La economía capitalista que prioriza la ganancia de los empresarios sobre las afectaciones ambientales y la destrucción del planeta, es sin duda una amenaza para la sobrevivencia misma de la especie humana. Las sequías y los incendios forestales producto de olas de calor cada vez más intensas son alarmantes.
En estos días se dio a conocer que el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) reportó que la inflación anual en la primera quincena de abril fue de 6.06 por ciento, esto se debe en gran medida a la ola de sequías que está afectando gran parte del territorio nacional. Los precios aumentan en los alimentos y el sector agropecuario, mientras algunos estados atraviesan situaciones críticas.
“Seguiremos con el efecto de precios altos de granos y oleaginosas que impactarán en las cadenas productivas y tendrán efectos al consumidor. El tema de la sequía será un grave problema para el sector agropecuario del país, de Estados Unidos, América Latina y el mundo”, señaló el Grupo Consultor de Mercados Agrícolas (GCMA), en entrevista al diario La Jornada.
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De la mano de la sequía viene la escasez y de la mano de ello el aumento de precios a los alimentos. En el contexto de una sociedad como la mexicana, con más de la mitad de su población en niveles de pobreza (con el agravante de crisis y desempleo que ha venido con la pandemia), podemos prever la agudización de los problemas sociales. Lo anterior mientras los grandes millonarios, las farmacéuticas y los bancos se hicieron aún más ricos durante la pandemia.
Así, un alimento básico como el arroz tuvo un aumento del 28.8 por ciento en abril respecto de marzo, seguido del frijol, con un incremento de 22.7 por ciento, mientras el kilo de carne llega en la Ciudad de México y zonas conurbadas a los 170 pesos.
Sequía y calor en aumento
Recientemente se dio a conocer que en el estado de Durango ya no hay agua para ganado en regiones como el Semidesierto. En esta entidad, según expertos, se está cada vez más cerca del “Día Cero”, es decir, del momento en el que se termine el agua. Los cuatro bordos de abrevadero con lo que se cuenta en la localidad de Cuauhtémoc, que se ubica al sur del municipio de Cuencamé, se encuentran secos, ya no hay agua para el ganado y las reses permanecen en los corrales.
No obstante, este no es el único estado que atraviesa un serio problema de abastecimiento de agua, el cuál no para de agravarse. Los estados que se encuentran en riesgo extremadamente alto son: Baja California Sur, Sonora, Chihuahua, Sinaloa, Zacatecas, Jalisco, Nuevo León, Tamaulipas, Aguascalientes, Guanajuato, Querétaro, Hidalgo, Estado de México, Ciudad de México y Morelos.
Por su parte, Tlaxcala, estado que se reporta como “en riesgo alto”, presenta una sequía que afecta el 98 por ciento de su territorio. En el caso de esta entidad, ha sido colocado como el segundo estado con un mayor incremento en el número de municipios con sequía.
En el primer lugar se encuentra Sonora, donde actualmente 71 de sus 72 localidades, es decir el 98.6 por ciento de su territorio padece dicha problemática. Le siguen Tlaxcala (98.3 por ciento), Guerrero (88.9 por ciento) y Ciudad de México (81.3 por ciento).
Por otro lado, la escasez del agua también hay que mencionar el acaparamiento tanto de transnacionales, como de empresas mexicanas. Según la UNAM, por ejemplo, hay un acaparamiento del 70% de las concesiones por apenas el 2% de la población del país. Este tema va a su vez atravesado por la Ley de Aguas Nacionales de 1992, sobre la compraventa del agua, la apertura del sector a grandes intereses transnacionales, la sobreexplotación y contaminación de mantos acuíferos, ríos y lagos.
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Cambio climático y capitalismo
A medida que los efectos del calentamiento global se hacen sentir con incendios gigantescos, sequías y otros desastres como huracanes o inundaciones, las consecuencias del sistema capitalista se hacen más visible.
Mientras la derecha “libertaria” y conservadora con personajes como Trump o Bolsonaro se empeñan en negar el cambio climático, las consecuencias de éste lo sufren cada vez más los sectores populares y la clase trabajadora. Un trabajador que no puede acceder a comer carne por lo elevado de su precio, en el marco de la escasez y la sequía, es una víctima de un sistema irracional que pone por delante la ganancia y el interés empresarial.
Es urgente organizarse para cambiar de raíz por la vía revolucionaria este sistema y avanzar en un modo de producción donde se pongan los recursos científicos y tecnológicos al servicio de la humanidad, para producir de forma racional sin sobre explotar la naturaleza. Ésta es la única forma de hacer frente a la barbarie que nos amenaza. |