Ayer jueves se desarrolló en Brasil el último debate presidencial hacia las elecciones del próximo domingo 2 de octubre. Fue un debate intenso de tres horas que estuvo televisado por la cadena Globo. Entre los participantes estaban el favorito Luiz Inácio Lula da Silva (Partido de los Trabajadores) peleando ganar en primera vuelta, el actual presidente Jair Bolsonaro (Partido Liberal) que viene muy por detrás en las encuestas, y también Ciro Gomes (PDT), el padre Kelmon (PTB), Luiz Felipe D’Ávila (NOVO), Simone Tebet (MDB) y Soraya Thronicke (Unión Brasil).
Mientras tanto la cadena Globo vetó la presencia de candidatos a presidente de la izquierda, como Vera Lúcia del PSTU, Leonardo Péricles de la UP y Sofia Manzano del PCB, pero invitó a personajes como el padre Kelmon que participó vestido de cura, un representante de la ultraderecha conservadora que odia a los sectores populares.
El expresidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva, favorito para las elecciones presidenciales del domingo en Brasil, se convirtió este jueves en el principal blanco de ataques de sus rivales.
El temor de que el líder progresista garantice su elección el domingo sin necesidad de una segunda vuelta, ya que los sondeos le atribuyen más de la mitad de los votos válidos, obligó a Lula a defenderse en el debate de diferentes y numerosos ataques, principalmente de los escándalos de corrupción en su Gobierno.
Lula fue atacado principalmente por el presidente Jair Bolsonaro, que aspira a la reelección, al que los sondeos le atribuyen cerca del 36 % de los votos válidos y que intenta reducir la ventaja que lo separa del favorito para poder llegar a la segunda vuelta.
"Lo que está en juego en las elecciones es el futuro de la Nación. Brasil era una cleptocracia. Lula fue el jefe de una gran organización criminal. No podemos continuar en el país del robo", afirmó Bolsonaro al recordar escándalos como el de los gigantescos desvíos de recursos públicos de la petrolera estatal Petrobras.
Los muchos tonos derechistas del debate sirvieron para intentar que Bolsonaro pareciera moderado, pero el presidente no desaprovechó la oportunidad para empezar a atacar a las mujeres y a la comunidad LGBTB. También mostró su odio a los trabajadores cuando volvió a despreciar los cientos de miles de muertos por Covid y los datos de hambre en el país durante su gobierno.
Para abrir el abanico del reaccionario, Luiz Felipe D’Ávila, el candidato millonario de Novo, que no se cansa de querer privatizar todo, cuando se le preguntó sobre las cuotas raciales, ni siquiera se molestó en tocar el tema propuesto, un racismo flagrante, que convierte todo lo que toca en beneficio capitalista.
El Padre Kelmon (PTB), un autoproclamado arzobispo ortodoxo, que no está oficialmente reconocido como tal por la Iglesia, fue un capítulo aparte. Cargó contra los programas culturales en televisión promovidos durante los Gobiernos de izquierda, donde se hacen “cosas inmorales con los cuerpos”. Pese a los memes y las risas generadas, se señala a Globo como responsable de haberle dado espacio al más bajo nivel de defensa de un Estado teocrático en la televisión nacional.
Simone Tebet (MDB) y Soraya Thronicke (União Brasil) esta vez apenas intentaron pintarse con su feminismo liberal, hablaron con orgullo de los terratenientes y de cómo son "superprivatistas" como el millonario de la Nueva. Para Ciro, demostró una vez más ser un recolector de votos de la extrema derecha bolsonarista, como el candidato burgués que es. |