Ha pasado poco más de una semana desde las denominadas “mega-elecciones” donde, entre otros cargos, se eligieron las y los convencionales constituyentes. Desde ese entonces hasta ahora hemos visto cómo la derecha se quedó sin el tercio necesario para vetar iniciativas por sí misma, y cómo la vieja Concertación se está embistiendo a sí misma. Pero hemos visto al mismo tiempo, que los sectores que más se vieron favorecidos por esas votaciones son el sector de independientes y el bloque Partido Comunista-Frente Amplio.
Para llegar a esta convención se sentaron desde la UDI a sectores del Frente Amplio a negociar entre cuatro paredes y desviaron la movilización, imponiendo un proceso lleno de trampas y obstáculos. Dicho acuerdo rescató a esos mismos partidos, incluyendo a Piñera, responsable de múltiples violaciones a los Derechos Humanos y que ha gozado de impunidad desde entonces mientras centenares de jóvenes siguen en prisión política por montajes o porque la policía declaró en su contra como único testigo.
Aún con ese salvataje, las elecciones terminaron en crisis para los viejos partidos del régimen. El infame “Acuerdo por la Paz”, que le salvó el pellejo a Piñera, retrasó el tiempo y disminuyó la magnitud de la crisis en la que estaban entrando con la rebelión popular y, sobre todo, con la jornada de Huelga General el 12 de noviembre. Así, lo que podría haber caído en ese momento mientras conquistábamos una verdadera Asamblea Constituyente Libre y Soberana, fue desviado por quienes gestionan la herencia de la dictadura desde hace 30 años y mantienen al criminal de Piñera en el poder hasta el día de hoy.
Con la crisis actual de estos partidos, la consigna “Fuera Piñera”, que sonó en cientos de marchas a lo largo del país, y que fue acuñada también en campañas para constituyentes, como el caso de la Lista del Pueblo, puede hacerse realidad. La misma Lista del Pueblo puede empujar a que esa consigna se haga realidad. Nada le prohíbe a alguno o alguna de sus constituyentes declarar “Someto a votación la destitución de Piñera”.
Nada les prohíbe tampoco, levantar las movilizaciones necesarias para lograrlo y no dejarlo recomponerse junto a su bloque. El Partido Comunista, que llamaba a rodear la constituyente, debería estar también llamando a movilizar, en lugar de tratar de garantizar un proceso normado a las espaldas de la rebelión. El asumir esta lucha por sacar a Piñera, que es una de las consignas más atingentes hasta el día de hoy, va a implicar choques.
Ante un proceso impuesto entre cuatro paredes, con miles de trabas, y a espaldas del pueblo, es completamente legítimo que la convención asuma las funciones legislativas y ejecutivas necesarias para decretar la destitución y el juicio que tiene que afrontar Piñera por su responsabilidad en decenas de casos de asesinato, cientos de mutilaciones y miles de agresiones ocurridas en su mandato. El mismo razonamiento vale para decretar la liberación de las y los presos políticos de la rebelión.
Piñera y la derecha pueden haber tenido peores resultados de lo que esperaban, pero ellos no están destruyéndose a sí mismos. Al día siguiente de la elección ya estaban cerrando filas, en la UDI bajaron la candidatura de Matthei quien, a su vez, se replegó de vuelta a la alcaldía, quedando Lavín como único candidato de la UDI. Se están preparando de manera defensiva para reconquistar terreno. Una convención con Piñera en el poder significa darle más espacio para recomponerse. Lo peor sería permitírselo y desperdiciar la oportunidad de realizar una verdadera Asamblea Constituyente Libre y Soberana. |