En medio de un formato más propio de los años 80, el candidato del PP Mariano Rajoy y el candidato del PSOE, Pedro Sánchez, protagonizaron ayer en los platós de AtresMedia el único cara a cara entre los dos políticos que se va a televisar durante la campaña de las elecciones del próximo 20D. Las temáticas planteadas sobre la mesa volvieron a ser las mismas que en los anteriores debates a tres y cuatro: el empleo, el paro, la corrupción, Catalunya, la guerra de Siria, etcétera.
Los discursos de ambos candidatos tenían poca alternativa que mostrarse mutuamente. Lo que más bien reinó fue un ”y tú más” en el que cada cual le sacaba las vergüenzas al otro sobre su respectiva responsabilidad en la gestión de la crisis económica que ha llevado al paro y la miseria a millones de trabajadores y jóvenes y los casos de corrupción que salpican a sus partidos.
Ambos han sido los salvadores de la banca y los aplicadores del ajuste. Por lo tanto, si Sánchez echaba en cara a Rajoy los 40.000 millones del rescate bancario, Rajoy podía responder que ese agujero lo generaron los gobiernos socialistas que pusieron alfombra roja a las fusiones bancarias y otras operaciones financieras de alto riesgo. Si el tema eran los recortes, uno podía atacar con los cuatro años de ataques a los servicios públicos, y el otro reprocharle la bajada de salarios a los funcionarios de 2010 o la congelación de las pensiones. Si uno echaba en cara los 3,5 millones de parados de la época Zapatero, el otro le venía con que 9 de cada 10 contratos firmados ahora son temporales... Lo cierto es que ambos tenían razón.
Un rifirafe de bajo nivel con el que lo único que ha quedado claro es que ni uno ni otro tenían un historial ni propuestas que ofrecer a los trabajadores y sectores populares.
Las acusaciones cruzadas sobre el paro, sobre las diferentes reformas laborales o sus políticas de empleo, no han sido más que un canto a la hipocresía por parte de los dos candidatos. Como escudo, ambos políticos tan solo han podido exponer, como es propio de estas fechas, promesas que una vez en el poder se destapan castillo de arena. Pero incluso estas promesas han quedado opacadas por una discusión estéril y en momentos con cierta estridencia que rozaba el ridículo.
El debate ha resultado ser, más allá de todo el marketing político y el tono solemne que los medios de comunicación buscan otorgarle, el pulsómetro del Régimen del 78, o cuanto menos del bipartidismo en el que se ha asentado. Los dos partidos pilares del sistema político en el Estado español han mostrado su naturaleza de partidos de los grandes capitalistas y un alto grado de torpeza cuando trataban de mostrar una falsa cara renovada.
El problema es que lo “nuevo”, que sumado a esto “viejo” formará el nuevo cuatripartidismo, tampoco mostró grandes diferencias en lo esencial durante los debates a tres y a cuatro de las semanas pasadas. Las próximas elecciones del 20D se van a configurar en torno a cuatro partidos que salvo matices, proponen caminos de regeneración cosmética del Régimen del 78. |