La canciller alemana, Angela Merkel, fue elegida la “personaje del año” por la revista estadounidense Time, por su papel en Ucrania, en la crisis griega y de los refugiados. La “canciller de hierro” europea ha sido premiada por su labor imperialista.
"Angela Merkel, canciller de un mundo libre", tituló la revista.
"Por pedir a su país más de lo que la mayoría de los políticos osarían, por mantenerse firme ante la tiranía y el oportunismo y por proporcionar un liderazgo moral inalterable en un mundo donde escasea", fueron los argumentos de la revista para justificar la elección de Merkel como "persona del año".
Según Time, Merkel desempeñó un rol "indispensable" en la gestión de la crisis griega y "lideró" la respuesta de Occidente ante el "robo" del presidente ruso, Vladímir Putin, en Ucrania.
Merkel también se interpuso ante aquellos que desafiaron "el principio de las fronteras abiertas" en la crisis de migrantes y refugiados en Europa, de acuerdo con Time.
La revista le atribuyó a Merkel "un conjunto diferente de valores -humanidad, generosidad, tolerancia- para demostrar cómo la gran fortaleza de Alemania puede ser usada para salvar, en lugar de para destruir".
Sin embargo, no han sido estos supuestos valores de “generosidad” y la “humanidad” los que valieron este “premio” a Merkel, sino su rol al frente de un estado imperialista hegemónico en Europa.
Recordemos el video donde Angela Merkel hace llorar a una niña refugiada, diciéndole que miles de refugiados palestinos viven en campos en el Líbano, y que “no podemos decirles a todos que los vamos a recibir”.
Bajo Merkel, Alemania devino el poder imperialista más importante en Europa. Esto no es solo “mérito propio”, sino que se basó en los proyectos de sus predecesores. Su verdadero “mérito” es haber presentado esa política como si no hubiera ninguna alternativa.
En eso, Ángela Merkel se parece mucho a Margaret Thatcher, la otra jefa de gobierno “de hierro” de las últimas décadas. Si bien su “estilo político” se distingue del de Merkel, la política del “There is no alternative” las une.
La “falta de alternativas” de Merkel ahora está siendo puesta en duda por el contexto de la “crisis de los refugiados” – pero en la mayoría de los casos no por izquierda, sino por derecha. Mientras que Alternativa por Alemania, Pegida y otros se movilizan contra el gobierno, el partido Die Linke defiende a Merkel y su “cultura de la bienvenida”.
Mientras que la derecha y la extrema derecha (dentro y fuera de la coalición de gobierno alemana), cuestionan a Merkel por lo que llaman una política de “fronteras abiertas”, la canciller pegó un giro pronunciado después del verano, endureciendo las leyes de asilo para los refugiados, restringiendo sus derechos y acelerando las deportaciones.
La medida principal es la introducción de los llamados “centros de recibimiento” que tienen como objetivo reducir los trámites de deportación a un máximo de tres semanas. Si bien no estarán ubicados en la frontera ni habrá condiciones de encarcelamiento como propuso la derecha del gobierno, la “obligación de residencia” actúa como “valla invisible” que limita el movimiento de los refugiados a la comuna o ciudad de dichos centros.
La primera salida será castigada con el cese del trámite de asilo y la pérdida de servicios. Después de la segunda salida, las autoridades tendrán derecho a deportar al refugiado. Intimidación a través de la privación de derechos, esto es lo que sucede.
La crisis de los refugiados está provocando un verdadero cisma dentro de la coalición y el partido de Merkel, con sectores de derecha que cuestionan, por primera vez en toda la década, su liderazgo.
Ese giro bélico del gobierno alemán es un fuerte apoyo político a Francia y un mensaje claro al resto de los países imperialistas, como el Estado español o Gran Bretaña, que por su parte anunciaron también medidas militaristas.