En estos días de corrida cambiaria, nerviosismo en los “mercados”, precios que vuelan por el aire e incertidumbre generalizada, los dueños del país aprovechan el río revuelto para enriquecerse más. En eso andan las grandes empresas alimenticias, las cadenas de supermercados, los bancos, los fondos especulativos, el agronegocios, entre varios otros.
La clase capitalista consuma en la crisis una transferencia de ingresos en su favor y en detrimento de la clase trabajadora. Pero, mientras se desarrolla la crisis, emerge una sola certeza: el futuro depende, en gran medida, de lo que se decida en Washington.
En marzo del año pasado, en momentos en que se discutía el acuerdo de facilidades extendidas que alcanzó Martín Guzmán, que implicaba un nuevo endeudamiento que fue aprobado por el Congreso con el voto mayoritario de Juntos por el Cambio, muchos indicamos que ese acuerdo dejaba regalado al gobierno: el Fondo podía precipitar un default en medio de la campaña electoral de 2023.
Es, precisamente, lo que está ocurriendo. Este martes, con las cotizaciones paralelas del dólar coqueteando con los $500, el ministro de Economía, Sergio Massa, anunció por Twitter (¡Sí, por Twitter!) que iba a violar las restricciones prescriptas en el acuerdo con el FMI en relación a la imposibilidad de utilizar reservas del Banco Central para intervenir en el mercado cambiario.
Ahora, el equipo económico massista va a peregrinar a Washington, con el viceministro Sergio Rubinstein a la cabeza: tendrá que pedir perdón y mendigar que el Directorio del FMI apruebe los desembolsos pactados para este año. De acuerdo a lo negociado por Guzmán, esos desembolsos están vinculados de manera directa con los pagos que tiene que hacer el país al propio Fondo: deuda para pagar deuda.
Si el organismo decide no hacer los desembolsos, como le ocurrió a Raúl Alfonsín en el año previo a la finalización de su mandado o a Fernando de la Rúa en los últimos meses de su camino hacia el precipicio, lo que sigue es el default. No parece que la historia se vaya a repetir, pero el hecho de que el Fondo tenga en sus manos la posibilidad de un default da cuenta de la poderosa arma de extorsión que tiene en sus manos para fijar condiciones a nuestro país.
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