No hubo trascendidos de la reunión entre la segunda funcionaria más importante del Fondo Monetario Internacional (FMI), Gita Gopinath, y el presidente argentino Javier Milei. Una foto, un video, un tuit y una declaración de "excelente y sustantiva reunión" por parte del ministro de Interior, Guillermo Francos.
Las negociaciones son secretas, a espaldas del pueblo trabajador que es el principal perjudicado del programa con el FMI. Pero además, el eje de la visita fue político: el gobierno de Milei, con el ministro Luis Caputo a la cabeza, se jacta de buscar "un ajuste más acelerado y fuerte del que exige el propio organismo", pero el Fondo no sólo busca dinero, también garantizar las condiciones de ese dominio. Es colonialismo explícito.
La reunión más extendida fue con el propio ministro de Economía el día anterior y con el titular del Banco Central, Santiago Bausili, para revisar los números de la economía argentina en forma meticulosa. Caputo aprovechó posteriormente para asegurar que el Fondo estaría abierto a la posibilidad de avanzar en un nuevo acuerdo y un posible desembolso. Pero las precisiones son pocas y parecería que se trata más del afán endeudador de Luis Caputo que una posibilidad real.
En la reunión de este jueves, Gita Gopinath, fue recibida en la Casa Rosada por Javier Milei y luego mantuvo un encuentro con el jefe de Gabinete, Nicolás Posse, y el ministro de Interior, Guillermo Francos. ¿Cuál es el objetivo de tantas reuniones protocolares?
El gobierno muestra los números del ajuste, pero el Fondo tiene dudas de la viabilidad política y social, y presiona por más devaluación. Después del "caputazo" en diciembre, donde el precio del dólar oficial se elevó más de 118%, la pauta de devaluación mensual es del 2 %, muy lejos de una inflación entre 15% y 20 % mensual. Eso aprecia el tipo de cambio y agota la acumulación de reservas, en un momento en donde "el campo" también presionará por mayor rentabilidad cambiaria para liquidar la cosecha gruesa. Pero una nueva devaluación aceleraría los precios aún más.
Por ello buscan eliminar el "dólar exportador" y apuntan a junio. Esto es así porque actualmente las divisas se liquidan un 20% en el mercado Contado con Liquidación, lo que implica una sangría para el Banco Central, que sólo puede apropiarse del 80 % de las divisas generadas por exportaciones, por lo que le costará más acumular reservas en adelante.
El FMI está preocupado y quiere certezas. El Gobierno perdió la batalla por la "leo ómnibus" y el organismo ve una falta de respaldo político. El resultado electoral del balotaje empieza a desdibujarse en la pérdida de apoyo de un sector de la población a Milei, mientras crece el rechazo y a sus políticas de ajuste y la organización popular.
A fines de enero Caputo y Milei cerraron el compromiso con el organismo internacional por un nuevo desembolso de US$ 4.700 millones, que sin embargo será utilizado esencialmente para el pago de vencimientos del programa stand by, contraído por Mauricio Macri. Es por ello que de este total, sólo resta un remanente de U$S 2.000 millones para hacer frente a pagos por ese monto en abril. El organismo había dado el visto bueno al ajuste en shock mediante la devaluación, la licuación inflacionaria y los tarifazos.
El resultado del mismo fue el mayor recorte real del gasto primario en enero en 30 años. En dicho mes la inflación arriba del 20 % y el congelamiento del gasto le permitieron al gobierno obtener una caída de casi 40 puntos del gasto en términos reales, según estimó IARAF. Las partidas que más se redujeron fueron jubilaciones y pensiones contributivas, subsidios a la energía, inversión real directa y transferencias totales a provincias, que significaron el 70% del ajuste.
En otras palabras, Milei garantizó el superávit financiero con el hambre de los jubilados. Por cada $100 de superávit financiero obtenido, $ 64 se los sacaron a los jubilados. En total el Estado dejó de gastar $ 750.000 millones (en relación a lo destinado para jubilaciones en enero 2023 actualizado por la inflación). Al mismo tiempo los pagos de los intereses de la deuda mostraron un salto abrupto (139,1 % en la comparación interanual).
El objetivo fiscal que el gobierno le prometió al Fondo es un 2% de superávit primario (sin contar intereses de deuda) para 2024 y una acumulación de reservas de US$ 10.000 millones. ¿Para qué? Para garantizar los pagos de la deuda externa, tanto con el propio FMI como con acreedores privados externos, cuyos vencimientos comenzarán a acrecentarse en los próximos años.
Mientras Milei juega a ser el "mejor alumno" del FMI y el capital financiero, la ex presidenta Cristina Fernández publicó una carta la semana pasada en donde advierte sobre la "tercera crisis de deuda" y habla del problema la deuda con el organismo pero se niega a desconocerla. Fue pagadora serial de la deuda y propone seguir pagando esa estafa, como lo hizo durante sus gobiernos y en el de Alberto Fernández.
Para rechazar verdaderamente el ajuste, y el acuerdo con el FMI, el camino es la movilización popular por el desconocimiento soberano de la deuda. Este es un primer paso, como parte inseparable de un conjunto de medidas como la nacionalización del comercio exterior y la banca bajo control de los trabajadores para desarrollar una respuesta alternativa ante la crisis y que esta vez no la paguemos los trabajadores. Un programa en función de los intereses del pueblo trabajador y no del capital financiero internacional. |