Foto: Antonio Litov
En su casa, mientras repasa y edita un sinfín de fotografías que hizo durante el viaje y que reflejan la crudeza de la crisis migratoria, Antonio Litov nos empieza a explicar que a este viaje lo organizaron con los compañeros del colectivo de fotógrafos Fotomovimiento en el que él participa. Lo han hecho dice “movidos por la solidaridad y para conocer la situación real de los refugiados que en este momento pasan por gran parte del territorio europeo”. Además de poder difundir en primera persona el drama de los refugiados para IzquierdaDiario.es del que también es fotógrafo, y militante de Clase contra Clase.
Nos metemos de lleno en la conversación. Cuenta que “no hay apenas ayuda humanitaria, solamente algunos colectivos o personas solidarios”.
“En realidad, sobretodo hay grupos autoorganizados provenientes de República Checa o de Alemania”, sigue explicando sobre la ayuda humanitaria con la que se ha encontrado en la práctica. “Sin recibir nada a cambio van allí y reparten alimentos, ropa y ofrecen ayuda sanitaria”. El punto álgido de indignación llega cuando Litov explica que “la ACNUR -Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados -está totalmente desaparecida, algo que me parece una auténtica vergüenza. Médicos sin Fronteras y Unicef están allí, pero los que primero pisan el terreno son los voluntarios”.
Como ya avanzó IzquierdaDiario.es en un reportaje durante el viaje por las zonas fronterizas, tras pasar gran parte del primer día en Serbia, Antonio Litov y sus compañeros de Fotomovimiento llegan a las proximidades de un paso fronterizo entre Sid -Serbia- y Tovarnik -Croacia. Allí se encuentran un panorama desolador, miles de personas son transportadas en autobuses hasta el campo de refugiados ubicado en Opatovac -Croacia-.
Sobre el trato que se les da a los inmigrantes en los pasos fronterizos, nos explica que “los tratan como a verdaderos animales, separándolos entre países de origen. En el paso fronterizo entre Sid y Tovarnik tienen que hacer sus necesidades en un enorme campo de maíz. Ni siquiera les han habilitado lavabos, intimidad ninguna. Si no fuera por la solidaridad de los voluntarios, allí no habría ni comida ni ayuda sanitaria. Los gobiernos de cada país ni siquiera hacen acto de presencia en las fronteras, solamente mandan a la policía para controlar el tema”.
En la zona fronteriza de Croacia, la policía impide registrar imágenes de los miles de refugiados concentrados e insta a todos los medios de comunicación a pasar nuevamente a territorio serbio. Sin duda, el hecho de que Croacia sea un estado miembro de la Unión Europea hace que muestren una mayor reticencia al intentar reflejar la verdadera cara de esta crisis humanitaria. De todas formas pueden captar, aunque sea de lejos, la brutalidad y la violencia que imprime la policía hacia los refugiados que vienen de tan lejos.
El acceso a los campos de refugiados es mucho más complejo nos asegura Litov. A ellos les denegaban el paso y se quedaban a las puertas del campamento registrando cómo muchos de los inmigrantes llegan procedentes de Bapska -otra localidad croata- en decenas de furgonetas policiales. Sin embargo “sabemos por otras personas que han podido acceder, que los gobiernos de cada país los clasifican por familias o por mayores y niños que han llegado solos. Allí los identifican, les toman las huellas dactilares, los duchan, les hacen una foto, se pasan tres o cuatro días en el campo y, en nuestro caso, después se los llevaban en autobús a Hungría”. Es decir, ante la imposibilidad de entrar en territorio croata, lo más seguro es que regresen tras los pasos hacia Hungría, acabando así con todas las esperanzas depositadas en esta travesía.
En cuanto a la propia experiencia en las fronteras, Antonio Litov es muy claro “hay que estar allí para entender la profundidad de esta crisis, esto te desgarra el alma. Los refugiados corren un riesgo enorme para acabar aquí”.
Por poner un ejemplo, Litov nos narra la historia de un ciudadano kurdo al que pudieron acercarse mientras les numeraba la lista interminable -se debe contar con los dedos de las dos manos- de los países por los que había pasado para llegar a Hungría. “Es una situación en la que para nada quieren verse, una situación provocada por las guerras imperialistas” dice.
Nos comenta también que, por lo que han podido relacionarse con los refugiados, muchos de ellos vienen de países como Irak, de Afganistán, de Libia, “pero sobretodo allí había sirios huyendo de la guerra”.
“Muchos de ellos nos decían que su intención era llegar a los Países Bajos, Finlandia, Alemania, pero ellos mismos no tenían muy seguro de acabar allí” sigue explicando Litov.
Sobre la responsabilidad de la Unión Europea en este drama, Litov habla sin ambages. "Cada país hace lo que quiere, cerrando fronteras y poniendo vallas. Para ellos, el drama de los refugiados es una patata caliente, se redirigen los inmigrantes de un país a otro, y si llegan bien y si no, pues también”.
“Los mismos que arrojan bombas en Siria, Irak o Libia y desatan guerras y destrucción, no quieren dejar entrar a miles y miles de personas que escapan de este horror. La solidaridad de Merkel y compañía son palabras huecas. Mientras por una parte los líderes europeos se reúnen en interminables sesiones para acordar cupos de asilo insuficientes, en las que ni ellos mismos se ponen de acuerdo, por la otra intensifican las medidas reaccionarias contra la inmigración levantado vallas, militarizando los pasos fronterizos y por supuesto aplicando una persecución extenuante hasta acabar en las devoluciones a sus puntos de origen. En eso sí se ponen de acuerdo rápidamente. Así es como enfocan su responsabilidad”.
Litov también cree que las organizaciones anticapitalistas tienen que aportar mucho más en solidaridad con los refugiados. Y afirma de forma tajante que “visto la política de los gobiernos imperialistas, o se empieza a organizar un verdadero movimiento de ayuda o esto se va a desbordar todavía más”.
“Desde la izquierda Anticapitalista tenemos que exigir y llevar a cabo grandes movilizaciones en apoyo a los refugiados y crear un movimiento de solidaridad internacionalista. Creo que ahora mismo esto no se está produciendo, más allá de algunas manifestaciones que, aunque numerosas, no pasan de ser puntuales. Lo que yo digo es una mayor participación de todos los grupos y partidos de izquierda en Europa para construir un movimiento de solidaridad hacia los refugiados, y que a la vez pueda hacer temblar las políticas de los líderes de la UE en materia de inmigración y todo su arsenal de medidas reaccionarias”.
Después de escuchar estas palabras sobre lo necesario de un movimiento que luche por los derechos de los inmigrantes ante las políticas restrictivas de la UE, dejamos que Antonio Litov siga editando y preparando su próxima exposición fotográfica en la que dará cuenta del grado de emergencia social que requiere esta crisis migratoria en Europa. Pero antes nos dice que sin duda para él “la experiencia más dura de todo el viaje es observar a la gente desamparada. Niños, mujeres y hombres andando de un lado a otro sin saber a donde los llevan”.
Hubo momentos en los campos de refugiados, sigue explicando, aunque en realidad eran más bien como carreteras abandonadas, en que no podía contener las lágrimas y recuerda para finalizar que “mi cabeza me decía: documenta, fotografía, capta. Mantén la cabeza fría, no pienses y que no te falle el pulso. Pero el corazón me decía siéntate y llora”. |