Erdoğan y Merkel después de su encuentro, Foto: EFE/EPA/TOLGA BOZOGLU
La imposibilidad de detener la ola de refugiados, y la crisis interna que está generando en Alemania, ha llevado a Merkel a un giro en su política hacia Turquía. La canciller se ha comprometido personalmente a acelerar la adhesión de Turquía a la UE a cambio de una contención de los refugiados en su frontera.
Turquía tiene una posición estratégica, entre Europa y las líneas “calientes” de Siria e Irak. Actualmente acoge a más de 2.000.000 de refugiados en su territorio.
Después de su encuentro con Merkel, el primer ministro turco, Davutoglu aseguró que "de las crisis surgen nuevas visiones" y dijo que esperaba que a raíz de la crisis de los refugiados "se reaviven las relaciones un tanto congeladas y se recupere el proceso de adhesión".
Davutoglu brindó una rueda de prensa conjunta con Merkel y dijo que esperaba que Bruselas “cumpla su promesa” de entregar la llave de la UE a Turquía.
"Pacta sunt servanda", los pactos son para cumplirlos, aseguró Merkel, quien se comprometió a abrir una nueva fase en las negociaciones, priorizando los capítulos 17, 23 y 24, referidos a la política económica y monetaria, a la Justicia y las libertades fundamentales.
"Los demás capítulos pueden seguir después. Necesitamos el acuerdo de todos, pero vamos a defender esta postura ante Chipre", prometió Merkel. Chipre es el Estado miembro de la UE que más se opone al ingreso de Turquía y tiene capacidad de bloquear el proceso. Chipre rechaza a Turquía por su ocupación del norte de Chipre, que mantiene al día de hoy.
Las negociaciones oficiales de adhesión de Turquía a la Unión Europea comenzaron en 2005, pero se mantuvieron casi congeladas desde entonces. Cada tanto se abría un nuevo “capítulo”, pero quedaba estancado. Muchos estados de la UE, sobre todo Alemania y Francia, pusieron freno a Turquía para evitar una llegada masiva de ciudadanos turcos a sus países, y por el temor a incluir en la UE a un país donde el Islam tiene fuerte arraigo.
Aunque la adhesión de Turquía difícilmente se concrete, el pacto al que arribaron contempla la "liberalización" de visados para ciudadanos turcos que quieran viajar a la UE.
Otra importante concesión a Turquía ha sido sobre la oferta de Bruselas de entregar a Ankara 3.000 millones de euros (3.400 millones de dólares) para que contenga a los refugiados. Merkel aceptó la exigencia de Turquía para que este dinero no salga de los fondos que la UE ya tenía asignados en el proceso de adhesión.
"Turquía quiere dinero aparte, yo lo entiendo, entendemos que es dinero añadido y así lo hablaremos", confirmó.
Además de su reunión con el primer ministro, Merkel visitó a Erdoğan, con el que realizó una breve declaración conjunta ante la prensa.
Erdoğan ejerció como Primer Ministro entre 2003 y 2014. Actualmente es presidente, un cargo supuestamente con menos atribuciones, pero sigue manejando todos los hilos del poder de su partido, AKP, y del gobierno.
La presencia de Merkel en Turquía fue muy criticada tanto por la oposición alemana como por la turca, ya que a pocos días de las elecciones generales anticipadas, aparece como un claro apoyo político a Erdoğan.
En los últimos meses, Erdoğan ha llevado adelante una ofensiva represiva de enorme magnitud sobre el pueblo kurdo, y sus ataques contra posiciones del PKK han dejado más de 400 muertos. A su vez, viene profundizando un “giro bonapartista”, reprimiendo a la oposición política al interior de Turquía, organizaciones de izquierda, sindicales y la prensa.
A su vez, la oposición responsabiliza a Erdoğan por el brutal atentado de Ankara, que dejó un saldo de 97 muertos, y anteriores atentados como el de Suruc, que dejó 33 militantes muertos. En las manifestaciones de repudio al atentado, miles cantaban “Erdoğan asesino”.
Sin embargo, a pesar de todos los cuestionamientos internos por su política fuertemente represiva, Erdoğan cuenta con el apoyo diplomático y financiero de Estados Unidos y la Unión Europea. Las bases aéreas turcas al servicio de la OTAN y su papel como “guardián” de las fronteras calientes de Europa, le garantizan esa ubicación privilegiada.
Otra muestra, una vez más, de la hipocresía de los líderes políticos de “occidente” que no dudan en pactar con dictaduras y regímenes represivos como el de Turquía (y tantos otros) para salvaguardar sus propios intereses.
En este caso, lo que busca Merkel es evitar que cientos de miles de refugiados logren traspasar las fronteras. La precaria situación de los refugiados en los campamentos de Turquía y Líbano no cambiará, pero lo que importa no es eso, sino que no lleguen a Europa.
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