Resulta que una tarde en la que subí al tren en José León Suárez, subía un muchacho muy humilde de unos treinta años con un changuito, se sentó y comenzó a hablar por celular y comentaba -alegremente y quién sabe a quién- "Hoy estoy muy contento porque voy con mi compañerito". Yo me preguntaba qué compañerito. Él seguía diciendo "¡por fin ya no voy a cargar mercadería que me dan por mi problema en la columna! Después de varios meses pude comprarle las rueditas que me salieron 700 pesos".
Si analizamos el lado bueno, habría que destacar su carisma; tal vez por inocencia lo hacía único por su entusiasmo, pero en el tren y para los que dirigen la sociedad, el muchacho, en su situación, es invisible. Su "compañerito" era el chango, al que más tarde se referiría, en otra conversación telefónica, como si fuera un auto. Pero yo, que soy chofer de colectivo hace cerca de treinta años y que tengo en la retina miles de historias amargas, no puedo ver como una anécdota esta escena. No puedo naturalizar estas tristes historias en un país donde las oportunidades deberían ser para todos por igual pero son negadas para casos como el de este joven. ¿y eso por qué? Para que el gobierno favorezca a los grandes grupos empresarios.
Como trabajador me duele contar esta dolorosa historia, que no es más que la realidad que estamos viviendo. Este es un pequeño -o no tanto- caso entre millones, pero lo que más indigna es que tanto los gobiernos de la ciudad como el de la nación invierten, por ejemplo, en equipar a la policía gastando 11 millones en cada moto de procedencia europea cuando hay niños que caen en desnutrición. Esto me lleva a organizarme para terminar con estos políticos que responden a los intereses de los empresarios.
Por eso día a día como trabajador andando por la calle me indigno al ver toda esa desigualdad que hay. Mientras gobernantes y medios de comunicación nos machacan con que la gente desocupada, pibes como ese que vi en el tren, es la mantenida por los trabajadores ocupados, queriendo generar rivalidad entre trabajadores en blanco y precarizados o desocupados, yo quiero que nos unamos todos los trabajadores contra todo este ajuste y el que se viene tanto en educación, en salud y en vivienda. Para que jóvenes como aquel que viajaba aquella tarde con su changuito en el Mitre desde José León Suárez tengan otros motivos para ponerse contentos. |