Las asambleas por escuela además de discutir de política, también resolvían acerca de la participación dentro y fuera del plantel en cada fiesta, como una forma de establecer lazos con la población que nos apoyaba y al mismo tiempo compartir la lucha en esas fechas.
El día de muertos no fue la excepción, colocamos ofrendas porque muchos compañeros tenían familiares que recordar, al mismo tiempo, un motivo para recordarle al gobierno que exigíamos la solución al pliego petitorio.
El CGH colocó una mega ofrenda en Ciudad Universitaria y en cada facultad y plantel, los motivos eran muchos, la “muerte” del PRI gobierno; en homenaje a activistas y luchadores sociales asesinados y exigiendo castigo a los culpables, como los estudiantes caídos en 1968.
No faltó la ofrenda y calaveritas dedicadas a “la muerte” del PRD, pues el Consejo Estudiantil Universitario (CEU), luego de 15 años de liderazgo en la UNAM y como dirección mayoritaria del movimiento estudiantil la última década, en este movimiento perdió supremacía, y la situación del PRD daría un giro para siempre.
Fue denunciado por sus múltiples intentos de negociar a espaldas del movimiento el pliego petitorio con rectoría; encuentros “informales” decían, como si cualquier estudiante tuviera en su agenda el teléfono de las autoridades para reunirse a “hablar”.
Estas maniobras fueron sancionadas y denunciadas por el CGH, que llamó constantemente al PRD a respetar la disposición del pleno en mayoría (como hizo la “ultra” cuando estuvo en minoría).
El día de muertos frente a rectoría, miembros del Centro Libre de Experimentación Teatral y Artística (CLETA) hicieron una parodia del funeral del rector, Francisco Barnés de Castro; este colectivo había sido desalojado tiempo atrás de la Casa del Lago, donde realizaba cada domingo hermosas actividades culturales de protesta política, a las que acudían cientos de familias obreras que llevaban a sus hijos a Chapultepec.
El contexto
En esos días, el movimiento había dado giros importantes, la política del gobierno como era evidente hacía meses, era desgastar al movimiento para no resolver nada.
Francisco Barnés, días antes anunció el levantamiento de denuncias penales y sanciones ante Tribunal Universitario contra los huelguistas y lanzó un “último llamado” al CGH a rebajar el pliego petitorio Sería el inicio de una oleada represiva que culminaría el 6 de febrero del 2000 con la toma de las instalaciones por la policía federal.|
El CGH fue reprimido en una protesta frente a Televisa y aparece Alejandra Pineda, estudiante de la Preparatoria 5 en los periódicos siendo pateada por dos granaderos; la represión es respaldada por Amalia García, entonces presidenta nacional del PRD, y por Rosario Robles, entonces jefa de gobierno del DF.
Acatlán y la Preparatoria 9 habían sido atacadas; porros contratados por priistas universitarios, apoyados por autoridades de ambos planteles y auspiciados por la policía intervinieron. La Prepa 9 fue tomada unas horas y recuperada por el movimiento estudiantil y los huelguistas de Acatlán vivíamos el segundo intento de toma, donde los porros no logran ingresar más que unos metros.
La defensa exitosa de estas escuelas, desató una campaña mediática feroz desde Televisa, TV Azteca y otros medios: “ultras”, “agresivos”, “radicales”, “intransigentes”, “violentos”...
El CEU, había abandonado algunos planteles y su salida definitiva vendría en enero, cuando entregan unilateralmente a las autoridades la ENEO y el CUEC (únicas escuelas donde mantuvieron mayoría hasta el final).
Por estos días realizan una marcha alrededor de 700 personas, convocada por Convergencia Universitaria (PRD), con el ala moderada y encabezada por Elvira Concheiro, Axel Didrickson e Imanol Ordorika, en un intento del PRD por buscar legitimidad.
El EZLN, a través del entonces subcomandante Marcos, criticó a la “ultra”, se mofó de ella por su “radicalización” con la toma de institutos y en los hechos apoyó al ala moderada.
El CGH había realizado una masiva consulta en la ciudad de México, con respaldo universitario en otros estados como el Estado de México, Oaxaca, Puebla, Tlaxcala, Zacatecas y Veracruz. Con 1734 casillas, 130 mil personas entre universitarios y población en general, votaron a favor de la renuncia del rector, por su incapacidad para resolver el pliego petitorio y 147 mil personas a favor del diálogo con el CGH y de la realización de un Congreso democrático y resolutivo.
La exigencia de renuncia del rector se fortalecía y el PRD desde fuera la respalda a través de sus diputados y Leonel Godoy, como una forma de tener política para el movimiento estudiantil en su constante intento por recuperar su dirección. Al mismo tiempo el PRD como gobierno capitalino solicita al CGH que modifique la ruta de su mega marcha de Televisa a los Pinos para no “trastornar la ciudad” y éste rechaza su pedido y le exige no ser reprimido, así como exige al gobierno federal la desaparición del Tribunal Universitario, la cancelación de órdenes de aprehensión y el cumplimiento del pliego petitorio.
En estas condiciones donde la situación cambiaba cada día, llegó el día de muertos a la UNAM, en plena huelga, pocos días anes de que renunciara el rector Barnés, un logro de muchos que tuvo el CGH.
La noticia se dio una noche y muchos padres de familia de los huelguistas acudían a los planteles a celebrar la noticia con sus hijos, no existían las redes sociales, ni era extendido el uso de celulares, sin embargo la noticia corrió rápidamente, este era el primer gran cambio de la situación desde que comenzó la lucha.
Sabíamos que esta renuncia no garantizaba el fin del conflicto, ni la solución del pliego petitorio, ni acabaría con el ataque de la prensa, ni la política del PRD contra el movimiento por sus diferencias ni su desacato a la democracia interna del CGH; también sabíamos que la situación era incierta y vendrían nuevas maniobras. Intuíamos que la propia renuncia sería aprovechada a favor del gobierno, pero ese sabor a triunfo que nos dio lograr tirar al representante del PRI en la UNAM, que intentó imponer la reforma privatizadora con el alza de cuotas, fue enorme.
Moralizados para seguir luchando, esa noche fue de fiesta, una que nadie nos quitaría, más grande que la del día de muertos.
El mal sabor de la entrada de la policía federal vendría tres meses después y con ello el encarcelamiento de dos mil estudiantes, en ese momento parecía que todo había acabado sin lograr nada. Pero no, el tiempo nos dio la razón y 15 años después no existen cuotas en la UNAM, ni rector que se atreva a proponerlas, la privatización y elitización de la universidad ha llegado por otras vías: cursos, exámenes, sistemas de titulación, centenares de cobros ilegales que antes no existían y serían motivo de una gran lucha para impedirlos; para garantizar el ingreso de los más necesitados a las universidades. Una tarea pendiente de las nuevas generaciones que tienen una nueva elección de rector en puerta, antidemocrática como todas ellas. |