Nada mejor que el fútbol, nada mejor que un amistoso entre viejas estrellas de dos de los equipos más importantes del mundo como el Real Madrid y el Barcelona para dar un mensaje al mundo de alegría y normalidad. El partido que este martes 20 disputaron cracks de otros tiempos como Ronaldinho, Saviola, Figo, Deco, Rivaldo o Roberto Carlos, tuvo un objetivo indirecto muy claro: lavarle la cara con fútbol al Estado de Israel, que apenas en estos días estuvo en el tapete por expulsar con represión a población árabe de la mezquita de Al Aqsa en Jerusalén Este para permitir el ingreso de colonos judíos (una medida que resulta una provocación para palestinos y musulmanes) y por su papel todavía poco aclarado sobre el desarrollo de un software de espionaje a periodistas y activistas por parte de la empresa israelí Pegasus.
Pero además de estos hechos más recientes, Israel este año volvió a ocupar las portadas de los medios de todo el mundo por sus ataques a Palestina, con misiles de alta potencia e incursiones militares de las que es víctima la población civil, especialmente niños y niñas.
La fiesta del fútbol grande como un Real Madrid-Barcelona en Tel Aviv funciona (o intenta hacerlo) para disimular con goles y colores el curso cada vez más agresivo y militarista que está tomando Israel. En un partido que finalizó 3 a 2 a favor del equipo madrileño (con goles de Munitis, Alfonso y De la Red, mientras que Ronaldinho y Mateu descontaron para los culés), ninguna de las figuras alzó la voz para dar cuenta de esta situación o alertar sobre los padecimientos de Palestina y la población árabe dentro del Estado de Israel. Lamentablemente se prestaron a lo que podemos denominar un “fútbol-washing” ante la mirada de 29 mil personas que asistieron al estadio Bloomfield de Tel Aviv como si nada pasara. |