El pasado 17 de noviembre, tras acumular nueve pérdidas consecutivas, los precios del petróleo mexicano se colocaron en 33.36 dólares por barril, una baja de 18 centavos respecto al precio publicado por Petróleos Mexicanos (Pemex) el día anterior. Con esta cifra la cotización de los precios de la mezcla mexicana llegan a números no vistos desde el 6 de enero del 2009, cuando según la Secretaría de Economía el barril se encontraba por debajo de los 30 dólares.
En el último año el barril de petróleo presenta una baja de 36.94 dólares, equivalente a un 52.54 por ciento de su valor inicial. Tan solo en lo que va del mes ha perdido 15.2 por ciento del valor de su precio.
El valor de las importaciones de petróleo crudo en Estados Unidos marcaron en septiembre un total de 13,800 mdd, lo que significa el nivel más bajo desde mayo de 2004.
Según datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), también en el mes de septiembre, México sólo exportó 550,000 barriles de crudo al día a su vecino del norte, siendo este el menor nivel desde 1995.
El aumento de la producción de petróleo en estados Unidos presiona claramente los precios internacionales del hidrocarburo. A ello se ha agregado los anuncios de Irán sobre sus intenciones de multiplicar sus exportaciones, aumentando 500 mil barriles de petróleo para exportaciones el siguiente año; esto producto de la eliminación de las sanciones que se lo impedían por el cumplimiento del acuerdo internacional nuclear.
A pesar de que a partir del aumento de bombardeos de Francia en Siria, tras los atentados de París, los precios de petróleo aumentaron producto de la incertidumbre generada por los suministros futuros, para este martes los precios del hidrocarburo volvieron a presentar una importante baja continuando la tendencia, ya prolongada durante todo el año.
De acuerdo a la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP), entre enero y septiembre de este año los pronósticos del gobierno mexicano eran recaudar 893 mil millones de pesos por ingresos petroleros sin embargo, sólo se obtuvieron 596 mil millones, dejando un déficit de 300 mil millones.
¿Qué efectos para los trabajadores?
La caída de los precios del petróleo impacta al conjunto de la economía mexicana. El Fondo Monetario Internacional (FMI) redujo a 2.2 por ciento su previsión de incremento del Producto Interno Bruto (PIB) para este año, al mismo tiempo que para 2016 lo bajó de 2.8 a 2.5 por ciento.
México se encuentra en una compleja posición y como se ha visto es sobre las espaldas de los trabajadores y el pueblo pobre que los efectos de la economía caen. Pues es con el aumento de los precios de las mercancías básicas, y la precariedad de los trabajos en los que se ganan salarios que no alcanzan para sobrevivir, acompañado por los recortes en salud, educación y cultura, además del aumento del despojo; que las ganancias de los grandes capitalistas y los lujos de la casta política, se garantizan.
Estos golpes ya son anunciados por el Presupuesto de Egresos de la Federación para 2016 aprobado el pasado 13 de noviembre, pues los rubros que presentaron un aumento respecto al plan 2015 son el Poder legislativo, la Secretaría de desarrollo Urbano y Territorial (Sedatu), la Judicatura federal, el Poder Judicial y la Secretaría de la Defensa (Sedena), asegurando el presupuesto para los altos salarios de la casta política y el aumento de las medidas de seguridad - pensadas como claves para la aplicación de las reformas estructurales-.
La reforma energética que pone a la venta los recursos naturales y que ataca los derechos de las y los trabajadores que garantizan la producción a diario, pone a Pemex en una difícil situación que afecta sobre todo la calidad de vida de la clase trabajadora. El rechazo a la reforma energética deberá ser contundente junto a la consigna que defienda a los trabajadores petroleros.
La caída de los precios del petróleo y sus consecuencias junto a la imposición de la reforma energética que se dan durante el gobierno de Enrique Peña Nieto, son parte de una política que desde Estados Unidos busca el control sobre el mercado petrolero, es el gobierno federal y sus instituciones quienes garantizan que estos ataques se lleven a cabo.
Ante esto es fundamental la lucha por la ruptura con la subordinación y dependencia del imperialismo estadounidense -empezando por el no pago de la deuda externa- y enfrentar la ofensiva privatizadora levantando un programa que plantee la renacionalización de todas las areas entregadas al capital privado, y la puesta de todo el sector energético bajo el control de sus trabajadores, organizados democráticamente y desde las bases.
Una perspectiva como la que planteamos solo puede ser llevada adelante por un gobierno de los trabajadores, el único capaz de garantizar que tanto los recursos naturales como monetarios sean puestos a disposición de las necesidades de las grandes mayorías obreras y populares. |