Las declaraciones del presidente López Obrador respecto al acoso y el ambiente de hostilidad y confrontación por parte de las élites económicas y políticas de Perú, que antecedieron la destitución del ahora expresidente Pedro Castillo luego de que éste intentara disolver el Congreso, dieron lugar a críticas de la Cancillería y de legisladores del país sudamericano, así como de sectores de la derecha en México, que lanzaron el hashtag #SiguesTúAMLO.
Presionado por el empresariado peruano y un Congreso dominado por la derecha, Pedro Castillo, ex líder sindical del magisterio peruano optó, desde que asumió la presidencia, por adoptar la agenda neoliberal de estos sectores para tratar de conciliar con ellos, sin intentar nuca apoyarse en la movilización obrera y popular para hacerles frente. De esta forma fue perdiendo apoyo político y social hasta quedar debilitado, lo que posibilitó el golpe parlamentario en su contra.
Así, Perú se constituyó en uno de los eslabones más vulnerables de América Latina, ya que la presidencia de Castillo -quien llegó al poder capitalizando el profundo descontento social expresado en las movilizaciones de noviembre de 2020 contra el gobierno de Vizcarra- puso de manifiesto la debilidad de la hegemonía de los progresismos latinoamericanos, que en un contexto internacional inestable, signado por la crisis de las cadenas de valor, la pandemia, la guerra en Ucrania y la creciente inflación a nivel mundial, poco pudo hacer para ampliar el acceso al consumo de los sectores más empobrecidos y no rompió con el régimen neoliberal implantado por Alberto Fujimori en la década de 1990.
En el caso de México, a pesar de que la derecha opina que AMLO debe preocuparse por lo que pasó en Perú, el gobierno de la 4T preserva una importante hegemonía y fortaleza, como lo expresó la movilización del 27 de noviembre convocada por el presidente, e incluso es presentado como un ejemplo por sus logros, en comparación con la debilidad que muestran otros gobiernos del llamado progresismo latinoamericano. Sin embargo, los elementos de continuidad neoliberal de su política en diversos rubros, como educación, salud, laboral, ambiental, pueblos originarios y otros, han implicado también un importante desgaste, dando margen al envalentonamiento de la derecha y el empresariado y a un escenario de polarización social y política en el país.
Entre las políticas más recientes promovidas por la 4T para ganar apoyo popular está la reciente aprobación del aumento de 20% al salario mínimo para 2023, lo que sigue estando muy por arriba de lo que se veía en sexenios previos. Sin embargo, aunque el aumento representa una ayuda parcial y se distingue de las políticas tradicionales de la derecha neoliberal, sólo beneficia a una sector minoritario de los trabajadores (menos de un tercio de los registrados en el Seguro Social, sin contar al sector informal), e incluso junto con las políticas de asistencia social del gobierno resultan insuficientes, frente a la elevada inflación, para satisfacer las necesidades de las familias trabajadoras y populares y evitar el deterioro de nuestras condiciones de vida.
Pero este tipo de medidas no sólo se combinan con las políticas de corte neoliberal, en beneficio de los grandes empresarios, como los megaproyectos o el avance de la precarización laboral, que generan amplio descontento, sino también con la profundización de la militarización del país, que da marco a un endurecimiento de la represión contra los sectores que luchan, como se mostró el viernes 2 de diciembre en el pueblo de San Gregorio Atlapulco, en Xochimilco, mediante un descomunal despliegue policiaco por parte del gobierno de Claudia Sheinbaum, la principal apuesta de AMLO para las elecciones presidenciales del 2024.
El pueblo de San Gregorio ensaya respuesta popular contra la represión y el PGOT de Claudia Sheinbaum
En este contexto, es destacable la respuesta espontánea de los pobladores de San Gregorio frente a la represión, que resistieron y replegaron a los granaderos. Además, mediante la movilización junto a pueblos aledaños y otros como el Santa Úrsula y el de Xoco, no sólo se logró la cancelación de las obras de Sacmex en San Gregorio y Milpa Alta, sino que Claudia Sheinbaum tuvo que aplazar la discusión del Programa General de Ordenamiento Territorial, que amenaza con despojar de agua y territorio a las comunidades. Se trata de un importante ejemplo que muestra que, mediante la lucha, es posible triunfar (aunque por ahora sólo sea parcialmente), a pesar de la fortaleza que pueda tener un gobierno, lo cual puede alentar el surgimiento de nuevos movimientos.
Hacia delante, es necesario soldar la más sólida alianza obrera y popular en torno a éstas y otras demandas de los sectores populares, para lo cual es clave que los sindicatos demuestren su solidaridad efectiva y se sumen a las acciones que se realicen, rompiendo toda tregua con el gobierno y sus planes.
En el marco de una coyuntura con fuerte contenido electoral, el descontento que se viene expresando en distintas luchas muestra que existe una salida por fuera de las propuestas de los bloques electorales en disputa.
Ante el proyecto político de las 4T, que aunque preserva fortaleza también muestra desgaste, así como frente al envalentonamiento de la derecha y la perspectiva de recomposición de la oposición neoliberal, la coordinación y la unidad de los sectores en lucha puede ser la base para desarrollar la organización y la lucha independiente de los explotados y oprimidos, condición indispensable para conquistar la solución a nuestras demandas.
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