Este segundo intento de investidura se cerró casi igual que el primero: 131 votos a favor de Sánchez y el resto en contra. Esta vez sí se sumó la Coalición Canaria a la investidura. Ahora será el Rey quien se encargará de hablar otra vez con los diversos grupos parlamentarios para ver cómo se forma algún tipo de gobierno. Vuelta con el sainete.
Las intervenciones no han aportado absolutamente nada nuevo. Sánchez retomó su planteo de que el acuerdo con Ciudadanos es la base en la cual se apoyará su “Gobierno del cambio”. Y, que la clave pasa por una investidura que saque a Rajoy de la Moncloa. Cambiar el Gobierno para que no cambien nada las políticas actuales.
El PP, a través de Rajoy, insistió con su único tema: “debo ser el presidente porque obtuvimos más votos”. El PP dice que insistirá con la política de “gran coalición” desde esta semana, pero es una perspectiva que no parece tener ningún fututo cierto por el momento.
Por su parte, Iglesias sí que volvió a llamar la atención: pasó de la “cal viva” al “acuerdo del beso” sin escalas. Expliquémonos un poco, por si algún lector sorprendido no entiende de qué hablamos.
El día martes, Pablo Iglesias tuvo un discurso encendido, apelando al espíritu del 15M y con fuertes críticas no solo al PP sino también al PSOE. En ese marco, se refirió al expresidente socialista Felipe González como alguien que tiene su “pasado manchado de cal viva”, en alusión a la represión a los militantes vascos por los comandos paramilitares GAL. A pesar de que Iglesias terminó llamando al PSOE a formar un gobierno común, el discurso generó mucho malestar en el PSOE, y los medios anunciaron que se habían “roto todos los puentes”. Las voces críticas se escucharon desde muchos frentes, cuestionando a Iglesias por “intransigente”, “radical” y “revanchista”.
Para revertir esa situación, este viernes Iglesias optó por otro discurso pasado de rosca, pero para el otro lado: no pudo ser más “friendly”, apelando al humor y coqueteando abiertamente con el PSOE y Pedro Sánchez: “Fluye el amor y la pasión en la política española. Pedro, solo quedamos tú y yo.” De este modo intentó teatralizar la “bajada de tensión” y se prepara para intentar nuevamente el acuerdo con el PSOE en las próximas semanas. Un gesto completamente banal, lindante con el ridículo.
Rivera apeló a los pactos de la Transición planteando que la UCD y el PCE apoyaron los acuerdos y el Gobierno. Pidió la abstención al PP y a Podemos, aun sabiendo que no la iba a conseguir.
Pasó lo que se vaticinaba. Pedro Sánchez volvió a perder el debate de investidura. La lucha por el relato dominante se hizo pensando en las elecciones y en unas difíciles y complicadas negociaciones.
¿Y ahora, qué?
Así como están las negociaciones aparece como el escenario más probable un llamado a elecciones anticipadas para junio. El debate parlamentario ha mostrado la escasa disposición del PSOE a negociar con Podemos.
El acuerdo PSOE-Ciudadanos enfoca a la formación “socialista” hacia la derecha. De todas maneras, Rivera no está teniendo mucho éxito en sumar a los populares al acuerdo. La bisagra más bien chirría. El PP no votará nunca a otro Gobierno y Sánchez no se muestra dispuesto a darle la confianza a Rajoy u otro candidato.
De todas formas nada está descartado. ¿Será posible que los llamados de Rivera a la rebelión de los diputados populares puedan surtir algún efecto? ¿Se llegará a algún acuerdo “de los besos” como dijo Iglesias para formar un “gobierno del cambio” con Podemos y PSOE?
Lo único certero es que el régimen español está atravesando una crisis sin precedentes, con la posibilidad de que no se forme gobierno hasta agosto, ocho meses después de las elecciones del 20, y esto si nuevas elecciones no resultan en una nueva “aritmética imposible” como la actual. |