Según el Indec, Argentina tiene cerca 7% de desocupación, y un 40% de pobreza, no es necesario ser matemático para darse cuenta de que muchos laburantes, que marcamos tarjeta, cumplimos horario, y trabajamos todos los días, hemos quedado bajo la línea de pobreza. Y los que además no están registrados o están fuera de los convenios colectivos de trabajo que corresponden, están mucho peor todavía.
Una familia tipo de Mendoza necesitó, en julio, $105.133 para no ser pobre, la inflación del mes pasado fue de 7,4% siendo la más alta de los últimos 20 años y se estima que va a acercarse o superar el 97% anual. La situación se torna insostenible para todo el conjunto de la clase obrera, con salarios por muy por debajo de las necesidades. La bronca de laburar para vivir llenos de privaciones, se multiplica, en distintos sectores de trabajadores. Lo vimos en Mendoza con la gran lucha docente.
En el 2021, con la unidad y la fuerza de todos los vitivinícolas organizados desde abajo con los Autoconvocados, logramos imponerle un paro y condiciones de negociación a FOEVA, la federación sindical que, tras años de negociar paritarias a la baja, había dejado que nuestro sueldo quedara muy por debajo de la línea de pobreza, en una industria que factura millones y millones por año. Ese año, la paritaria vitivinícola fue una de las más altas, consiguiendo un 57% de aumento, ante el 35% promedio de otros gremios. Pero partíamos de sueldos muy bajos y la inflación de este año está carcomiendo los aumentos en cuotas. En las viñas y en las bodegas comenzó a resonar una frase: “el laburante vitivinícola no se calla más”.
El sueldo del trabajador vitivinícola llega en agosto de 2022 a un básico de $51.778, que con adicionales y cifras no remunerativas se aproxima a los $75.000. Sin duda la inflación galopante que afecta a la economía argentina, deja estos sueldos, como a muchos otros, muy por debajo de los más de $100.000 que se necesitan para no caer en la pobreza. FOEVA nunca manifestó voluntad concreta de reabrir paritarias. Por tal razón se movilizaron el 26 de Julio pasado los Vitivinícolas Unidos del Valle Calchaquí, de Cafayate, Salta, y se realizó una Asamblea el 25 de Julio, propuesta por Vitivinícolas Autoconvocados de Maipú, Mendoza, en la puerta de la sede sindical, en donde se exigió a los representantes del gremio, la reapertura de paritaria y que se apunte a un sueldo digno, que supere el valor de la canasta básica.
SOEVA hizo caso omiso a la petición de sus representados, y terminó firmando ítems de entre $1.500 y $6.500, no remunerativos, que varían cada mes, hasta febrero del 2023. Semanas después de esto, el gobernador Suárez que dice que no hay dinero para mejorar los sueldos de pobreza de los docentes, dispuso por decreto el destino de ni más ni menos de $55 millones en un evento destinado a la promoción de los grandes bodegueros, que se realizará en distintas grandes bodegas y culminará en Bodegas Zuccardi. Una muestra clara de que los gobiernos están para los empresarios millonarios, y nada les importa la situación de los trabajadores.
Ante esta situación en la que hoy nos encontramos todos los trabajadores y trabajadoras, es necesario hacer escuchar nuestra realidad con organización y movilización. Como lo vienen haciendo los trabajadores autoconvocados de Maipú, en donde la presión de los obreros, obligó a SOEVA a anunciar un plan de lucha, con asambleas en todas las bodegas. Este ejemplo comienza a repetirse en otras seccionales de la provincia, como el Sur, o el Este, convirtiendo la lucha en una sola, y con un reclamo común: Bono de $25.000 de septiembre 2022 a febrero 2023. Hoy por hoy los vitivinícolas tenemos una paritaria cerrada a nuestras espaldas, sin ninguna asamblea que haya aprobado esas negociaciones. Necesitamos recuperar la unidad para la lucha, que tan fuerte nos hizo a los obreros y obreras del vino durante el paro nacional y las movilizaciones enormes de 2021.