En pocos días el Nuevo MAS (vale lo de “nuevo” en este caso porque están a la derecha del “viejo”, lo cual ya es decir mucho) no para de caer en el frentepopulismo que supo promover el estalinismo, tanto en sus posiciones políticas como en sus métodos.
Fueron parte de una movilización que llamaba a la “unidad nacional” y a la “paz social”, convocada desde el Poder Ejecutivo nacional
En una nota de su “dirigente y teórico”, intentan justificar su participación diciendo que “había que salir a las calles inmediatamente contra el zarpazo reaccionario”. No importa dónde, con qué contenido y métodos. Sin embargo, en la misma nota dicen que si hubiera movilizado Cambiemos, no hubieran ido. Pero es mucho pedir coherencia a este grupo. Ocultan de forma infantil (llena de insultos) el argumento central por el cual el FITU no participó de la movilización del 2 de setiembre: desde el día anterior, el propio presidente Alberto Fernández decretó el feriado nacional y convocó a la “ciudadanía” a manifestarse en nombre de la “paz social”, la “unidad nacional” y demás fórmulas de conciliación con los explotadores y ajustadores. En la nota, argumentan que fue una marcha de “desunión” porque no participó la oposición de derecha. Efectivamente, fue una marcha del FDT pero con un claro contenido y llamado explícito a la “unidad nacional” y a la “paz social”, eso sí, condenando los “discursos de odio” promovidos por la oposición de derecha y los medios de comunicación. La participación del NMAS no tuvo trascendencia, a diferencia de las posiciones del PTS en el FITU, pero en el único medio que entrevistó a Castañeira no se le escuchó una sóla palabra de crítica a la “paz social” que había planteado Alberto Fernández y que repitió el documento en la Plaza. Por el contrario, embelleció la convocatoria. ¿Tenemos que considerar, entonces, que el NMAS plantea una campaña “antifascista” con el FDT contra los “discursos de odio”?
Como veremos más abajo, en la historia del movimiento obrero, la “lucha contra el fascismo” dividió a las corrientes que utilizaron esa bandera para defender una táctica y estrategia de colaboración de clases (los Frentes Populares) y las corrientes revolucionarias que plantearon el Frente Único Obrero y las milicias obreras (ambos conceptos no existen en la nota del “teórico”) como las únicas vías de enfrentar en forma efectiva a las tendencias fascistas. Pero no nos adelantemos.
La justificación de esa claudicación continúa con un “análisis” (ponele) de que hay divisiones en la burguesía que crearían un ala que impulsa golpes bonapartistas. Por supuesto que hay en Argentina sectores minoritarios de la derecha y extrema derecha que gustarían ver un proceso de “Lava Jato” (cárcel a CFK) y destitución de Alberto Fernández. En primer lugar, eso no sería “fascismo”, como lo muestra el propio gobierno de Bolsonaro, de extrema derecha (bonapartista) pero que no proscribió a las organizaciones obreras sino que fue “disciplinado” por el régimen burgués que teme que golpes dictatoriales desaten procesos revolucionarios. En segundo lugar, ¿el intento de homicidio de CFK fue alentado por un ala de la burguesía para impulsar un giro bonapartista de derecha? ¿Está en curso un golpe institucional forzando un adelantamiento de las elecciones? Eso podría llevar a pensar en paralelos con Semana Santa de 1987, donde el levantamiento militar buscaba forzar no un cambio de gobierno pero sí imponer la “obediencia debida” para el juzgamiento de los genocidas. En aquella ocasión, el “viejo” MAS se movilizó a los cuarteles durante los días del levantamiento carapintada y se retiró de la Plaza el domingo cuando se firmó el “acta” que establecía la capitulación de Alfonsín y todo el régimen político (desde el peronismo hasta el PC, por lo cual se rompió el Frente del Pueblo) a los milicos. Esa situación abrió paso a la ley de Obediencia Debida que dejó impunes al 99% de los genocidas.
El 2 de setiembre el intento de asesinato de la vicepresidenta ya había pasado, todo el arco político (a excepción de Bullrich y Milei) lo había repudiado, Alberto Fernández ya había hablado por cadena nacional decretando el feriado nacional por la “paz social” y en la Plaza de Mayo no se enfrentó a ninguna “banda fascista”. Fue una marcha coherente con el llamado por la “paz” y el “amor” contra el “odio”. No sabemos las dudas que habrán pasado por la cabeza de los dirigentes del NMAS, pero es risueña la acusación de “cobardía” hacia el PTS, si se miran las selfies sonrientes que se sacaron en la Plaza, junto a las banderas y el “amor” del Frente de Todos. Si se trata de “poner el cuerpo”, lástima que no vimos al NMAS enfrentar a la Gendarmería comandada por Berni en las 14 represiones que hubo en la Panamericana durante el conflicto de Lear en 2014.
Lanzaron una calumnia contra el FITU diciendo que habíamos votado la “paz social” en la Legislatura de CABA
La nota repite la calumnia pese a que respondimos inmediatamente que estaban haciendo una afirmación falsa en base a una nota de Página 12 que confundía los fundamentos del diputado que presentó la resolución, con la resolución misma. O sea, el FITU no votó la “paz social”. Ahora dicen que esa aclaración (nada más ni nada menos que el eje de la acusación) es una “nimiedad”. Defienden de hecho la calumnia, un método extraído del arsenal estalinista. El FITU, lejos de votar por la “paz social”, tuvo una intervención brillante de Myriam Bregman y Romina del Plá en el Congreso Nacional no sólo repudiando el atentado sino denunciando explícitamente la paz social que promueve todo el régimen (incluidos los libertarios) ante millones. Fue la explicación central de nuestra abstención en el Congreso. De la participación alegre del NMAS en el acto en Plaza de Mayo a favor de la “paz social”, no se enteró nadie. De la denuncia de Myriam Bregman, Nicolás del Caño y el FITU, millones. Sólo en las redes sociales, la intervención de Myriam tiene 600.000 reproducciones y fue transmitida en vivo por varios canales de TV.
Un “antifascismo” que tiene nombre: Frente Popular.
En las pocas facultades donde tiene alguna militancia, el NMAS convoca a un “septiembre antifascista”. La historia se repite, esta vez como sketch capusotiano.
El Frente Popular y el “antifascismo”
La emergencia del fascismo en Italia y luego en Alemania, representó un enorme desafío para las organizaciones obreras y de izquierda en aquellas décadas de entreguerras del siglo XX. Se gestaron todo tipo de formas organizativas y políticas para enfrentar el avance del fascismo sobre los sindicatos, los partidos políticos y los militantes obreros. Desde los “comités de defensa” en las fábricas y sindicatos, hasta experiencias como los Arditti di Popolo en Italia, una fuerza antifascista que combatió heroicamente a las hordas pardas en Parma.
Frente a la política sectaria del “Tercer Período” del estalinismo que consideraba a la socialdemocracia como “socialfascismo” y se negaba a hacer frente único con esa corriente que conservaba peso de masas en la clase obrera, Trotsky defendió el “frente único obrero” (retomando la táctica votada en el tercer congreso de la Internacional Comunista, en 1921, de unidad de todas las organizaciones y partidos de la clase obrera para luchar por demandas concretas, resumida en la fórmula “golpear juntos, marchar separados”) como el método para enfrentar el ascenso del fascismo a comienzos de los ‘30 en Alemania, con su expresión militar en el impulso de milicias obreras. El estalinismo boicotea esta política y permite el ascenso del fascismo, que triunfa en el ‘33.
Luego, el estalinismo, temeroso de iniciar una guerra con Alemania a la que se plegasen el resto de las potencias capitalistas, da un giro en 1935 a la línea de Frentes Populares. Una orientación de conciliación de clases que suponía que existían intereses comunes entre los trabajadores y las burguesías “democráticas” de los países imperialistas, en función de enfrentar supuestamente al fascismo. De lo que se trataba, en realidad, era de una enorme traición a los procesos revolucionarios que se desarrollaban en aquel entonces, llevando las luchas obreras a la derrota en función de mantener el status quo con el imperialismo, como ocurrió en España y Francia.
Siguiendo esta línea, todos los partidos comunistas del mundo buscaron su “burguesía democrática” con la cual poner en pie Frentes Populares y así “luchar contra el fascismo”. En Argentina, el PC vio en el radicalismo de Alvear y en el socialismo de Nicolás Repetto, a las “fuerzas democráticas” que enfrentarían el fraude y las persecuciones políticas. Se olvidaban (o querían olvidar) que era ese mismo radicalismo que años antes había masacrado a los obreros de la Patagonia y de los talleres Vasena. De este modo, a pesar de haber logrado un enorme arraigo en el movimiento obrero durante las décadas anteriores, dilapidó gran parte de su capital político yendo a la zaga de la Unión Democrática, fomentada por el imperialismo yanqui y las cámaras empresariales locales (incluida la UIA y la SRA), allanando así el camino al peronismo para canalizar la irrupción de la nueva clase obrera y estatizar sus organizaciones.
Los trotskistas en todo el mundo combatieron la política de “Frente Popular”, denunciando que una verdadera lucha antifascista implicaba un punto de vista de clase, pues el fascismo no era más que la expresión política de los intereses más concentrados del imperialismo expansionista. La defensa de las libertades democráticas contra los ataques fascistas, y más aún cuando se trataba de golpes o guerras civiles (como la española) que implican un cambio en el régimen político, debía realizarse con los propios métodos de la clase obrera y no dejándola en manos de las fuerzas burguesas que no estaban dispuestas a ir hasta el final y cuestionar la propiedad privada para resolver las demandas de la clase obrera y el pueblo pobre. No era con los burgueses “democráticos” que se iba a lograr vencer al fascismo, sino con la organización obrera y popular, con los piquetes de huelga, los comité de acción, los comité de autodefensa o milicias obreras, desarrollando el Frente Único Obrero y construyendo partidos revolucionarios para enfrentar a las direcciones traidoras y luchar por el poder. Con los burgueses “democráticos” sólo podía haber alguna confluencia circunstancial, ninguna alianza estratégica.
El “Antifascismo” del NMAS
La convocatoria al “septiembre antifascista” del NMAS no tiene que ver ni con los comités de acción, ni con las tradiciones revolucionarias de lucha contra el fascismo. En su convocatoria vemos la idea de realizar una “fiesta de la primavera” (democrática?), un plenario del Ya Basta, y algunos talleres.
Hoy no están los Alvear y los Repetto pero parece que el NMAS encontró su “bando patronal democrático” en la movilización del 2 de septiembre con las corrientes que integran el Frente de Todos . Su “antifascismo” parece ser el de los Frentes Populares. Desde ya, con la gran diferencia de que en aquel entonces el PC tenía una enorme responsabilidad por dirigir sindicatos, comisiones internas y a miles de trabajadores. El frentepopulismo hoy se expresa en el apoyo de las organizaciones obreras al gobierno peronista.
Resulta sugestivo que Roberto “Bobby” Saenz, diga en su nota que “El estalinismo entregó revoluciones por la izquierda”, siendo ultraizquierdista, sectario, ciego, no viendo los matices entre democracia burguesa y fascismo”. Se olvida que inmediatamente después de esa ubicación sectaria vino su contracara oportunista: apenas haber entregado casi sin lucha a los obreros alemanes al nazismo, el estalinismo giró bruscamente hacia los Frentes Populares, aliándose con el imperialismo inglés y francés que masacraba a los trabajadores en sus colonias y reprimía a la clase obrera en sus propios países.
Su política “antifascista” reedita la idea de que es posible una defensa de la “democracia” en general, sin importar su caracter de clase, y omitiendo que bajo esa misma consigna se esta pidiendo “paz social” mientras se lleva adelante un brutal ajuste contra los trabajadores y el pueblo pobre.
Difícilmente la “fiesta de la primavera” del Ya Basta o sus talleres universitarios asusten a algún fascista. Muchos menos preocupan a los que hoy están ajustando desde el gobierno. Sería propio de un sketch de Capusotto imaginar a algún facho temiendo a los seguidores de Manuela Castañeira por sus “danzas antifascistas”.
No negamos que pueda ser cómico, pero nada tiene que ver con el antifascismo ni con las tradiciones revolucionarias de la izquierda.
El PTS es parte de todas y cada una de las luchas en curso, defendiendo la coordinación democrática y la autoorganización, lo que implica también la autodefensa contra la represión (como impulsamos en Guernica), contra las patotas de la burocracia sindical o contra cualquier banda facha (por ahora ultra marginales) que pretenda atacar alguna organización obrera, de la juventud o del movimiento de mujeres y disidencias. Pero la principal ideología “facha” la defienden Milei y Bullrich en el terreno político. Los fachos peronistas, que existen, están “en reserva” con las barras bravas ligadas a la burocracia sindical. La principal fuerza que se opone abiertamente a esta derecha en el principal terreno donde actúan, el político público, es el FITU, con las y los referentes del PTS en la primera línea de lucha contra el gobierno ajustador y la derecha que pide más. Al calor de estas experiencias construimos un partido revolucionario en las principales provincias de todo el país, en más de 60 gremios y 100 facultades, colegios terciarios y secundarios, con miles de militantes, miles de simpatizantes organizados en asambleas mensuales, un periódico on line que tiene más de 1,3 millón de entradas mensuales (frente a las apenas 50 mil del portal del NMAS, según SimilarWeb), una publicación teórica semanal y un suplemento impreso. Somos parte de la corriente trotskista más dinámica a nivel internacional, con 15 diarios en 7 idiomas y organizaciones militantes en todos los países donde actuamos, incluido por supuesto el Brasil de Bolsonaro (y Lula). En Francia, Revolución Permanente acaba de hacer un campamento de verano con más de 500 trabajadores, trabajadoras y jóvenes, luego de la expulsión del NPA (que reunió en su campamento, con todas las tendencias, 700 personas). Sigan participando.