El Gobierno de Macron ha vuelto a privilegiar sus políticas autoritarias y punitivas en Francia, cómo lo hizo durante toda la pandemia. Esta vez sobre el personal de salud que aún no ha recibido al menos una dosis de la vacuna anticovid.
"Ayer hubo unas 3.000 suspensiones que han sido notificadas al personal de centros de salud" por no haberse puesto al menos una dosis de la vacuna, declaró el ministro de Sanidad, Olivier Véran, a la emisora de radio RTL, que reveló que "también hubo decenas de despidos".
La obligación de vacunar contra la Covid-19 entró en vigencia este miércoles para 2,7 millones de profesionales de la salud en Francia que trabajan en hospitales, residencias de ancianos, cuidados, ayudantes a domicilio, bomberos, asistentes de ambulancia.
Según datos oficiales recogidos por la agencia pública de sanidad, hasta el 12 de septiembre, el 89,3% de los cuidadores en centros de acogida de personas adultas dependientes habían recibido al menos una dosis. En cuanto a la población en general, la cifra se eleva a 73,9% de personas.
La entrada en vigor de este pase sanitario hospitalario, como anunció Emmanuel Macron en su discurso del 12 de julio, marca un nuevo punto de inflexión en el autoritarismo de la gestión sanitaria del Gobierno. Así, el personal hospitalario, médicos, psicólogos y enfermeras, pero también los bomberos y gran parte del personal auxiliar del sector sanitario están ahora expuestos a una suspensión del contrato de trabajo, sin remuneración.
La lista del personal involucrado, de un total de 2,7 millones de personas, es bastante esclarecedora. No es ni más ni menos de primera línea, la que luchó contra el Covid sin máscaras y guantes, a veces con bolsas de basura como batas, a la que Macron en plena crisis no le dio más que promesas futuras.
Valérie, una auxiliar de enfermería de 57 años de los Hospitales de París (AP-HP) le dijo al sitio Médiapart: "Ya sea que estemos vacunados o no, nos oponemos a la obligación" recordando que quienes ahora están siendo atacados son los mismos que antes se han visto "obligados a venir a trabajar incluso enfermos" para hacer frente a la pandemia. Lo mismo señala el anestesiólogo de Hénin Beaumont Arnaud Chiche, quien discute contra las suspensiones de personal sanitario: "cualquier normativa que haga de que haya menos cuidadores en el hospital es una pésima decisión".
Es que al colocar la carga de su nueva ofensiva autoritaria sobre los trabajadores de la salud y por extensión sobre sus pacientes, Macron está jugando un juego peligroso al disfrazar la lucha contra el covid para llevar adelante un nuevo ataque al hospital público. La ya terrible situación de la salud publica podría profundizarse rápidamente, ya que la falta de personal ha sido la norma tras décadas de políticas neoliberales de desguace.
No podemos olvidar que el hospital solo pudo mantenerse de pie durante el pico de la pandemia por la dedicación y el trabajo, aún en condiciones totalmente precarias, de esas mismas personas que hoy están siendo atacadas.
Este miércoles se realizaron varios encuentros de trabajadores sanitarios contra la introducción del pase de salud en el hospital. En Montpellier, hubo más de 300 "batas blancas". En Burdeos , varias decenas de personas se reunieron frente al hospital Pellegrin para exigir “No a los despidos, ni sanciones. Sin deducción salarial”. También se realizaron encuentros frente a otros hospitales.
Sin embargo, a pesar de estos ataques de Macron, no se puede ocultar la ausencia casi total de las direcciones sindicales del movimiento obrero como fuerza de oposición al gobierno desde el inicio de la crisis. Es la señal del abandono ante un ataque sin precedentes a los trabajadores y un insulto a la "primera línea" que enfrentó duramente al Covid sin medios ni personal durante muchos meses.
Como señala el sitio Revolution Permanente: "La batalla contra el pase de salud y su aplicación en los hospitales implica movilizarse en torno a un programa de los trabajadores de la salud. Tales consignas deben llevarse adelante en las calles, con la convocatoria a una huelga de todos los sectores (no solo de la salud), y con total independencia de la extrema derecha que trata de adueñarse de las banderas de las legítimas protestas contra el pase de salud. En este sentido, no podemos prescindir de un programa que plantee la vacunación masiva como una necesidad absoluta -nacional e internacional mediante el levantamiento de patentes- y que se articule con demandas de mayores recursos para el hospital público. Un programa cuya defensa debe ir de la mano de una campaña activa en los lugares de trabajo, hospitales y barrios populares para convencer a las personas de la necesidad de la vacunación para protegernos a nosotros mismos y acabar con la epidemia. Y no nos digan que no hay dinero, el mismo martes Emmanuel Macron anunció monumentales inversiones para fortalecer la represión y la Policía. Una medida simbólica cuando recordamos que desde los primeros días de esta crisis de salud, la respuesta del gobierno a la pandemia siempre se desarrolló mediante medidas autoritarias y represivas. Al mismo tiempo, al hospital público no le dan más que migajas, mientras suspenden a sus trabajadores". |