Esta prueba concentra lo peor de un sistema educativo basado en memorizar el temario y vomitarlo en el examen. No tiene ningún sentido desde el punto de vista educativo y por eso ha sido cuestionada por muchos pedagogos que piden reducir su importancia e incluso eliminarla.
Pero la selectividad no existe por motivos académicos, sino que está para restringir el acceso a la universidad o a buena parte de sus carreras a centenares de miles de estudiantes. Ya a finales del siglo XIX Francisco Giner de los Ríos defendía implantar un examen de acceso a la universidad con el objetivo de “la limitación del número de alumnos que pueden concurrir a una misma cátedra”. Desde su implantación definitiva en 1975 la selectividad ha mantenido este objetivo, ¡esto es hace casi 50 años y bajo el franquismo!
Por supuesto, las que nos vemos especialmente afectadas por esta criba somos las hijas y los hijos de las familias trabajadoras, es decir, aquellas que no podemos permitirnos una academia o clases particulares ni papá nos paga institutos privados en los que nos regalan las notas. Somos las que venimos de centros educativos que han sufrido los recortes en educación, la masificación de las aulas y los problemas de la enseñanza online en tiempos de covid.
Un estudio de Xarxas Vives en 2019 reveló que sólo el 10,6% de los universitarios son de clase baja frente al 55% que representarían los estudiantes de clase alta. Esta desigualdad en el acceso a la universidad se consigue mediante la selectividad, las cada vez más altas tasas de matrícula, limitando y recortando plazas o haciendo imposible compaginar estudios con trabajo, entre otros muchos mecanismos.
El Plan Bolonia de 2008, la reforma de la selectividad y la subida de las tasas de matrícula en 2012, entre otras contrarreformas universitarias, no sólo supusieron la expulsión de más de cien mil estudiantes de clase trabajadora, sino que consolidaron un modelo de universidad neoliberal al servicio de las grandes empresas.
Las universidades están secuestradas por bancos y grandes multinacionales como el Santander, el BBVA, Iberdrola, Endesa o el grupo PRISA, entre otras, a través de los Consejos Sociales. En estos organismos presentes en todas las universidades representantes de estas empresas confabulan con la casta universitaria de rectores y decanos para decidir la oferta de estudios, las plazas, el precio de las matrículas y, en general, cómo seguir privatizando la universidad pública y entregándola a los intereses de los capitalistas.
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A los y las estudiantes no se nos da ninguna posibilidad de decidir sobre el destino de la universidad. Nuestro voto vale treinta veces menos que el de un catedrático y somos una minoría en los órganos de representación a pesar de ser la inmensa mayoría de la comunidad universitaria. Órganos que por otra parte están de adorno, pues las verdaderas decisiones se toman en los despachos y en los mencionados Consejos Sociales. La universidad neoliberal es profundamente antidemocrática.
Esta es la universidad a la que accedemos cuando superamos la criba de la selectividad, pero no es la universidad con la que tenemos que conformarnos. Tenemos que luchar por una universidad pública, gratuita y universal. Por que el acceso a la universidad sea libre terminando de una vez por todas con la EBAU y ampliando el número de plazas. Para cuestionar el sistema de evaluación por exámenes que estructura todo el sistema educativo. Para que la enseñanza sea de calidad aumentando su financiación mediante fuertes impuestos a las grandes fortunas y millonarios del país.
Por una universidad radicalmente democrática en la que los y las estudiantes, junto a docentes, trabajadores y trabajadoras de los campus tomemos las decisiones y no un puñado de grandes empresas. Luchar para que lo que se enseñé en las universidades sirva para resolver las necesidades sociales de la clase trabajadora y el pueblo y no para seguir reproduciendo este sistema capitalista generador de pandemias, miseria y crisis climática.
Tenemos que volver a poner en pie un movimiento estudiantil asambleario y democrático que luche por esta perspectiva. Un movimiento estudiantil que deberá enfrentar en primer lugar a este gobierno que se dice progresista pero que está preparando una nueva contrarreforma neoliberal de la universidad, la LOSU, de la mano de Manuel Castells, el ministro que defiende el modelo americano de universidad privada y elitista.
La juventud de Contracorriente llevamos años organizándonos y luchando por una universidad para la transformación de la sociedad que sea punta de lanza contra el sistema capitalista y este régimen monárquico podrido. Para ello participamos en huelgas obreras y estudiantiles, nos organizamos cada 8M junto a nuestras compañeras de Pan y Rosas, realizamos asambleas y movilizaciones, referendos sobre la monarquía, seminarios de la Cátedra Libre Karl Marx, escribimos en izquierdadiario.es… Porque queremos pasar del cuestionamiento de la universidad de clases a la crítica de la sociedad de clases.
Te invitamos a organizarte y luchar junto a nosotras por estas ideas. Que tu paso por la universidad no se limite a ir a clase y hacer exámenes, tal y como quisieran los empresarios, rectores, el Gobierno, etc. No hay mayor aprendizaje ni crecimiento personal que el que se adquiere luchando por un mundo libre de explotación y opresiones. ¡Súmate!
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