Las metas siempre imposibles del Fondo. Columna de economía de El Círculo Rojo, un programa de La Izquierda Diario en Radio Con Vos, 89.9. En texto y audio.
Este 3 de marzo se cumple un año desde que el exministro de Economía, Martín Guzmán, envió al Congreso un proyecto de ley para que se aprobara el nuevo endeudamiento comprendido en el Acuerdo de Facilidades Extendidas acordado con el FMI.
Recordemos que en este acuerdo se pactó el aumento de tarifas de los servicios públicos que ahora está impactando cada vez más fuerte en la inflación y en los bolsillos de las mayorías trabajadoras.
También allí se acordó un aterrizaje de la economía, que es la situación que está transitando la economía luego de crecer más de 10 % en 2021 y más 5 % en 2022.
Además, el gobierno se comprometió a un ajuste importante de las cuentas públicas con el objetivo de liberar recursos para pagar una deuda que tiene muchos capítulos fraudulentos.
Otro aspecto importante del acuerdo es el que se refiere a las metas de acumulación de reservas en el Banco Central. Obviamente, también el objetivo de estas metas es retraer divisas que necesita la economía para su funcionamiento para liberar dólares en favor del FMI y de los acreedores de la deuda, mayormente los llamados lobos de Wall Street.
El acuerdo ya necesitó ser tuneado anteriormente para que Argentina pueda mostrar el cumplimiento de las metas, pero ahora el ministro Sergio Massa se encuentra renegociando las metas de acumulación de reservas.
¿Por qué renegocia estas metas? El gobierno argumenta que, por el impacto de la guerra entre Rusia y Ucrania y por la sequía que afecta a la producción agraria en nuestro país, no llegará a cumplir a fin de año con la meta de acumular U$S 12.400 millones de reservas netas del Banco Central.
En estos días visitaron Washington el viceministro de Economía, Gabriel Rubinstein, el jefe de Asesores Leonardo Madcur y el secretario de Hacienda, Raúl Rigo.
Buscan que el “board” del Fondo apruebe la revisión de las cuentas del cuarto trimestre de 2022 para que desembolse U$S 5.400 millones y además definen los detalles para recalcular la meta de acumulación de reservas en función de una negociación que ya realizó Sergio Massa ante Kristalina Georgieva en la cumbre del G-20 de la semana pasada.
Todo indica que el FMI aprobará la revisión y aceptará flexibilizar la meta de acumulación de reservas.
Hasta acá parece que el Fondo es contemplativo con las necesidades del país. Pero hay que evaluar con más detalle para ver que no es así. El organismo permite flexibilizar las metas de acumulación de reservas, pero no los compromisos de deuda que el país tiene por delante.
Lo más probable es que, en una economía con cada vez mayor escasez de dólares y con compromisos de deuda crecientes hacia 2024 y 2025, el costo se vea por el lado de menor actividad económica.
Hay otro “detalle” importante que no debería pasar desapercibido: el FMI también aceptaría que, aunque sigan las revisiones trimestrales, el cumplimiento de las metas pase a ser anual. De este modo, el próximo cumplimiento de metas se verificará en marzo del 2024, ya con un nuevo gobierno.
En este panorama lo que se intuye es que Sergio Massa pactó con el FMI patear todo hacia el año que viene bajo la perspectiva de que un gobierno con mayor respaldo político le permita, eventualmente, llevar adelante lo que el organismo siempre quiere: reformas estructurales en favor del gran capital multinacional.
Este es el verdadero triunfo del Fondo: los gobiernos pasan, pero la economía argentina será teledirigida desde Washington al menos por una década más.