Lo que hay en curso es una enorme operación de los poderes del régimen para derechizar o moderar el escenario político. Hay un frente político y otro frente económico. El político pasa por condicionar lo más posible la Convención Constitucional, incluyendo ataques en su contra y a los constituyentes que se mostraban más rupturistas, para manchar y desacreditar las banderas de la rebelión de octubre.
No se trata de hacer caer la Convención. De ninguna manera. Esta sigue siendo una de las principales herramientas que ha tenido la clase dominante y sus políticos para canalizar el estallido social. De lo que se trata es de presionar para que ésta se subordine obedientemente al rayado de cancha del “Acuerdo por la Paz”, por ejemplo, los dos tercios. La derecha golpea y luego el Frente Amplio y el Partido Comunista otorgan. Hasta La Lista del Pueblo validó que la Convención no debía “inmiscuirse” en otros poderes del Estado.
El frente económico pasa por la campaña para limitar el gasto fiscal (presionando para retirar los IFE), evitar nuevos retiros y enfriar el consumo popular. En ese sentido va la inédita medida del Banco Central de duplicar la Tasa de Política Monetaria. Pero concentrémonos en el frente político.
Chivos expiatorios
El montaje realizado por Rodrigo Rojas Vade, quien se catapultó como personaje político (y vicepresidente de la Convención) a partir de un cáncer inexistente, fue un favor a esta ofensiva y ha sido utilizado día y noche por los partidos del régimen y los poderes del establishment para buscar desmoralizar a quienes confiaron en La Lista del Pueblo y las demandas del estallido. Buscan sembrar la apatía y el escepticismo. Quieren hacer creer que al final todos son corruptos, incluso los que decían luchar por acabar con la herencia de la dictadura. Obviamente que los que ganan con esto son los Sichel, los Boric, las Provoste.
Muchos se preguntan cómo llegamos hasta aquí. Cómo pasamos de ser millones en las calles y tener a Piñera y a todo el régimen de los treinta años en las cuerdas; cómo pasamos de un plebiscito donde el rechazo obtuvo apenas un 20% y de la aplastante derrota de la derecha y la ex Concertación en las elecciones constituyentes; a tener como posible próximo presidente a Boric o Sichel, a una Convención totalmente subordinada a las instituciones del viejo régimen, a las y los presos aún en las cárceles y a la Lista del Pueblo en abierta descomposición.
Este no es el primer capítulo de la ofensiva de la derecha
Esta nueva escalada es sólo el segundo capítulo de una gran operación de salvar al régimen y los poderes instituidos. El primero fue el Acuerdo por la Paz y la Nueva Constitución, donde Boric fue uno de sus principales artífices. El establecer una Convención Constitucional fue visto como una herramienta necesaria por todos los partidos, desde la UDI hasta el Frente Amplio y el Partido Comunista para “institucionalizar” y canalizar la rebelión popular.
Salvaron a Piñera y lograron sacar el protagonismo de las calles. Pero es cierto que el resultado de las elecciones constituyentes no fue para nada el que buscaba y quería la derecha y la centroizquierda. La Convención era para los primeros un “mal necesario”, para los segundos una oportunidad para reoxigenar y re-actualizar el envoltorio político de la dominación capitalista. Pero el resultado fue inesperado y muy de “izquierda”. Por eso el segundo capítulo, una vez vaciada la Plaza Dignidad, ha sido condicionar lo más posible la Convención para que no se salga un milímetro del Acuerdo por la Paz. Y para eso vale todo: reportajes con fuentes irregulares en La Tercera, la PDI yendo a la Convención, etc.
La mejor defensa es romper el “Acuerdo por la Paz y la Nueva Constitución”
Ante la ofensiva de la derecha y los partidos de los treinta años, el Partido Comunista, el Frente Amplio y los constituyentes de La Lista del Pueblo, se apresuran a impulsar la consigna de “defender la Convención” (lo que claramente va de la mano por votar por Boric en noviembre). Esta idea también ha sido esbozada, incluso, por sectores a la izquierda del reformismo, como la columna de Manuel Cabieses “¡Despierta Chile! Todo el poder a la Convención". Quieren hacernos creer que la Convención es la real representante del estallido social y por eso hay que defenderla acríticamente de la derecha.
Pero el problema es que una Convención totalmente subordinada a este régimen y sus políticos, que discute cosas completamente alejadas de las urgencias populares y que no vota ninguna medida clara a favor del pueblo (como hubiese sido decretar la libertad de las y los presos políticos, y no renunciar a la soberanía como lo hicieron), no genera mucho entusiasmo para acudir en su defensa. ¿Y frente a esto qué hace el Frente Amplio y el PC? Respetan el Acuerdo por la Paz. Atria, Bassa y Loncón son los paladines de los dos tercios. Y el Partido Comunista lanza frases a izquierda como "rodear la Convención" que se las llevan el viento.
La mejor defensa es romper el “Acuerdo por la Paz y la Nueva Constitución” y tomar medidas claras y enérgicas. Partiendo por disponer la completa revocabilidad de todos los convencionales por sus propios electores a través de plebiscitos revocatorios, para poder sacar a tipos como Arancibia que fueron parte de la dictadura de Pinochet. Decretar que todas y todos los constituyentes ganen como una profesora sin privilegios. Y declararse realmente soberana para votar todas las urgencias populares.
La clase trabajadora debe entrar a la escena política
Hay algo que no podemos nunca olvidar. La clase dominante no puede borrar de un plumazo el espíritu del estallido y el anhelo de acabar con los 30 años de herencia de la dictadura. No puede borrar así como así el anhelo de una salud pública y de calidad, de acabar con los mercaderes de la salud y las listas de espera, que justamente fue el legítimo motivo de miles para votar por candidatos como el “Pelao Vade”. Por eso tienen que hacer muchas maniobras y combinar una serie de golpes para buscar recomponer la gobernabilidad. Evidentemente, no la tienen ganada.
La fuerza que se expresó en la rebelión, hoy se muestra inicialmente -dispersa y de manera aún globular- en diversas luchas y huelgas. Si esa fuerza se unificara y desplegara, podría detener cualquier intento de golpear al pueblo. Y por eso es tan importante intervenir en el escenario político y electoral con una voz independiente a los empresarios y sus partidos, como lo hacemos desde el “Frente por la unidad de la clase trabajadora”. La campaña contra el trabajo precario, por la reducción de la jornada laboral para que todas y todos puedan trabajar, repartiendo las horas de trabajo entre ocupados y cesantes, son ideas que queremos hacer llegar a miles de trabajadores. De lo que se trata es que la clase trabajadora entre a la escena política.
No se trata de vivir del folclore de la revuelta. De lo que se trata es de ver cómo se expresa hoy esa fuerza y cuáles son las grietas por las que pugna salir. La palabra “huelga” empieza a volver a la escena y a ser comentada. Eso fue lo que lograron las y los trabajadores de Transbank, una empresa que todo Chile conoce. Por ahora se trata de pasos iniciales y dispersos, pero que deben concentrar toda nuestra atención. Las y los trabajadores de Tottus de Vallenar viajaron a Santiago y lograron romper el cerco mediático. Luego de más de dos meses en huelga, conquistaron su petitorio.
Podemos mencionar otras luchas, como la de las y los trabajadores de la Corporación de Puente Alto, tecnólogos médicos, matronas, Colegio Coya en huelga, Concesionaria Siglo XXI del Hospital Regional de Antofagasta, trabajadores del Hospital del Barros Luco que enfrentan los sumarios y persecuciones luego de su exitosa movilización de junio, minera Mantos de la Luna, trabajadoras del mall Costanera Center exigiendo que no se alargue la jornada laboral, trabajadores de corporación Educacional Alberto Widmer, trabajadores en huelga en Albemarle, Caserones, Ingepromin, entre muchas otras.
Se trata de luchas económicas y que muestran una cierta recomposición de la organización sindical. Cualquier persona que habla con las y los trabajadores en huelga se dará cuenta que Chile no volvió al período previo al estallido. El odio a Piñera, la referencia a la calle, la lucha a discutir política y cuestiones de fondo es algo que se palpa. Mantenerlas aisladas es un crimen. Y esa es la responsabilidad, nuevamente criminal, de organizaciones como la CUT. Si se organizara una gran marcha con todas y todos esos trabajadores en las principales ciudades del país, exigiendo un pliego de demandas que incorpore cuestiones sentidas y transversales como salud, educación, salarios, empleo, esa fuerza aún dispersa se transformaría en un hecho político.
Es por esto que impulsamos la coordinación en cada lugar donde estamos. Y es por eso que utilizamos la campaña electoral para amplificar un programa obrero y amplificar cada lucha. La candidatura de Lester Calderón en Antofagasta, que los principales analistas de la región catalogan como una de las que puede dar la sorpresa en estas elecciones, tiene esa importante. Y es que Lester es fiel representante de esa nueva clase trabajadora que se forjó primero en las luchas y asambleas del 2006, luego en las huelgas, luego en la rebelión y que ahora se propone llevar la voz de las y los trabajadores al Congreso.
Una causa que debe apoyar todas y todos quienes apoyaron la rebelión y que debe concitar la atención de toda la izquierda que se reclama revolucionaria. |