Llamó la atención la forma precaria e improvisada en que se realizó la cuenta pública. Entre otras cosas, la presentación de la presidenta de la convención, Elisa Loncón, no fue transmitida, aunque algunas de sus intervenciones fueron cubiertas por la prensa. Esto no solo es responsabilidad de los constituyentes, sino también es una muestra del bloqueo parcial del gobierno hacia la instancia, que ha sido evidente desde el comienzo.
Elisa Loncón, constituyente electa por escaño reservado mapuche, presentó en Talca desde la Comunidad Inche Tañi Mapu en sector Los Areneros. El vicepresidente Jaime Bassa, candidato del Frente Amplio electo en D7 Quinta Región, lo hizo en Viña del Mar, en la Plaza Simón Bolívar de Forestal Bajo. En cuanto a los vicepresidentes adjuntos, Tiare Aguilera, escaño reservado Rapa Nui, presentó en la biblioteca pública Centro Katipare en la isla; Isabel Godoy, escaño reservado Colla, en Copiapó, junto a la Comunidad Colla Inés María Órdenes; Lorena Céspedes, de la lista de Ind. No Neutrales en Temuco, lo hizo en el auditorio del Consejo Municipal de la ciudad; Pedro Muñoz, constituyente PS electo en D24 (comunas alrededor de Valdivia), en el edificio Consistorial de la municipalidad de La Unión; y por último, los convencionales electos en el D28 del extremo sur, Elisa Giustinianovich, la primera constituyente en retirarse de La Lista del Pueblo, y el UDI Rodrigo Álvarez, presentaron en línea con la Región de Magallanes. Faltó Rodrigo Rojas, el "Pelao Vade", último quiebre público de La Lista del Pueblo, contra quien la derecha ayer lanzó una repulsiva campaña por haber mentido sobre su enfermedad, que no era cáncer, sino otra aunque muy distinta, grave e igualmente abandonada al mercado de la salud [1].
Jaime Bassa comenzó destacando las dificultades que tuvo la Convención “para salir del punto muerto y mover a la constituyente”, al enfrentar a quienes “no querían que la Constituyente se consolidara como un espacio de poder”, aunque omitió sus nombres. Sin embargo, él también fue parte de quienes pusieron obstáculos para darle poder soberano a la convención, partiendo por oponerse a decretar, por sobre los poderes constituidos, la libertad de los presos políticos. Porque ningún proceso constituyente que se diga democrático puede hacerse manteniendo la represión a luchadores con la que se castiga a todo el pueblo lo hizo posible. Pero Bassa se olvidó por completo de ellos: “el mes de julio fue eso, darnos reglas propias, establecer comisiones provisorias, normas para la integración de esas comisiones, reglas para el uso de la palabra…”. Reglas que, según declara él mismo, fueron principalmente creadas desde la Mesa, y que no cuestionaron las impuestas por el Acuerdo por la Paz. Como el quorum de 2/3, que Bassa apoya.
Respecto al el mes de agosto, Bassa lo refirió como “el mes en que toda la maquinaria propia de la Constituyente empieza a funcionar por su cuenta, ya no con el impulso de la mesa (...) las comisiones provisorias empezaron a trabajar”. Reivindicó la ampliación de la Mesa, promovida por la ex-concertación y el Frente Amplio para permitir que la integrara la derecha: “nos tomamos muy en serio la distribución del poder (...) subimos a 7 personas a la mesa”. Luego de esto, destacó el número de sesiones y audiencias realizada por las comisiones. La convención recibió 1.200 solicitudes de audiencias públicas, de las cuales 821 se concretaron. La comisión de Ética fue la que más sesionó durante el mes, 31 veces, y Derechos Humanos fue la que más audiencias realizó, 280 de las 307 solicitudes que recibió. Un número grande, sin duda.
Frente a esta cantidad de demanda de participación ciudadana, la Convención pareció a veces demasiado estrecha. Recordemos que tiene apenas 155 convencionales para un país de casi 20 millones de habitantes. Es la misma cantidad de escaños que la cámara parlamentaria, uno de los órganos más deslegitimados por la revuelta, y la cual creó la Convención a su imagen y semejanza. Para haber sido un órgano verdaderamente democrático la Convención creemos que hubiera debido ser 10 veces más amplia y con sueldos 10 veces menores. Además de haber tenido mandato y revocabilidad desde las asambleas de base. Pero sobre todo ser una Asamblea Constituyente Libre y Soberana. Es decir, sin ningún poder constituido imponiendo las reglas como es ahora. Y no una "tercera cámara" que se deba limitar a acordar la redacción de un único texto constitucional, sino un órgano constitucional para decidir y dar respuesta, tanto en lo inmediato como a largo plazo, a las demandas de Octubre.
Elisa Loncón, tras presentar la cuenta, insistió en la petición al gobierno de aumentar el presupuesto para las asignaciones y para bienes y servicios de los convencionales. “De eso depende que nosotros lleguemos a todo Chile”, dijo la presidenta de la CC, “necesitamos esos asesores, porque nosotros solos no tenemos la expertiz”. Recordemos que esta semana la mesa solicitó $1.773 millones adicionales para asignaciones y $393 millones adicionales para Bienes y Servicios. Estas asignaciones irían destinadas a pagar a los asesores y gastos operacionales de los convencionales, cuyas remuneraciones personales se mantendrían en 50 unidades tributarias mensuales (UTM). Esta dieta, cuyo monto en pesos se corrige automáticamente según la inflación -privilegio que podría ser un derecho para todos los trabajadores-, equivale a fecha de hoy $2.631.550. Un ingreso que en Chile, sólo percibe menos del 3% de las personas ocupadas, incluyendo aquí a los empresarios, que también son el 3% de estas [2].
Respecto a lo que viene, los convencionales señalaron en la cuenta que “durante el mes de septiembre estaremos realizando el trabajo de deliberación, armonización y votación del Reglamento de la Convención, lo que nos permitirá ya pasar a una segunda etapa de este proceso constituyente que consiste en el trabajo propio de los contenidos para una nueva Constitución”. Reglamento que ya viene siendo "cocinado" por los partidos y los “independientes que la integran, para aceptar las reglas impuestas por el Acuerdo por la Paz y respetar a los poderes constituidos del régimen de los 30 años.
En el actual escenario es necesario levantar una alternativa para retomar el camino de lucha abierta por el estallido y que fue desviada a la institucionalidad del régimen. Para eso hace falta fortalecer un frente de independencia de clase que no se subordine a las cocinas, ni a las lógicas parlamentarias. Una alternativa política con un programa anticapitalista, cuyo centro sea la autoorganización de las masas trabajadoras, para impulsar la lucha por las demandas de Octubre y por un gobierno de las y los trabajadores.
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