La primera huelga general de nuestro país inició el 31 de julio de 1916, donde los trabajadores de la Ciudad de México decidieron hacer una demostración de fuerza que paralizó el conjunto de la economía en la capital.
Tras los hechos que dieron origen al pacto con Venustiano Carranza en Veracruz con un sector de dirigentes reformistas de la Casa del Obrero Mundial (COM), el cual dio origen a los “batallones rojos”; estaba aclaro que el gobierno Constitucionalista no tenía una perspectiva inmediata de dar una solución de fondo a las exigencias de la clase obrera, aunque el ala obregonista ofrecía algunas prebendas para impedir que la simpatía de las fuerzas obreras con los ejércitos de Villa y Zapata significara una integración a la lucha armada, mientras que estos últimos, ante las condiciones de capitalismo atrasado veían reducidas sus posibilidades de una alianza obrero-campesina impulsando las luchas de las organizaciones obreras con sus propios métodos en los centros urbanos y fabriles.
En el caso de Villa, él tenía integrados entres sus fuerzas a ferrocarrileros, quienes simpatizaron rápidamente con él, pero no estaban ahí como clase, sino como individuos, estos a razón de que no existían núcleos obreros lo suficientemente desarrollados para que así fuera. En cuanto a Zapata, la relación entre el alto mando zapatista y algunos militantes del magonismo dio como fruto, más allá de la sensibilidad por compartir obreros y campesinos la explotación y persecución del régimen porfirista, que cuando les llegó la noticia de la revolución rusa y discutieran sus características y alcances, además de mandar un saludo a los revolucionarios, retomaran como conclusión fundamental la necesidad de la alianza obrero campesino en clave revolucionaria, expresada en una carta de Zapata a los obreros y campesino.
Lamentablemente llegaron a dicha conclusión en la fase descendente del ciclo revolucionario, por la misma razón que en el caso del villismo, que la clase obrera estaba muy incipientemente desarrollada en el terreno social y estructural, y que no había avanzado en una perspectiva política revolucionaria. Por otro lado, las direcciones anarcosindicalistas que estaban más de izquierda de la clase obrera no supieron levantar las demandas agrarias por lo no había posibilidad de confluencia si no se tomaban las demandas agrarias.
Así, desde mediados de 1915 a mayo de 1916, decenas de huelgas estallaron a nivel nacional, entre los que se encontraban maestros, choferes, panaderos y trabajadores del comercio en la ciudad de México, petroleros de El Águila en Veracruz, trabajadores textileros, mineros de El Oro en el Estado de México; tranviarios y electricistas en Guadalajara, trabajadores portuarios de Veracruz y Tampico, así como mineros y tipógrafos de Pachuca. La furia obrera se extendió por todo el país, pero hay que aclarar que en su participación no fue el actor central, pues la revolución fue protagonizada centralmente por las masas agrarias, que le impusieron su radicalidad.
Inicia la primera huelga
Fue en este marco cuando los obregonistas intentaron fungir como mediadores entre los capitalistas y las masas, tratando desmarcarse de Carranza y tratando de alejar a los trabajadores del campo y la ciudad de las direcciones campesinas radicales para evitar que a radicalidad campesina se extendiera al proletariado. Por ejemplo, Álvaro Obregón en la primera quincena de abril de 1915, en medio de las batallas contra la División del Norte en Celaya, dictó un decreto sobre el salario mínimo en los estados de Guanajuato, Michoacán, Querétaro e Hidalgo. Se señalaba que los jornaleros, mozos, cocineros, lavanderos entre otros trabajadores debían ganar 75 centavos, además los patrones debían aumentar en 75% la ración de maíz que se deba a los jornaleros. [1]
Los resultados de la política obregonista fueron muy efectivos, ya que tras las batallas de Celaya, León y Aguascalientes la balanza se inclinó del lado de los constitucionalistas y así lograron imponer algunas medidas en dichas plazas, mientras tanto los dirigentes de la Casa del Obrero Mundial (COM) se vieron envueltos en problemas en Puebla y Veracruz cuando hacían propaganda sindical a favor de Obregón. Las disputas las tuvieron tanto con los patrones como con los funcionarios del Departamento del Trabajo carrancista, ya que los obreros de las regiones textileras se encontraban en lucha y la burguesía trataba de ceder lo menos posible.
La política aquí fue forzar a los trabajadores a que siempre reconocieran el papel del gobierno como mediador del conflicto, trataban de evitar en la medida de lo posible que los sindicatos se enfrentaran de forma directa al capital. A pesar de la urgencia de suprimir las expresiones independientes del movimiento huelguístico en medio del conflicto armado, sin embargo, las alas izquierdas del movimiento obrero, desencantadas del pacto con Carranza, impulsaron la lucha para alcanzar sus reivindicaciones.
La legislación expedida por los carrancistas entre 1915 y 1916 expresaba su inquietud por la actividad de las organizaciones obreras, la demanda inicial de los trabajadores por el reconocimiento de sus sindicatos fue aprovechada por los constitucionalistas. Con ello es como intentaron constituirse como un árbitro entre el movimiento obrero y los capitalistas, un “arbitro vendido” de antemano para la restauración del dominio capitalista que la lucha armada había sacudido poniendo en fuga a muchos capitalistas, manufactureros y terratenientes, rumbo a Brownsville, Texas, o a la Habana, Poco a poco la gestión oficial se condicionó al registro o legalización de los demandantes. [2]
Intentos de reorganización y lucha obrera
Conforme el país se iba pacificando con las victorias sobre las División del Norte y el Ejército Libertador del Sur, fuerzas entre los que también se encontraban trabajadores agrícolas, rancheros, ferrocarrileros (especialmente entre las fuerzas villistas), comenzó a aparecer un nuevo ascenso obrero, ya que la guerra destruyó fuentes de trabajo y pauperizó las condiciones de vida de la población urbana. En el año de 1916 el proletariado pasó a la ofensiva ya que se concretó un ciclo de aprendizajes y organización que se habían gestado desde 1915 y con más fuerza comenzaron a estallar huelgas.
Frente a eso, la posición del gobierno nacional y los gobiernos locales se fue endureciendo cada vez más. A mediados de 1916, los asalariados del sector ferrocarrilero iniciaron una huelga en Aguascalientes a causa de la terrible inflación, interrumpiendo el movimiento de trenes en algunas líneas, la movilización se inició a causa de la suspensión de las gratificaciones extraordinarias anunciada en una circular del cuatro de mayo. [3]
El 18 de mayo la Federación de Sindicatos del Distrito Federal (FSODF) exigió a los patrones y al gobierno el pago de sus salarios en oro nacional, los obreros dieron 72 horas a partir del día 22 para que los industriales accedieran a sus demandas, por supuesto siendo ignoradas por los empresarios. Así, los electricistas, tranviarios y empleados de comercio los primeros pasos de la huelga general: con la suspensión de los demás servicios, otros sectores del proletariado se incorporaron a la lucha.
La comisión de huelga fue conducida ante Carranza, quien como defensor de los capitalistas se negó a concederles a los disidentes sus derechos, además se amenazó con castigos severos por la cesación de servicios como la luz y otros servicios públicos. Ante las amenazas los dirigentes obreros aceptaron la propuesta patronal de seguir recibiendo su salario con los billetes del constitucionalismo, lo cual molestó por supuesto a la base obrera, también se fijaron precios de productos básicos para que así se aceptara el pago en la moneda constitucionalista. Los sectores acaudalados de comerciantes respondieron escondiendo el producto para encarecerlo artificialmente y así preservar sus ganancias, dando lugar a enfurecidas protestas de los trabajadores. Así, el 11 de junio la FSODF se movilizó poniendo un plazo de tres días para la venta de artículos de primera necesidad.
Persistencia y combatividad
La respuesta de Carranza fue la creación de Comisión Reguladora de Precios Comerciales que “reguló” el precio de los productos básicos para limitar un poco los abusos de la burguesía comercial, intentando calmar el descontento, por lo que se impuso a los comerciantes un precio fijo para los bienes básicos con el fin de controlar la escandalosa inflación. Pero ello no pudo calmar la ira de los trabajadores, ya que, a pesar de las medidas tomadas, esta no resolvía la crisis social que se vivía en el país.
Por lo que el 22 de julio de 1916, la FSODF nuevamente comenzó a movilizarse después de una asamblea, en donde la base determinó que se reclamaba a los patrones el pago de su salario en monedas de oro. Además, se exigía un aumento del 50% salarial y que se cumplieran los acuerdos de mayo de indemnizar los tres meses de sueldo a los que fueran despedidos por apoyar el movimiento.
La huelga estalló el 31 de aquel mes, en ella participaron alrededor de 90 mil trabajadores entre los que se encontraban los trabajadores de la capital y sus alrededores. Aquella lucha fue encabezada por los electricistas de modo que, al parar, dejaron sin energía a las principales industrias de México. [4]
La represión
Frente al naciente escenario lo primero que hizo Carranza fue llevar a los dirigentes obreros a Palacio Nacional donde los injurió y encarceló bajo la acusación de traición a la patria. Entendida ésta como la amenaza contra los intereses de la clase dominante, que habían sido considerados por el gobierno como los intereses generales.
El gobierno procedió a clausurar locales sindicales con la fuerza de los militares, en los que decretó el toque de queda para evitar las movilizaciones; ese mismo día, apelando nuevamente al nacionalismo, Carranza, desde el balcón del Palacio, reprochó a un grupo de obreros que estaban manifestándose que tomaran este tipo de medidas mientras México estaba ocupado por tropas extranjeras, aludiendo a la toma del puerto de Veracruz por la marina yanqui, así que desplegó por todos los lugares que pudo una campaña sucia en contra de la clase obrera opositora, al tacharla de antipatriota.
El primero de agosto el gobierno reinstaló la ley juarista de 1862 que daba la pena de muerte a los “alborotadores del orden público” que interrumpieran las actividades laborales. Además, se perseguía a quienes se reunieran para participar de las huelgas. También castigaba a quienes atacaran a los funcionarios públicos o impidieran el trabajo de los esquiroles. Como se puede apreciar, la respuesta del constitucionalismo fue muy violenta. [5]
La represión se concentró sobre todo contra los trabajadores electricistas y el SME por ser la vanguardia del movimiento; el ejército asaltó la asamblea que se realizaba en el local de los electricistas y la disolvió. El dos de agosto fue capturado el dirigente electricista Ernesto Velasco, principal líder de la huelga. Con la presión de Carranza por el decreto de Pena de muerte, Velasco ordenó el fin de la huelga, con ello la planta de electricidad de Necaxa volvió a operar. Finalmente, después de un proceso enredado Velasco no fue ejecutado y fue puesto en libertad el 18 de agosto.
Las acusaciones del gobierno contra el movimiento obrero eran absurdas, acusaban a los electricistas de buscar el desprestigio del papel moneda con el cual el gobierno compraba armas, cuando habían sido los carrancistas y otras fracciones del conflicto armado las responsables del caos monetario, porque eran ellos los que imprimían sus propios billetes. Otra acusación sin sustento era que por culpa de la huelga los soldados se iban a quedar sin cartuchos y armas en medio de la invasión yanqui, una falsedad más si consideramos que las fábricas de cartuchos tenían sus propios generadores. Posteriormente, previo acuerdo con Carranza, los ocupantes se retirarían dejando al carrancismo las armas y municiones, con el fin de combatir a la División del Norte en la frontera.
A pesar de la represión la clase obrera seguía teniendo ánimos de lucha, es por esa razón que ni Velasco ni los demás líderes obreros fueron ejecutados, ya que la burguesía contemplaba los resultados de utilizar la pena de muerte como una muestra de debilidad. De hecho, la demanda de cobrar los asalariados en oro nacional no fue retirada después de esta experiencia, al contrario, encendió los ánimos del proletariado, en una asamblea realizada en octubre de 1916, los electricistas volvieron a pedir su sueldo en oro nacional.
La demanda finalmente triunfó el 23 de octubre cuando el gobierno decretó que todos los sueldos fueran cubiertos en oro nacional o su equivalencia en plata o papel moneda infalsificable, puntualizando que la Secretaría de Hacienda regularía el tipo de cambio. Por la misma demanda, mineros de Pachuca y Real del Monte paralizaron la producción en noviembre, pues los comerciantes no querían aceptarles sus billetes infalsificables.
Los ferrocarrileros paralizaron por 15 días el tránsito de trenes de ese mismo noviembre en exigencia de la liquidación de sus salarios en oro nacional, así se acompañó la demanda con un aumento salarial del 60%, Carranza tuvo que ceder para que las locomotoras pudieran llegar a Puebla y Veracruz, después de un acuerdo en que el gobierno pagaría el 90% de los sueldos de 1916 en oro, y el resto en papel moneda, además de que no se les persiguió.
Los tranviarios se inspiraron en este triunfo e iniciaron a una huelga por los mismos motivos, también triunfaron y tampoco se les persiguió, aunque el general Hill, gobernante de la Ciudad de México, realizó una advertencia contra los desórdenes públicos. La burguesía para prevenirse, para sortear su propia debilidad y para ganar fuerza concedió aumentos de entre 40% y 60% con el fin de evitar huelgas, en los últimos meses de aquel año. La participación de Obregón fue fundamental para calmar los ánimos, cooptando dirigentes sindicales y hablando “a título de amigo del movimiento obrero”, con esa política consiguieron la disolución de la COM en agosto y puso de su lado a varios líderes obreros.
Primeras experiencias
El movimiento obrero a pesar de la combatividad no pudo triunfar del todo en este episodio, una de las razones es que estaba dividido porque algunos sectores sindicales estaban apegados al gobierno, especialmente cercanos a Obregón. Además, reinaba entre los trabajadores la indisciplina y el desorden, [6] pues los dirigentes anarcosindicalistas radicales depositaban más su confianza en la espontaneidad y no en bases sólidas de la organización proletaria.
Por otra parte, nunca se pudo formar una unidad real con las masas agrarias enroladas en los ejércitos de Villa y de Zapata que estaban combatiendo en el norte y el sur del país, la falta de una dirección revolucionaria, y de un movimiento obrero ideológicamente organizado, que planteara la cohesión de los oprimidos en un organismo de clase, llevó a que se luchara de forma desarticulada. Lo cual era un resultado directo de sus limitaciones objetivas, pues era un movimiento obrero que recién estaba dando sus primeros pasos, donde sus lazos con la lucha proletaria internacional eran muy incipientes y los sectores más de izquierda del mismo ni siquiera visualizaban la importancia de la alianza con los campesinos.
También hay que decir que los trabajadores estaban en su mayoría desarmados, aunque a pesar de eso salieron con un gran espíritu de combate para exigir sus derechos y no se rindieron tan fácilmente. De hecho, lo que dio su carácter de huelga general fue que participaron en ella muchos sindicatos que no eran parte de la FSODF y eso encolerizó a la burguesía, de la misma manera fueron parte miembros de la COM, Además de que estaban preparando la discusión y publicación de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos que entraría en vigor en febrero de 1917. Así, como una muestra del peso que tenía que la clase obrera se pusiera en movimiento, se escogieron a representantes obreros para que fueran diputados en Querétaro para redactar la nueva Constitución, con el fin de legitimarla, no sin dejar estipuladas en su articulado garantías a las demandas obreras, mismas que sólo se podrían hacer efectivas como hoy, enfrentando a gobiernos y patrones.
Por lo que la derrota inicial del movimiento obrero en los años de esplendor revolucionario encabezado por las masas campesinas, fue una combinación de factores, como la política obregonista de cooptación, junto con la utilización de rompehuelgas, el impacto desmoralizador que tuvo que esquiroles restablecieran la energía eléctrica, el arresto del Primer Comité de Huelga, la destrucción de la COM, la falta de comunicación producto de la ley marcial y la persecución. Junto con el uso de una apabullante fuerza militar en el contexto de una huelga que el gobierno logró aislarla en la Ciudad de México, donde la COM no pudo llamar a los trabajadores de todo el país porque carecía de una fuerza nacional , producto de las propias condiciones de atraso material y la debilidad de la dirección del movimiento proletario.