Fue cuna de la primera república de color independiente, nacida en 1804. Entre enero y febrero pasado el pueblo tomó las calles para protestar contra el gobierno de Moïse, el presidente asesinado hace poco. Hoy el pueblo haitiano enfrenta las consecuencias del sismo de 7.2 del 15 de agosto, que dejó más de 1400 personas fallecidas y se prepara para la tormenta tropical Grace.
De acuerdo con pronósticos del Centro Nacional de Huracanes de Estados Unidos, Grace se hará sentir entre la noche del lunes y la mañana del martes en la proximidad de la isla de La Española, compartida por Haití y República Dominicana.
Según un comunicado de este organismo estadounidense “Estas fuertes lluvias pueden producir inundaciones repentinas y urbanas y posibles deslizamientos de tierra”.
La tormenta puede obstaculizar las labores de rescate y complicar más la situación. Van hasta ahora más de 1.400 muertos, más de 6.900 heridos y miles de viviendas colapsadas, junto con graves daños en infraestructuras y cortes en los servicios básicos. La región más afectada es el departamento Sur, con 1133 muertos.
Se prevé que este departamento es muy vulnerable ante la tormenta, y puede haber inundaciones, porque son terrenos bajos. Hasta el momento hay zonas a las cuales los rescatistas no han podido acceder por daños en las carreteras, como Sur, Grand’Anse, Nippes y el Sureste. A su vez estos departamentos, previo al sismo, ya estaban aislados de Puerto Príncipe por la fuerte presencia de bandas armadas.
Ariel Henry, el primer ministro prácticamente nombrado por el gobierno de Biden en una brutal expresión de la injerencia imperialista en Haití, como es práctica habitual en distintos países ante desastres naturales, desplegó policías y militares, los mismos que reprimen cada protesta social.
Mientras tanto, los gobiernos de Colombia, Chile, México y Estados Unidos enviaron ayuda y grupos de rescatistas. Sin duda, la ayuda internacional es necesaria. Pero la experiencia tras el terremoto de 2010 fue terrible: las tropas enviadas por la misión de Naciones Unidas llevaron el cólera a la isla, y se multiplicaron violaciones a los derechos humanos y abusos sexuales contra la población local. A su vez, como señalamos acá, ante la desgracia de la isla hubo empresas que hicieron millonarios negocios con la reconstrucción, con los que estuvo relacionada la Fundación Clinton (durante el gobierno de Barack Obama) y la constructora brasileña OAS.
Crisis, desastres naturales, pandemia y pobreza
Este pequeño país caribeño es el más pobre de la región, con 60% de sus habitantes por debajo del umbral de pobreza, y su población asciende a 11,4 millones de habitantes, de acuerdo con datos del Banco Mundial.
La pandemia golpeó fuerte a pueblo haitiano, y apenas en julio pasado llegaron los primeros lotes de vacunas contra covid-19. Hasta el 14 de julio apenas 366 personas habían recibido dosis completas, y 19,182 tienen una dosis. Según los datos reportados hubo 20,507 contagios y 576 muertes. Pero con la crisis estructural en los servicios de salud pública, de seguro hay subregistro.
En ese mismo mes, Haití ocupó las primeras planas de los medios internacionales por el asesinato de Jovenel Moïse, el presidente muy cuestionado por imponer un fuerte aumento de precios y luego por una escasez de combustible, y acusado de malversación de fondos en 2019, antes de asumir el poder.
El anterior terremoto fuerte que azotó el país, de 7 puntos, tuvo lugar el 12 de enero de 2010, destruyó la capital Puerto Príncipe y su periferia. El saldo: más de 200 mil muertos, más de 300 mil heridos, y 1.5 millones de personas sin hogar.
La esperanza para superar estas crisis está en el pueblo haitiano, que en el siglo XVIII encabezó una imponente rebelión de los esclavos, liderada por Toussaint Louverture.