el mismo creador. De no haberlo hecho, Salk, habría obtenido ganancias millonarias, en torno a los siete mil millones de dólares para aquel entonces. Esto habría implicado que no se erradicara con tanta rapidez la polio. El combate contra el VIH obtuvo sus frutos cuando se liberaron las patentes de algunos de los medicamentos genéricos.
Estos ejemplos sirven para argumentar por qué desde el Frente de Izquierda Unidad planteamos la liberación internacional de las patentes para la producción de vacunas, por la declaración de utilidad pública del laboratorio mAbxience que ya produce el principio activo en Argentina de vacunas que no llegan a la población, por la centralización del sistema de salud y el aumento de su presupuesto, por invertir en mayores testeos, personal y camas de terapia intensiva, o por medidas de emergencia como un IFE de $ 40.000, licencias para adultos con chicos en edad escolar, conectividad, entre otras, parten de una lógica indiscutiblemente opuesta: ni la propiedad privada, ni la subordinación al FMI, son prioridad antes que la catástrofe social y sanitaria.