El Gobierno chino anunció este lunes un nuevo récord de contagios por coronavirus, llegando a 27.595 en las últimas 24 horas. Se trata de una cifra sin precedentes desde que comenzó la pandemia.
Los expertos señalaron que a diferencia de la forma en que la pandemia se trata en otros países la variante "Ómicron no es una gripe", y por lo tanto descartaron relajar las restricciones que se toman en el país.
Esas restricciones, conocidas con el nombre de "covid cero" implican cierres de ciudades enteras, incluyendo las megalópolis como Shanghai con 27 millones de habitantes, y una política crecientemente represiva sobre la población, que incluye vigilancia extrema y amedrentamiento, a la vez que condiciones penosas de trabajo para los "esenciales" que mantienen la salud y los servicios básicos.
Así trabajan "los esenciales"
Como señala un informe del China Labour Bulletin mientras que millones están confinados en sus edificios y departamentos "Los trabajadores industriales viven en sus fábricas para seguir produciendo, los repartidores de alimentos duermen en la calle y trabajan todo el día y el personal médico muere por exceso de trabajo".
Cuenta el informe que en Shanghai, los trabajadores de la salud fueron llamados en medio de la noche y que trabajaron largas horas con equipo de protección insuficiente y sin descansos, administrando pruebas de PCR a la población. Por su parte los repartidores de entrega de alimentos se han enfrentado a decisiones difíciles: o encerrarse en sus casa y no tener ingresos o dormir en las calles para continuar trabajando. Se ha informado que estos trabajadores duermen en tiendas de campaña, debajo de puentes y en estaciones de autobuses, especialmente porque otras formas de refugio, como los cibercafés que se encontraban abiertos las 245 horas están cerrados por la pandemia.
En Shenzhen, uno de los centros industriales más importantes del país y que había sido confinado el mes pasado, los trabajadores industriales han sido encerrados en su lugar de trabajo, viviendo y durmiendo allí para que la producción no se detenga. Los informes señalan que duermen en los terrenos de la fábrica, ya sea en carpas o en camas improvisadas hechas con elementos que tienen a mano, como cajas de cartón.
Shenzhen, es la ciudad en la que se encuentra el gigante Foxconn, conocido por ser el mayor ensamblador mundial de los iPhone. Cuando el Gobierno anunció el confinamiento de la ciudad el mes pasado, Foxconn presentó un esquema de "ajustes" en sus líneas de producción para "minimizar el impacto del confinamiento de la ciudad" de 17 millones de habitantes.
Así, en lugar de realizar cuarentena como el resto de la ciudad, los cerca de 200.000 trabajadores de Foxconn en sus dos complejos de Shenzhen debieron someterse a pruebas de covid, junto con otras medidas destinadas a tratar de impedir que se contagien, pero no que dejen de trabajar, llegando al extremo de vivir directamente en la fábrica.
Récord de casos y malestar social
El protocolo de "cero Covid" impulsado por el Gobierno chino implicó desde el principio un aumento de las políticas represivas y liberticidas contra la población en general. Sin embargo, hasta el momento no habían tenido que lidiar con un aumento de contagios significativo en algunas de las principales ciudades como ocurrió en el último mes, y en medio de una situación económica compleja y de la que pensaban empezar a salir este año.
El pasado martes, las autoridades de la megalópolis de Shanghai prolongaron indefinidamente el confinamiento que habían decretado para frenar el alza de contagios con una campaña masiva de pruebas entre el 28 de marzo y el 5 de abril.
Este lunes, las autoridades anunciaron que empezarán a permitir gradualmente que los habitantes de las zonas con menos casos abandonen sus domicilios, aunque no estaba claro cuántas personas podrán salir de sus casas ni cuándo.
En las redes sociales chinas aparecieron algunos videos denunciando la situación que se vive. Tanto de los que se encuentran confinados bajo estricta vigilancia y sometidos a las arbitrariedades del Gobierno, como de los trabajadores esenciales, cada vez más, que trabajan y viven en condiciones denigrantes.
El Gobierno ahora enfrenta una situación inédita de contagios desde el inicio de la pandemia con un creciente malestar social que se puede convertir en una bomba de tiempo. |