Foto: Marcos García - Diario Los Andes
La primera en hacer uso de la palabra fue la nueva vicegobernadora Montero quien se refirió a los valores democráticos, republicanos y federales como principios de su gobierno de cara al próximo período. Como era de esperar hizo alusión a su carácter de primer vicegobernadora mujer planteando como desafío de este milenio que las mujeres vayan codo a codo junto a sus pares hombres, trabajando en común y accediendo a cargos de jerarquía. Toda una definición de las metas para los próximos mil años. Finalizó su alocución diciendo “al trabajo los convoco”.
El turno del gobernador Cornejo no estuvo privado de slogans y epítetos que articulan el relato legitimador de las políticas de ajuste que se implementarán.
Comenzó identificándose como un “empleado público más”, cuestión que seguramente escandalizó a más de un trabajador estatal que cobra diez veces menos de lo que cobrará el funcionario político a cargo del ejecutivo. Así se refirió la Senadora Barbeito del FIT en twiter “Cornejo se equipara al resto de los trabajadores estatales pero sus privilegios no se acercan a la realidad de miles de trabajadores”
Seguidamente a identificar a los gremios estatales como parte responsable en la creciente “conflictividad social” se refirió a que su gobierno iría en busca de “la paz social”.
Detrás del demagógico discurso contra los ñoquis hubo afirmaciones preocupantes al estilo de “Reducir gastos improductivos y garantizar el apoyo para los empleados públicos que hacen bien su trabajo”. No hay dudas que esta será la base del discurso legitimador, no para terminar con los ñoquis, sino para negarles licencias o despedir a los trabajadores que sufran enfermedades laborales o accidentes de trabajo.
En este mismo sentido el perfil ideológico que eligió Cornejo fue de un “estado presente” para ayudar y premiar el esfuerzo particular y el desarrollo individual, ideas muy criticadas por su profundo carácter neoliberal.
Parte integrante de este ensayo de relato fue desligar toda responsabilidad de las medidas antipopulares que se tomarán en el gobierno saliente del FPV de Paco Pérez con duras calificaciones: “A Mendoza los últimos años se la ha gobernado mal”; “desde hoy se termina la desidia y el despilfarro”; “resultados dolorosos evidentes y responsables concretos que deberán rendirle cuentas a la ciudadanía sobre el estado que entregan hoy el gobierno”; o “se ha gastado irresponsablemente” fueron de las más rimbombantes afirmaciones.
Sin embargo, quienes no recibieron advertencias de control sino por el contrario promesas de ayuda fueron los sectores empresariales. Si bien aclaró “no pidan subsidios, inviertan”, el anuncio de un “sistema fiscal más equitativo que estimule la inversión” y “mejora del entorno de negocios, recuperar la confianza en el sector privado” auguran nuevas ventajas impositivas para los grandes empresarios y terratenientes, lo cual ya se ha repetido infinidad de veces como un mecanismo de chantaje a cambio de inversiones que nunca llegan o son más bajas de las anunciadas.
Por último se refirió a que el nuevo gobierno nacional prestaría ayuda financiera, la prioridad en el combate al narcotráfico y la inseguridad y llamó a los sectores de la oposición a trabajar en común.
No faltó lógicamente el tinte demagógico del desarrollo de la salud, la educación, el desarrollo de las economías regionales de los pequeños productores, y la promesa de prosperidad para Mendoza. Así mismo lo había hecho el PJ hace cuatro años y ya todos conocemos cómo ha resultado.
En su primer día de mandato, el gobernador electo por Cambia Mendoza confirma su rumbo de implementar políticas de ajuste y construir un nuevo relato que permita crear consenso social para que la crisis que causaron los dueños capitalistas de la provincia y sus agentes políticos del peronismo y el radicalismo-pro sea descargada sobre los trabajadores. |