Desde la página del Mineduc se publicó hace unos días:
“EL 2 de marzo de 2022 comienza oficialmente el año escolar en el país. Desde esa fecha todos los establecimientos educacionales deben realizar sus actividades y clases de forma presencial, independiente de la fase del Plan Paso a Paso en la que se encuentren. Tanto la apertura de los recintos educativos, como la asistencia presencial de los estudiantes es de carácter obligatoria y se retoma la Jornada Escolar Completa (JEC).”
Como suele suceder, este comunicado pasa por alto las diferentes situaciones que se viven a nivel nacional, en donde hay ciudades que han aumentado los contagios incluso superando las más altas cifras de toda la pandemia, como ha sucedido en las ciudades del norte del país. El comunicado, como se puede ver, no fue discutido con los representantes de la comunidad educativa como profesores y el conjunto de los trabajadores de la educación, estudiantes y apoderados, lo cual dificulta abordar el problema del comienzo del año escolar abordando las dificultades que existen en cada sector.
Por su parte, el presidente electo Gabriel Boric para dejar tranquilo al sector empresarial de la ENADE, planteó que: “Los colegios tienen que ser los últimos en cerrar y los primeros en abrir”, desatando las críticas de docentes y apoderados, donde incluso tibiamente el presidente del colegio de profesores se refirió.
En la pandemia, fueron los docentes junto a profesores y estudiantes quienes dieron una tremenda pelea por llevar adelante el año escolar. Las autoridades de gobierno jugaron un papel completamente irresponsable, poniendo en riesgo la salud de docentes, estudiantes y sus familias. Los fondos que se destinaron fueron absolutamente escasos, donde más de la mitad de los estudiantes de los sectores públicos presentaban dificultades para poder llevar las clases adelante.
En términos de infraestructura, no podríamos decir que se haya avanzado en crear más establecimientos, ampliar y construir salas de clases, entendiendo que no es para nada seguro mantener espacios educativos de hacinamiento, con más de 40 alumnos por sala como sucede en la mayoría de colegios y liceos. No es seguro ni en términos de salud, ni tampoco es recomendable en términos pedagógicos. Por otro lado, la jornada escolar completa, que por años ha sido cuestionada por reducir la discusión de la crisis en la educación, a agregar más horas de clases. Con toda la evidencia que existe detrás, se siguen desarrollando y convirtiendo a los establecimientos educacionales en simples guarderías.
Al gobierno no le ha bastado con dejar a la educación pública por el suelo, para este 2022 viene haciendo un profundo recorte a la educación, lo que ya muestra sus consecuencias, con una serie de despidos y rebajas horarias a través de los servicios locales de educación.
Por un plan de emergencia para la educación
La única forma de tener un plan educativo que brinde seguridad a estudiantes, docentes y sus familias es a través de la movilización. Hay que pelear por mayores recursos en educación, que habilite por ejemplo, nuevas contrataciones, con contrato de planta, buscando ponerle fin a la subcontratación y contratos precarios que no garantizan nuestra estabilidad laboral. Para esto es clave fortalecer la unidad de los sectores educativos, con el objetivo de una salida de fondo al problema de la crisis de la educación, que se plantee la necesidad de echar abajo realmente los pilares educativos neoliberales de la constitución pinochetista. |