“¿Crisis de gobernabilidad?” La retórica que buscaba dramatizar la segunda vuelta de las elecciones legislativas se ha convertido en realidad. Si la V República ha afrontado múltiples crisis, la situación actual donde el bloque de gobierno es lo suficientemente minoritario, como para en este momento, ser incapaz de gobernar es un hecho inédito en la historia del régimen.
Mayoría ultra relativa, Macron ultra-minoritario
Tras la primera vuelta de las elecciones legislativas, era obvio que Macron saldría debilitado de los comicios. En el peor de los escenarios, obtendría una mayoría relativa, pero cerca de los 289 escaños necesarios para la mayoría absoluta. Sin embargo, este domingo, se ha producido otro escenario muy distinto: con 245 escaños, Macron no ha logrado más que una mayoría relativa.
Una situación que solo ocurrió una vez durante la V República. En 1988, tras disolver la Asamblea Nacional después de su reelección, François Mitterrand obtuvo apenas 275 escaños, 14 menos que la mayoría absoluta. Una “mayoría” que envidiaría ahora Macron al que le faltan 44 diputados para poder gobernar y aprobar leyes.
Otros elementos exponen lo histórico y novedoso de la situación. Para empezar, el número de diputados de La République en Marche (LREM, partido de Macron) se ha reducido a la mitad entre 2017 y 2022.
Es más, dos candidatos de Macron a puestos clave han perdido su elección: el presidente de la Asamblea Nacional y el jefe de la mayoría parlamentaria, al igual que varios ministros. Los cercanos al presidente de la República han perdido. Además, Macron ha perdido más de un millón de votos respecto a 2017, donde ya sufría el tener una base social reducida.
La mayoría ultra relativa de la coalición viene marcada por lo que se ocultó en las elecciones presidenciales de 2022: el presidente perdió una parte importante de su base social, en concreto el electorado de Los Republicanos (partido de derecha), y se ha vuelto aún más minoritario.
¿Situación de ingobernabilidad? Macron ante el desafío de actuar los próximos 5 años
Con una base social ultra minoritaria, Macron debe confrontar el desafío de gobernar con unos apoyos políticos extremadamente débiles. Para ello, se le presentan tres opciones. La primera, constituir una mayoría absoluta con un acuerdo con Los Republicanos. La segunda es gobernar en minoría en la Asamblea Nacional buscando acordar cada proyecto de ley con sectores de la oposición. La tercera opción es disolver la Asamblea Nacional, una última opción muy arriesgada en términos políticos.
Ninguno de estos escenarios es deseable, mucho menos en el corto plazo. Para analizar esto, la comparativa con la segunda legislatura de Mitterrand es útil para sacar lecciones. En efecto, si el gobierno de Rocard actuó con acuerdos para cada proyecto de ley, este pudo contar con el apoyo de un Partido Comunista Francés debilitado y una derecha centrista de la Unión de Centro (escisión de la derecha gaullista), que buscaban una forma de influir en el quinquenato.
Además, en aquel momento disponía del recurso “ilimitado” del artículo 49,3 de la Constitución (medida que suspende el debate parlamentario y abre un plazo de 24 horas para que los diputados puedan solicitar una moción de censura).
Actualmente, en el contexto de la pelea entre grupos, todos los potenciales aliados desean colocarse en la oposición a Macron. En este marco, la opción de un acuerdo de gobierno con Los Republicanos, expresada por Elisabeth Borne (actual primera ministra) que busca construir “una mayoría de acción”, así como por otros miembros del gobierno que llaman a una “mayoría de proyecto”, está lejos de ser posible.
Apoyada por figuras caídas en desgracia como Sarkozy o Copé, se encuentra en una posición minoritaria dentro de la derecha tradicional y de su dirección. La situación de bloqueo institucional actual sin solución provoca una crisis política y abre un periodo de inestabilidad, marco en el que Macron se reunirá esta semana con los jefes de cada partido.
¿Una ventana de oportunidad para el movimiento de masas?
Sea el escenario que sea, esta crisis política de calado va a marcar el próximo periodo. Macron va a intentar gobernar bajo la amenaza permanente de mociones de censura, al mismo tiempo que la Unión Popular ha anunciado que empezará a hacerlas en Julio. Si estas iniciativas no permiten construir una correlación de fuerzas frente al gobierno, serán de todos modos una presión permanente a Macron.
Al mismo tiempo, la necesidad de pactar con la derecha liquida cualquier esperanza de encontrar un camino que permita evitar explosiones sociales al integrar a los cuerpos intermedios y aceptar ciertas opciones totalmente contrarias a la derecha en algunas reformas clave. Un primer ejemplo de este cambio obligado para el macronismo: el lanzamiento del Consejo Nacional de la Refundación que debe servir para la integración de los cuerpos intermedios para resolver la crisis de legitimidad de una vez.
Por otro lado, la crisis política tiene ya efectos internacionales, como la reacción de los mercados donde se ha visto como el tipo de interés francés a 10 años ha vuelto a subir tras las elecciones. Si el gobierno no encuentra una solución, los inversores podrían revisar su evaluación del riesgo, señala la revista Les Echos, y la presión de los mercados se inscribe en una situación ya marcada por una inestabilidad económica creciente.
Si la crisis sanitaria ha congelado temporalmente la dinámica de la lucha de clases abierta entre 2016 y 2020, esta inestabilidad política, en un contexto internacional marcado por la agudización de las tensiones geopolíticas y económicas y las tendencias a la recesión, podrían conducir rápidamente a importantes explosiones sociales. La debilidad del poder y las presiones que puede sufrir el gobierno son factores “accidentales” que podrían abrir brechas para el movimiento de masas.
Para aprovechar al máximo estas potencialidades, es necesario construir una izquierda revolucionaria a la ofensiva capaz de intervenir en las luchas próximas. |