Fotografia : EFE
Aferrado al discurso de la eficacia económica, de la salida al final del túnel de la crisis, de la creación de empleo, de la reducción impositiva y del crecimiento del PIB superior a la media europea, va a hacer aprobar con su mayoría parlamentaria unos presupuestos del primer año de una legislatura de la que podría no constituir gobierno.
Será la primera en la historia de la democracia del 78 en que esto suceda. Hasta ahora el gobierno entrante hace sus propios presupuestos mientras el ejecutivo saliente se limita a cerrar su período gubernamental con los presupuestos de su último año. Sin embargo, la lógica electoral se impone, sobre todo si se ven las orejas al lobo de la derrota. Por eso el PP quiere aprobar “in extremis” un presupuesto con una tramposa y falsa orientación social que le reconcilie con gran parte de lo que considera potencialmente su electorado.
Sin embargo, todo no es más que una escenificación. Al final es la Troika la que controla y decide realmente el gasto presupuestario como un gobierno en la sombra. Lo importante para Rajoy es hacer puro electoralismo. Arrancarnos de la mente la ponzoña de la corrupción, no visualizarla o, cuanto menos, que sea intuida como algo anecdótico y sin importancia. Cubrir cuatro años de recortes y ataques con un mar de buenísimas noticias económicas sumergida en el discurso del “círculo virtuoso económico español”, generado por las políticas económicas de Rajoy frente al “mal absoluto” heredado de las políticas socialistas precedentes.
Asunto complicado el que los trabajadores y sectores populares no establezcan relación alguna entre su situación real, la crisis económica y los sacrificios impuestos a través de las políticas del gobierno del PP aliado de la Troika. Todo ello para lograr la obtención de empleos de miseria que no dan para sobrevivir, pese a la deflación existente, pero si para maquillar las cifras de paro. En la calle, en los mercados, en los centros de trabajo... se vive la realidad, se sabe de lo terrible de la situación laboral, de la explotación a manos del capital financiero, de los empresarios capitalistas y de la “casta política” representativa del actual Régimen político.
Además en la prensa no se detiene la sangría de noticias relacionadas con la corrupción política y económica en la que, por otra parte, queda patente la implicación de la cúpula del partido, los “aguanta” del presidente a Bárcenas. O la reciente entrevista personal del ministro del Interior con Rato en sede ministerial, responsable entre otros del derrumbe financiero de Caja Madrid y de la necesidad del rescate bancario que ha lastrado en gran medida las cuentas públicas y, en consecuencia, responsable directo de muchos recortes sociales y económicos. O las nuevas tramas descubiertas, como la “Púnica”, cuyo establecimiento y ramificaciones nacen en pleno desarrollo de la crisis y con las políticas de recortes sociales en plena expansión, etc..
Por eso, lo quieran o no, la corrupción generalizada que corroe como un óxido penetrante todas las estructuras del poder económico, del sistema político del régimen del 78 y, sobre todo, muy especialmente al gobierno del PP que alcanzó las mayores cuotas de poder político en las últimas elecciones, va a ser un importante lastre electoral.
No puede ser de otro modo, y lo atestiguan el importante desgaste político del gobierno que según las encuestas reduce en más de un 30%, en el mejor de los casos, su intención de voto para las próximas elecciones, y los resultados en declive del bipartidismo en las elecciones municipales y autonómicas últimas.
El PSOE también se ve aquejado por similares dificultades y de ahí la asimilación, todavía viva aunque algo más diluida, de PP-PSOE como partidos del Régimen y de la corrupción política.
Por todo esto, Rajoy se ha montado el espectáculo de la aprobación de unos Presupuestos electoralistas, tramposos y engañosos al máximo, en pleno período vacacional, abriendo las sesiones del Congreso de los diputados en fechas inéditas. Incluso ha llegado a enunciar un supuesto proyecto de reforma constitucional, de la que luego ha dado marcha atrás, pero que tenía un carácter básicamente reaccionario, sobre todo en la limitación de los derechos territoriales y de autogobierno.
Presupuestos para 2016 electoralistas y limitadamente expansivos
El gobierno del PP se ha lanzado, vía Presupuestos Generales del Estado, a la plasmación de promesas electorales para tratar de ganarse el apoyo de amplios sectores sociales. Se dirige a los funcionarios, pensionistas y clases medias, que considera, con bastante buen criterio, que le podrían dar la espalda en las próximas elecciones.
A través de un discurso grandilocuente ensalzador de los enormes éxitos económicos pretende salvar el PP el escollo electoral que se le va a presentar. Oculta que en realidad siguen existiendo importantes incertidumbres, sobre todo en lo que respecta a la deuda pública y de la Seguridad Social, la capacidad exportadora de la economía, la baja calidad del empleo por remuneración y temporalidad, la insuficiente potencia creciente de la demanda interna, el sostenimiento público de las pensiones...
Gran parte, además, de las mejoras experimentadas por algunas cifras macroeconómicas, como el descenso del paro o el incremento del PIB, se deben a las condiciones favorables de la situación económica internacional en relación a determinadas variables macroeconómicas. En ningún caso, como Rajoy, pretende vender, son responsabilidad del gobierno del PP. El cambio de política del BCE desde que Draghi dijo que sostendría el Euro y que haría todo lo necesario y sería suficiente, que fue destensando y aliviando el mercado de la deuda pública de los estados del Sur de Europa; la compra reciente incluso de bonos públicos por miles de millones de euros del mismo BCE; la bajada de los precios del petróleo y la menor presión de Merkel sobre la deuda de los Estados, permitiendo mayor flexibilidad y tiempo en la reducción de la deuda pública. Todo ello han facilitado la situación para que Rajoy haya podido pergeñar un Presupuesto para 2016 con grandes dosis de electoralismo y relativamente expansivo.
Otra cosa es que resulten creíbles sobre todo porque se incrementan gastos pero se rebajan los ingresos reduciendo la presión fiscal mientras se encomienda todo a un crecimiento que está por ver que se produzca, más cuando se están produciendo importantes turbulencias en los mercados asiáticos y de los denominados “países emergentes.
Nada mejor que analizar el grado de cumplimiento de los PGE 2015 para considerar la capacidad predictiva del gobierno de Rajoy y cuya ejecución todavía no ha concluido. Mucho menos fantasiosos que los actuales, y elaborados en tiempo y forma, y no en 20 días como los de ahora. Los ingresos por cotizaciones sociales se preveía que crecieran al 7%, y lo están haciendo al 1,3% en lo que va de año; la recaudación tributaria debería crecer al 5,4%, y está creciendo al 3,6%. Fundamentalmente gracias a las reducciones por las cotizaciones por desempleo, donde están dejando a cientos de miles de personas tiradas en la cuneta (500.000 más previstas para 2015) en la más absoluta desesperación (algo que a Rajoy y su banda les importa un pimiento) y a los menores intereses pagados gracias al BCE, el déficit no se ha disparado. Aunque sí será con toda seguridad superior al de 2014, tanto por los descuadres entre ingresos y gastos de la Seguridad Social, que llevarán el déficit al 1,5% frente al 0,6 % presupuestado, como por las CCAA, de las que 11 de 17 no cumplirán ni de lejos los objetivos previstos, sino que los doblarán o multiplicarán por tres.
Si vamos al déficit exterior, tres cuartos de lo mismo. Las exportaciones están creciendo, pero menos que las importaciones, por lo que la deuda neta exterior cada vez es mayor y no menor. Y en cuanto al déficit público, el Gobierno se ha comprometido con Bruselas a bajarlo al 2,8% frente a más del 5,5% con que acabaremos este año de alegrías de gasto y bajadas de impuestos electoralistas, lejos del 4,2% comprometido. Y resulta que todas y cada una de las medidas anunciadas en los PGE-2016 van en sentido contrario: más gasto público, más inversiones y nuevas rebajas fiscales.
En el caso de los pensionistas el tema bate ya todos los récords de zafio electoralismo. Habla de subir las pensiones cuando el Gobernador del Banco de España acaba de decir en el Parlamento que el nivel actual de las pensiones públicas es insostenible, y cuando la Autoridad Fiscal Independiente acaba de cuantificar la afirmación del Gobernador diciendo que para que sean sostenibles las pensiones de viudedad y de orfandad, que suponen el 20% del total con más de 19.000 millones de euros anuales, deben pasar a pagarse con cargo a los impuestos porque es imposible seguir asumiéndolas con las cotizaciones sociales. Esto significa que las pensiones lejos de subirse con toda seguridad seguirán congeladas o con subidas pírricas del 0,25% como los últimos años. Esto de mínimo, ya que el BE habla de bajarlas una media de un 20%.
La última memoria de recaudación tributaria que acaba de publicarse pone cifras a lo que todos sabemos: que en el Estado español los ricos no pagan impuestos. Se refería concretamente a las empresas del IBEX que en 2013, último año conocido, pagaron de media un mísero 6%, debido a las deducciones, créditos fiscales y beneficios diversos, aunque el tipo nominal es del 30%. Cifra que compara con un 15% para el resto de empresas y las pymes, y un 16,7% de media de retención de los asalariados. De los 44.800 millones ingresados por el Impuesto de Sociedades en 2007 se ha pasado a sólo 18.700 en 2014. Y para 2016, gracias al círculo virtuoso que ha puesto en marcha nuevas rebajas fiscales, el tipo teórico del impuesto pasará del 28% al 25%.
Pero la ficción mentirosa del gobierno de Rajoy lo aguanta todo, los PGE 2016 subirán los ingresos y se reducirán los gastos, sobre todo de la cobertura del paro, que se reducirá en 5.500 millones de euros. Los parados van a sufrir importantes recortes como los que se vienen experimentado a través de todo el período, se impone la consideración de que cobrar alguna prestación desanima la búsqueda de trabajo y, sobre todo, no se incrementa el “ejército de reserva” que permita la contención salarial el control social.
Resumiendo los grandes logros económico-sociales de la legislatura de Rajoy: ha elevado la deuda total (pasivos en circulación) en 590.000 millones de euros, la mayor cifra de nuestra historia en términos de PIB en sólo tres años y medio. Ha conseguido que el Estado español tenga la más injusta distribución de la renta y la riqueza de toda la UE. Casi uno de cada tres niños se encuentra por debajo del umbral de la pobreza. Ha conseguido uno de los mayores niveles de paro juvenil de Europa, y los parados de larga duración –2,5 millones– siguen sin conseguir empleo, como señalaba la última EPA. El empobrecimiento de la clase trabajadora ha sido el mayor en 60 años, y la subida de la presión fiscal la mayor de nuestra historia.
Los presupuestos y la alternativa antiaustericida
Sin embargo, frente a las políticas denominadas austericidas los planteamientos antiaustericidas de grandes sectores de la izquierda política y social como solución a la crisis económica adolecen de graves dificultades políticas y estratégicas. Es este un concepto políticamente ambiguo y engañoso que encubre la realidad social y económica de explotación y de lucha de clases, al hacer la causa principal de la prolongación de la crisis económica a las políticas de austeridad que, según ellos, de manera errónea y persistente la UE viene manteniendo durante todo el proceso.
No se trataría tanto, pues, de la imposibilidad del capitalismo de salir de las crisis de otra manera que no sea haciendo pagar sus costes económicos a los trabajadores y las clases populares, sino más bien de unas políticas económicas erróneas y obstinadamente equivocadas aunque fácilmente corregibles y que se vienen produciendo por una especie de fatalismo ignorante y perseverante de los dirigentes políticos conservadores y socialdemócratas traidores a sus principios. Hasta el punto de que el propio capital ha resultado perjudicado. Es decir, no se darían cuenta, de que cambiando de política, aspecto sencillo, al incrementar el gasto, saldríamos ganando y viviríamos felices en el reino de la satisfacción económica.
En realidad, por ejemplo, en el caso español el austericidio como tal ha sido un concepto muy poco consistente. Desde luego no se produjo austeridad alguna en el tren de vida de los dirigentes políticos de la “casta”: sueldos estratosféricos, viajes en business, coches oficiales, colocaciones muy bien retribuidas en organismos oficiales y/o puertas giratorias al ámbito privado etc…
Pero tampoco en los propios presupuestos estatales que marcan las políticas económicas de cada ejercicio. No se ha venido producido precisamente una reducción de los gastos públicos, otra cosa es que esos gastos hayan mutado de las políticas sociales y/o redistributivas de renta dirigidas hacia las clases populares, hacia el pago de la deuda heredada del rescate financiero de la banca privada y los despidos masivos facilitados e incentivados desde el poder a través de la Reforma Laboral, implantación de ERES y ERTES y cuyos costes se han trasladado de las empresas a la arcas públicas, todo en beneficio de los empresarios y sus pingues beneficios. Todo ello, junto a los elevados costes económicos derivados de la corrupción política y económica, y la reducción impositiva de las empresas, el elevado fraude fiscal y la amnistía fiscal. Todo lo que ha derivado en un trasvase de renta brutal de la clase trabajadoras y las clases populares hacia los ricos.
Así pues, se ha tratado de desarrollo e implementación de una batería contundente de medidas económicas y políticas consistentes en el trasvase masivo de renta de las clases más humildes hacia los ricos. La prueba de ello es que la diferencia en los presupuestos de 2008, inicio de la crisis, con los previstos para 2016 no implican una reducción sino por el contrario un incremento en el conjunto de los gastos producidos de un 11,87%. Entre 2008 y 2015 el incremento fue del 10,595 y entre el 2008 y el 2014 se produjo la diferencia de mayor gasto de la serie, un 12,75% más de gasto. En definitiva crecimientos para todo el período 2008-2016 con la excepción del 2012 en el que sí se produjo un pequeño retroceso presupuestario respecto a 2008 de 0,86%.
Sin embargo y como consecuencia de la reducción de ingresos, si sumamos los déficit presupuestarios entre 2008 y 2014 obtenemos un acumulado de un 57,82% de déficit para ese período. Destacando sobre todo los déficit de 2009, 2010, 2011 y 2012 con los siguientes déficits correspondientes: 11,2%, 9,7%, 9,4% y 10,6%. Todo lo cual ha llevado a una deuda pública total cercana al 100% del PIB anual. Si a esta deuda le sumamos la de las familias, empresas y entidades financieras podríamos alcanzar cerca del 400% del PIB.
En una situación como ésta las salidas expansivas o neokeynesianas que proponen desde sectores de la izquierda reformista no pueden resultar más que ilusiones que rápidamente chocan con la pared, como hemos visto en Grecia. Darle una salida a la grave crisis de deuda y sus consecuencias en forma de paro masivo, desahucios, miseria... pasa necesariamente por un programa que parta del no debemos, no pagamos, y avance en medidas anticapitalistas esenciales como grandes impuestos a las grandes fortunas, la expropiación y nacionalización de todo el sistema financiero y de las grandes empresas y los sectores estratégicos. Sin un programa que haga pagar la crisis a los capitalistas, que avance sobre sus intereses y títulos de propiedad, no será posible dar una salida obrera y popular a la actual crisis. |